Buenas noches y son buenas porque estamos para celebrar el nacimiento de un libro genial. Un verdadero regalo, por el nacimiento de Dios, hecho carne, hueso y suerte como nosotros los mortales de este glorioso y tenebroso mundo en el que nos ha tocado vivir.
Uno de mis dichos es “todos y todas tenemos el derecho de hacer poesía”, porque la poesía está más cercana de lo que pensamos: en el beso de una mamá al cambiar los pañales de su guagüita, en la apertura del surco para sembrar la semilla tremenda que es capaz de alimentar nuestros sueños, debajo del cajón del lustrabotas para sacarle brillo a la suerte más adversa, en la conjunción de los cuerpos de un hombre y de una mujer, de una macho y de una hembra en celo, para divisar la plenitud de un Dios misericordioso que nos dio las glándulas precisas del placer, para redimir más tarde, nuestras múltiples culpas de amor.
Pero, del dicho al hecho hay mucho trecho. Entonces innumerables de los que escribimos versos nos quedamos lejos de la trascendencia. Nos quedamos en la coyuntura de un hecho breve, de un momento, de unas pinceladas de verso. La trascendencia no es nuestra, es de los que han nacido geniales, como Mario Vargas Llosa, William Guillén Padilla y ahora Carlos Ernesto Cabrera Miranda. Mario Vargas Llosa dice, más o menos esto, en su último artículo del domingo pasado, la genialidad se da en una persona, no hay milagros... Y es cierto, los otros aunque nos esforcemos, arañando paredes, muros, sólo haremos una poesía coyuntural, del momento, necesaria también en el existir de los pueblos, mas, son los genios literarios, en este caso, los que trascienden fronteras alcanzando el universo como nuestros laureados poetas y escritores William Guillén Padilla y Carlos Miranda Cabrera, que acaban de ganar sendos premios internacionales, permitiéndonos el orgullo para Cajamarca . A los dos, muchas gracias, por dar a Cajamarca un sitial preferente en el mundo.
Ahora quiero destacar a CARLOS ERNESTO CABRERA MIRANDA, que esta noche da a conocer al último de sus hijos literarios, como dice Miguel Garnett, es un joven escritor lleno de esa luminosidad de la que nos habla el reciente Nobel de literatura. Qué difícil es trascender, ser más en la literatura de nuestro pueblo, región, país, continente, universo. Son demasiadas escalas para ser perfectos, en este caso en poesía.
Para el Carlos Ernesto Cabrera Miranda. La trascendencia la tiene muy cerca. “Aquisito no más, como decimos en la tierra. La virtud más grande, a mi parecer, es el de la sencilla humildad en su grandeza. Acaba de recibir un premio internacional y me busca, una escribidora cualquiera de versos. Su poesía merece también la genialidad de un verdadero crítico literario.
“percibo la trenza de la abuela
despintadas en luz de cuerpo atareado
Veo sus acompasadas manos acercarse al candil
que ella enciende con el recelo de un forastero”
Su escritura es hermosa, trasluce sentimientos a las figuras literarias que desarrolla en cada poema. Cuando nos escribe sobre la tierra ya de sus entrañas, parece encender el pincel de Mario Urteaga, Sabogal, Camilo Blas, en su lucha indigenista por reivindicar la vasta sabiduría y aporte cultural de la sierra andina. Sus trazos son suaves, profundos, extrayendo de la cotidianeidad la diversidad maravillosa de lo nuestro, que no vemos, no valoramos, que dejamos que las estadísticas mencionen como índices de pobreza. Carlos Cabrera saca la belleza de esa cotidiana “pobreza”
“Aletea la luna, ave blanca de la noche.
La sierra apacigua sus penas iracundas
En los surcos azules brotan espigas de luceros
Duerme el hombre, duerme el padre y el hijo
El espíritu nunca duerme.
Detenidos los caminos en las tinieblas
Aguardan entre pircas su momento”
Todo un canto revolucionario que desdibuja la pasividad de nosotros los peruanos, por aguantar tanta vejación en el ejercicio de nuestros derechos más elementales. Y, si el pueblo lo grita a punto de ser reprimido. Carlos Cabrera lo canta insistiendo en la rebelión de los sueños.
