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LA POESÍA TRASCENDENTE
DE BETHOVEN MEDINA

Saniel E. Lozano Alvarado

sanielozanoal@gmail.com

 

Nos encontramos con Bethoven Medina Sánchez a comienzos de la década del 80, convocados por la sensibilidad y el fuego afectivo e iluminador de la literatura:  yo, como profesor del Departamento de Idiomas y Literatura de la Universidad Nacional de Cajamarca; Bethoven, aunque dominado por la vocación del estudio de la agronomía, pulsaba sus inquietudes, su corazón y su inspiración en torno a respetables personalidades que otorgaban altura, profundidad y prestancia a la docencia universitaria, como Zoilo León Ordóñez, magistral admirador y reivindicador de la literatura española; el poeta Manuel Ibáñez Rosazza;  el investigador y crítico Luzmán Salas, el más profundo y versado investigador de la literatura cajamarquina; el tecnólogo de la educación, César Paredes Canto, que ni soñaba con ser Vicepresidente de nuestra patria en tiempos de Alberto Fujimori.

Específicamente, me parecía raro que un explorador de campos, surcos, semillas y parvas, compenetrado con el estudio científico del mundo agrario, frecuentara las múltiples, fecundas e iluminadoras tareas de una dependencia académica, lingüística y literaria; casi un ex adolescente, que plasmaba sus inquietudes culturales en la fundación del Grupo Literario “Río”, donde alternó con Esteban Quiroz y Rogelio Chávez, entre otros meritorios y jóvenes intelectuales cajamarquinos.

LOS COMIENZOS

En ese ambiente, no demoramos en mostrarnos abiertos, anhelantes y fecundos bajo la sensibilidad e inspiración creadoras, cuyos primeros frutos se habían plasmado en la antología del Grupo “Nuevo amanecer” de Trujillo; en su fraterna antología sobre nuevos poetas en la Universidad Nacional “San Cristóbal de Huamanga”; en las propias y frescas páginas del suplemento literario de “Satélite” que animaba aquí, en Trujilo, el maestro del lenguaje Eduardo Quirós Sánchez. Mi amistad con Bethoven se construía sobre sólidas bases y cimientos.

Por esos años de formación académica, Bethoven profundizaba el surco de su sensibilidad y vocación agraria; pero también sembraba, cultivaba y cosechaba frutos literarios con gestos que fueron despertando mi espontánea adhesión, entusiasmo, reconocimiento y valoración. Entonces, de las inquietudes sueltas y de sus primeros brotes antológicos pasó a construir y publicar los primeros libros de una poesía desconocida, nueva, sorprendente y desconcertante, casi sin antecedentes en el español peruano; además, le acompañaban gestos inusuales y trascendentes que brotaban generosos y espontáneos, animados por una fresca y espontánea amistad y personalidad creadora de rico contenido, como cuando, sorpresivamente, un buen día me dijo: “Le tengo una sorpresa” y me alcanzó una muestra poética de “Trinidad de luz” de mi paisano Claudio Saya, seudónimo de Claudio Edmundo Espejo Lizárraga, también cofundador del Grupo Literario “Trilce” junto a otro paisano admirable mío: Juan Paredes Carbonell. Yo, realmente, no conocía la trayectoria literaria de mi paisano quien, desde que salió de mi tierra nunca más ha regresado, pero que él siempre lleva en el recuerdo de su fecunda producción poética, hasta que, el lingüista Ibico Rojas me trajo de Lima un desconcertante encargo poético de inusual cantidad: 50 poemarios publicados con tal fecundidad y sensibilidad, que deben catalogarlo, según creo, como el más fecundo poeta peruano contemporáneo, y cuyo poemario auroral, el citado “Trinidad de luz”, prologó el mismo maestro Antenor Orrego.

