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LA NARRATIVA NEORREALISTA ANDINA
DE DANIEL SANTOS GIL

Saniel E. Lozano Alvarado

sanielozanoal@gmail.com

 

El título es poético, pero el contenido corresponde a la narración, no conforme a la visión tradicional, sino a lo que podríamos calificar de neorrealismo andino contemporáneo. El volumen que comentamos es “Umbral de errantes”, cuyo prologuista, el importante escritor William Guillén Padilla, desliza estas apreciaciones:

“Con este libro Daniel Gil ratifica que la narrativa y otros géneros literarios, tiene su fundamento y base en la poesía. Destaca nuestro autor como poeta y, no debe sorprendernos, su narrativa muestra a un escritor que logra captar la esencia de su pueblo –lugares retomados, personajes únicos, sucesos irrepetibles- y, con gran acierto, otorga esencia literaria y puntos de vista muy personales que, en el proceso narrativo, se socializan con acierto. Umbral de errantes es un claro ejemplo de cómo deben ser abordadas las historias aparentemente cotidianas, para transformarse, gracias a la destreza de quien las escribe, en un mundo altamente literario: nuevo, fresco y, fundamentalmente, mágico.  La literatura aquí se ratifica como instancias y estandarte de belleza.

EL AUTOR

Natural de Celendín, el importante escritor contemporáneo, estudió Primaria y Secundaria en su ciudad natal; prosiguió los estudios de Agronomía en la Universidad Nacional de Cajamarca, pero abandonó para estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Trujillo, donde obtuvo el título de abogado en 1994; entonces regresó a la ciudad de Cajamarca, donde radica y ejerce su profesión en forma libre, pero siempre atrapado por la creación literaria.

Durante su estadía en Trujillo participó del quehacer creativo, publicó en revistas y plaquetas, en cuyo conjunto destaca el poemario “Hojas”. En Cajamarca publicó los poemarios “Camino de a pie” y “Como la rama oculta del arcoíris”.

No hace mucho, con ocasión de la reciente Feria del Libro de Cajamarca, un evento modelo de organización a cargo del propio Instituto Nacional de Cultura, por tanto, libre de los intereses particulares de libreros y editores, como es  frecuente en Trujillo, tuve ocasión de conocerlo con su amplio dominio de nuestro libro sobre la poesía de Bethoven Medina Sánchez. Entonces me impresionó su lectura exhaustiva y esclarecedora, así como el orden y análisis de su presentación.

CONTENIDO Y CARÁCTER DEL LIBRO  

“Umbral de errantes” distribuye su contenido en cuatro partes de diferente extensión: “Sabiduría de arrieros”, “Umbral de errantes”, “Ríos interiores” y “Libertad remota”.

En realidad, la narrativa andina  –no necesariamente la narrativa andina general- hunde sus raíces en el cuento y la novela indigenistas, cuyas figuras emblemáticas son, entre otros importantes escritores: Enrique López Albújar, Ciro Alegría, José María Arguedas; también podemos considerar la narrativa de Manuel Scorza; más cercanamente al autor, ubicamos a sus paisanos Julio Garrido Malaver y, un poco, Jorge Díaz Herrera, para citar un puñado de nombres emblemáticos, pues hay otros valiosos narradores del universo andino.

El libro de Daniel Santos Gil Jáuregui, tiene en común con ellos la localización; pero la naturaleza, concepción y estructura de sus cuentos son diferentes; no está presente, por ejemplo, la revelación del mundo andino, la denuncia del abuso y la explotación, el tono reivindicativo, la consigna ideológica.  Ahora se trata de un andinismo contemporáneo, que no denuncia explotaciones o injusticias, sino que muestra a los personajes en su vida cotidiana, contemporánea, o próxima a la modernidad, que también se ha desplazado y absorbido con nuevos caracteres y manifestaciones. Ya no aparece entonces la denuncia o la reivindicación de la sociedad andina, sino la revelación de los hechos y situaciones cotidianas, pues la modernidad y la globalización se han extendido por todos los pueblos y regiones, especialmente la costa  y la selva, y, claro, también ha barnizado pueblos y ciudades andinas.

ALGUNOS RELATOS

En “El sueño de los tréboles”, el objetivo de un campesino es, por ejemplo, encontrar el raro, original y anhelado árbol de cuatro hojas. La búsqueda es afanosa y porfiada, pero no llega a lograrse el objetivo que podría cambiar la suerte de su vida.

“La casa derruida” recrea la imagen de una casa que después de su acogedora función, queda derruida y abandonada, donde había vivido un maestro experto en las malas artes, pero que, por la magia del alumbre, por el juego de cartas y el sabor de las hojas de coca, podía ubicar el paradero de las reses perdidas, hasta que cuando murió en un rato de una intensa lluvia desapareció su cuerpo.

“Una laguna en la cima de la montaña” trastoca la ubicación tradicional de esos accidentes y cuyas aguas no discurrían a la vista de todos, sino que se hundía en las entrañas de la tierra, hasta brotar en los manantiales al otro lado de la montaña, para incorporar sus aguas en un río tributario del Marañón, uno de los más caudalosos de la geografía peruana.

“Los sombrereros” alude a la magia de la elaboración del oficio entre los originales y finos artistas de Celendín.

“Literatura y Derecho” se revela como un relato confesional y testimonial. Así lo evidencia incluso el párrafo introductorio: “No fue sino cuando empecé los estudios de derecho que fui descubriendo su interrelación con la literatura”.  

UMBRAL DE ERRANTES

De pronto, la narrativa de Daniel Santos da otro giro y se centra en el universo andino del pueblo, Celendín, por supuesto. Entonces, en vez de los relatos convencionales, presenta cuadros, estampas y escenas de la vida cotidiana, como la llegada de la radio y la televisión, la proliferación de los apodos, experiencias y recuerdos del primer día de clases, la imagen del retorno de los migrantes al pueblo, casi como un peregrinaje anual, con ocasión de la fiesta patronal.

Puede afirmarse que esta sección es la menos narrativa, porque el texto se compone más bien de cuadros, escenas y estampas citadinas andinas.

LAS OTRAS SECCIONES

Aquí, el autor trasciende el tema dominante de la primera parte; y prácticamente ya no se trata de narraciones, sino de ensayos y testimonios personales, así como de sus reflexiones sobre la relación entre el Derecho y la literatura, o sobre el ejercicio de la defensa jurídica, siempre matizada con elementos confesionales y testimoniales.

Puede afirmarse que estas últimas secciones, incluida la final, “Libertad remota”, marcan una distancia muy evidente en relación con la primera parte.

En fin, un meritorio libro que, sin embargo, desborda y trasciende la temática inicial; pero que, a cambio de ello, revela la vocación y creación literaria del escritor y ensayista Daniel Santos Gil Jáuregui.

Cajamarca, 11 de octubre 2026.

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