Con qué sensibilidad canta a su tierra, a esa Patria chica que corre en la sangre de sus padres, igual que en las venas de los cerros. Su poesía se ofrece serena, calma, rotunda. Conozco muy poco de Matara e infinidad de lugares de nuestra región, su poesía nos despierta la sensibilidad para conocer, amar cada lugar y en cada uno las peculiaridades tan simples, en apariencia, de sus gentes, sus cosas, sus resquicios, sus no sé qués y sus no sé cuándos. Ellas hablan nos dice:
“Creciendo los maíces… en un hablar
Ardiendo la candela… en un hablar
Los pájaros en los quinuales… en un hablar
El río y las piedras… en un hablar
La piel femenina de todas las flores
Las pencas de los caminos… en un hablar
El aroma del café caliente y la lluvia y la tierra mojada”
Y luego versa sus percepciones como ser único dentro de toda esta maravilla que describe con maestría y emoción profunda. No soy especialista en la materia de la crítica literaria, estoy apreciando por intuición y razonamiento común. Me atrevo a decir que la poesía de Carlos Cabrera desarrolla una filosofía, recuperando el habla matarina, dinamizando el pensamiento, los afectos, invitándonos a la acción, sin conminarnos, sin apedrearnos, motivándonos sencilla y hondamente a repensar nuestra realidad, a partir de descubrirla maravillosamente diversa, difícil, pero generosa en las oportunidades que nos presenta, como él lo hace:
Describo mi ser. El tiempo tácito y sus figuraciones
Mis ojos y sus antiguos signos
Mis manos y sus envejecidos pasos
Mi fe con sus decadentes sospechas
Mi amor y su autóctono vislumbre
Nos deja por herencia una infinitud de cosas buenas que finamente trabaja en ese documento póstumo presente, que no es otra cosa que, el trabajo de alfarero que debiéramos hacer, recuperando lo que nos es dado por la vida y que tantas, tantas veces no sabemos apreciar en su verdadera dimensión, ambicionando ese mundo de la modernidad y de las cosas deslumbrantes, que duran poco. El nos permite reflexionar a través de este magnífico testamento las cosas de los “pobrecitos” que valen tanto, por nuestra miopía consabida no sabemos valorar como lo sabe hacer Ernesto:
Dejo mis ojos que aprendieron a escarbar silencios
Dejo, vivos aún los cerros y los montes de mi pueblo
Dejo palpitando historia cada piedra de mi camino
Dejo los p tapiales que quisieron ser hombres
Dejo la sal de mi frente en agua
Dejo alguna deuda con la naturaleza
Dejo mi luz masculina ondeando en un árbol
La vereda en la vigilia
El poyo ataviado de polvo en su quietud antigua
El patio empedrado con mis pasos
Dejo todo ¡Me voy, ya me estoy yendo….!
Finalmente, en la segunda parte de este libro es hermoso su canto a Matara, a ese terruño pequeñito que le supo incentivar ese talento que ahora nos toca saborear. Testimonio de lo que dice y habla. Acompañando a Don Ramiro Bardales en una exitosa gestión que hoy los lleva a gobernar un pueblo capital de región. Queremos verlo siempre, como hoy, sencillamente grande, ojalá tenga el tiempo suficiente, necesario para combinar escritos con tareas de gobierno; que la cultura tenga en Carlos Ernesto una ventana, siempre abierta para que entren las retamas, los capulíes y podamos saborear unos alfajores del más puro y verdadero trigo, para recuperar el título de Cajamarca la Grande, devolviéndonos esa mañana de esperanza:
¿De dónde viene hermano cabalgando la esperanza?
Mirando la tarde fuiste, quien sabe sin esperanza, y ahora,
Traes atado a la espalda una gavilla de espigas doradas…
Carlos Ernesto Cabrera Miranda, nos ofrece un libro infaltable en nuestras lecturas para ser mejores y sensibilizarnos en la ternura y firmeza de este vate matarino, por herencia de sus padres, que sigue dando glorias a Cajamarca y al Perú. Su poesía, sus escritos trascienden ya al mundo entero.
Cajamarca, 22 de Diciembre del 2010.
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*Socorro Barrantes Zurita. Profesora, poetisa y escritora peruana, nació en Cajamarca, sus estudios de educación primaria y secundaria los realizó en el Colegio Particular "Nuestra Señora de Fátima" de Cajamarca y los superiores en la Escuela Normal "Santa Teresita", trabajó como Profesora rural en Huacapampa comprensión de la provincia de Celendín y en Ventanillas de Otuzco de la jurisdicción de Cajamarca, es miembro activo de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca (APECAJ), la “Asociación de Escritoras Norteñas”, SERCOFE, colabora con la Mesa Redonda Panamericana de Cajamarca, en la sección “Cantares de Mujer” de esta Web y en el diario “Panorama Cajamarquino”, laboró por muchos años conduciendo los destinos de la Asociación Mujer Familia luchando indesmayablemente por la defensa de los derechos de las mujeres. Iniciadora y promotora del: “Encuentro de Cartas y Poemas de Amor” y gestora indesmayable de la "Casa de la Memoria Cultural de Cajamarca" (CMCC).
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