UN LENGUAJE POÉTICO NUEVO

Entonces Bethoven seguía produciendo y publicando su original y sorprendente poesía con un estilo sin precedentes ni comparaciones en el Perú contemporáneo; y yo, ganado ya por una orientación buceadora y exploradora, seguía explorando, analizando, comentando, valorando tan original y sorprendente poesía.

Lo que entonces me llamaba la atención y admiración de la poesía de Bethoven era la ruptura de la sintaxis lineal o convencional, su opción por el verso multidireccional, con frecuencia junto a su tendencia por la exploración esotérica.

En realidad, no encontraba ni he encontrado antecedentes creadoras ni estilísticas en la poesía peruana, aunque importantes críticos, como Alberto Escobar, afirman que la poesía no es para percibir o mostrar la vida en su orden lineal y temporal; tampoco, bajo el predominio de la razón y el pensamiento, sino bajo el peso de la intuición, la trascendencia y la exploración más allá del mundo convencional.

Por otro lado, específicamente no eran ni son pocos los lectores que me comentaban y comentan similares inquietudes y que ellas se estrellan en un encuentro de distinto origen, plasmación y dirección: el lenguaje poético no tiene por qué ser lógico, racional, secuencial; la poesía es impacto y emoción; tampoco es solo expresión de los pensamientos, como en la orientación romántica; o retrato del mundo, como en los realistas y naturalistas.

ANTECEDENTES

Pensando en estas reflexiones, el más lejano antecedente, que no lo digo en el libro que ahora presentamos, sino ahora, está en la poesía pura de la literatura española del S. XVI de Luis de Góngora y Argote, apodado el “príncipe de las tinieblas”, aunque en otras ocasiones escribía de manera tan transparente y clara, que también se le llamó el “príncipe de la luz”. Un ejemplo de poesía hermética viene a propósito:

Si Amor entre las plumas de su nido
prendió mi libertad, ¿qué hará ahora,
que en tus ojos, dulcísima señora,
armado vuela, ya que ver vestido?

Propugnaba el máximo representante del culteranismo que la poesía no es para entenderla, sino sentirla, pensarla, emocionarse; y como Bethoven seguía escribiendo, y yo leyendo, analizando y publicando un entrañable ejercicio crítico, de pronto, sin habernos propuesto ni planificado previa o intencionalmente, ha nacido este nuevo libro, que según, creo, no tiene antecedentes al menos en nuestro medio, lo cual nos hace ver también la orfandad de estudios críticos más allá de los comentarios ocasionales o emocionados; y en la época actual, de alejamiento del libro y la lectura, es más improbable encontrarnos con estudios teóricos y críticos de veras esclarecedores.

LOS POEMARIOS

De esta manera, el presente volumen contiene el análisis de toda la obra creadora de Bethoven Medina Sánchez, el poeta contemporáneo más intenso y creador de su generación, no solo en Trujillo y en La Libertad, sino en todo el Perú, cuya creación se ha plasmado en los volúmenes: “Necesario silencio para que las hojas conversen”, “Quebradas las alas”, “Volumen de vida”, “El arriero y la montaña bajo el alba”, “Ulises y Taikanamo en altamar”, “Éxodo a las siete estaciones”, “Éter / Etersí” y “Cerrito del amanecer”, además de la sólida, completa y formidable antología sobre la poesía regional de La Libertad “Edición extraordinaria”.

Por lo expuesto, hay que felicitarnos entonces, que Bethoven enriquezca de manera singular y sobresaliente  la tradición poética de la región liberteña, de la cual creo que es su máxima figura contemporánea y que, a nivel nacional, si bien también hay meritorios y sobresalientes creadores, como Efraín Miranda en el Cuzco, ninguno creo tiene la altura,  profundidad y vastedad del empleo de la original y sólida creación lingüística, la dimensión esotérica, la plasmación artística, la compenetración con la identidad nacional, la integración de las visiones nacionales e internacionales, las proyecciones al universo cósmico, trascendente.

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