Dos poetas de la Tierra

 

Presentación  Comentarios literarios

 

por Omar Aramayo

Qué de común pueden tener Alfredo Villegas Oromí y Beethoven Medina, si no es la palabra alada, la palabra que tramonta cumbres y se eleva sobre la pampa, la palabra que viaja del Pacífico al Atlántico, y a la reversa. O que de ambos mares emerge como una migración de aves, para intercambiar los paisajes que llevan en los ojos, las preguntas que han crecido como bosques misteriosos por falta de intercambio, el hálito del canto que anima al mundo.

Eso es lo que tienen de común, pero además el profundo amor a la Tierra, al planeta que se cae a pedazos, por culpa y solo por la bendita culpa de algunos hombres que deberían, con propiedad, llamarse parásitos; porque estamos en la undécima, en que las especies nos miran con unos ojos que dicen, después de haber tragado plástico sin piedad, mira lo que nos han hecho. Esa es la voz universal que los hace hermanos, ese sentimiento que los hace más poetas que nunca, más poetas que siempre. Porque el poeta es la voz de la Tierra, es el espíritu que habla por ella, y cuando deja de serlo no es nada. Y ellos son la voz.

Beethoven Medina y Alfredo Villegas Oromí, poetas de aguzado oído, buscan las raíces de la cultura como el peregrino sediento, que con su escudilla se afana por encontrar la fuente de la verdad. El latido de la sangre, el curso del río, la amarga causa de su desgracia histórica, se elevan y derraman en cada verso. Dos historias que son una sola, los mochicas de la costa sedienta del norte del Perú, navegantes eximios y alfareros como pocos en el mundo, y los Tehuelches, Mapuches, Guaraníes, domesticadores de grandes distancias, gobernantes de una realidad desmesurada, ambos pueblos depredados hasta el exterminio por la barbarie de occidente, y cuyas evidencias nos hieren hasta hoy, y más que nunca hoy, un tiempo de síntesis. Y es en la poesía de ambos, el rioplatense y el mochica, que se ve la herida abierta. Es por el ojo de esa herida que lloramos, cuando pensamos en la humanidad devastada de los pueblos originarios.

El espíritu de lo nuevo no solo se encarna en las nuevas tecnológicas, en las nuevas máquinas, ni en la lencería de las damas, ante todo se encuentra en la palabra de los poetas, que es la que anima al mundo desde que se llama mundo, esfera, red, sistema, cosa con ombligo o con muchos ombligos. El viento que ambos invocan, sílaba a sílaba, lleva sus palabras, que viniendo de las distancia del tiempo, son nuevas, renacidas, renovadas por el drama de la propia existencia, de su continuum, de su designio superior, que es el existir que debe renovarse, que debe ser siempre nuevo.

Los límpidos versos de Villegas Oromí y Medina, se confrontan, se miran entre sí, cada uno se proyecta por su camino, cada uno con su versión del mundo. Dos poetas viajeros, que van con la red de sus versos al hombro, y al hombre, han decidido diseñar esta ruta de antiguo abandonada, de antiguo elaborada y abandonada, de los Andes a Río de la Plata, para que por ella viajen los nuevos, los muchachos y muchachas con sus mochilas al hombro, esos que crecen sobre sus sombras y sus pasos, con la fe y la glándula pineal en el horizonte. Dos poetas que han abierto un Qapaq Ñan  del espíritu.

La amistad literaria de Beethoven Medina y Alfredo Villegas Oromí, sin duda, recuerda a la de Boscán y Garcilaso, que aclimataron al soneto en lengua española y prepararon el siglo de oro español; a Miguel Hernández y Federico García Lorca, abatidos por una guerra tan irracional como son todas las guerras, que se ensañó como se ensañan los fascistas con aquello que no está al alcance de su entendimiento: la poesía, la belleza; a Rimbaud y Verlaine, que abrieron los ojos a un nuevo sentido de la belleza para el siglo XX; a Javier Heraud y César Calvo, tan jóvenes, tan bellos, e inspirados, que fundaron una amistad de transparencia singular. Serían muchos los ejemplos, pero el que podemos ver en este libro nos hace plenos al corazón de esperanzas.

 Cajamarca, 10 de diciembre de 2019.

Inicio


Presentación  Comentarios literarios