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“TÚ ERES PERUANO, MUERE POR EL PERU”

HISTORIA DEL PADRE DEL INGENIERO CARLOS SHIMOMURA URA

Fransiles Gallardo.

Se reencontraron después de 36 años, en 1978 cuando su padre Chuhei Shimomura bajaba del avión, que lo traía de regreso del Japón, en el antiguo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez.

Chuhei, padre del ingeniero Carlos Shimomura Ura, fue deportado el 4 de abril de 1942 durante la Segunda Guerra Mundial, por el único delito de tener la nacionalidad japonesa.

La guerra destruyó el hogar y la familia de los Shimomura Ura.

Chuhei estaba en una lista de inmigrantes japoneses que sacarían del país, para recluirlos en el campo de concentración de Kenedy, en Texas, Estados Unidos.

Carlos tenía 1 año de nacido y su hermana Flor, tan solo 3 años de vida.

Y sin más, lo subieron a un barco y lo expatriaron del país, que lo había acogido años antes.

El 10 de abril de 1943, un día después de que su hermana Flor Shimomura Ura cumpliera 4 años de nacida, recibieron la primera carta, en la cual su padre Chuhei, le contaba sus tristezas y peripecias a su madre la nisei Victoria Ura:

- “ayer he pasado todo el día con sus retratos bien apretados en mi pecho, conversando, acordándome de nuestras dulces vidas pasadas…no podía ni suspirar. El llanto mojaba la almohada. Si yo hubiera estado a su lado, que feliz habríamos pasado los días”.

Chuhei Shimomura nació en la prefectura de Nagano el año de 1910 y arribó al Perú en 1930 con tan solo 20 años. En Lima trabajó vendiendo loza importada de Japón y por su labor viajó por varias ciudades del país.

Victoria Ura, una hermosa nisei de padre japonés y madre peruana y trabajaba en una casa de modas. Se conocieron en el centro de Lima en 1936 y después de un corto noviazgo se casaron y tuvieron a Flor y Carlos.

Chehei en altamar, pensó siempre en el pronto retorno al país. El 6 de mayo de 1943 escribió:

- “Ruego a Dios que dentro de pocos meses pueda abrazarte…Tus cartas en gran parte a hacer menos penosa la separación de los seres que adoro. Afectísimos besos y abrazos para mis queridos bebés y mi amantísima esposa”.

Carlos Shimomura Ura es Ingeniero Pesquero, estudiante del Colegio Guadalupe y de la facultad de Pesquería y Oceanografía de la Universidad Villarreal; fue elegido el Decano más joven del Colegio de Ingenieros del Perú a los 41 años y es actualmente Gran Maestro de la Gran Logia del Callao.

Emocionado recordamos su feliz infancia en los tradicionales Barrios Altos de Lima y con gratitud me muestra un hermoso anillo de oro que luce en el dedo medio de su mano derecha. “Lo compraron mis padres Chuhei y Victoria, el 14 de agosto de 1936 en la tienda Hamada en Lima, con un mensaje de mi padre”, me comenta al borde de las lágrimas:

- “Carlos, ponte siempre el anillo, mi espíritu y mi alma siempre estarán contigo”.

El 21 de setiembre de 1943, Chuhei desde el barco que lo llevaba a la India, donde sería canjeado por un prisionero estadounidense, escribió:

- “Yo siempre solo estoy, en un rincón mirando con envidia la alegría de ellos, estoy bien triste acordándome de ti y los bebés; porque para mí no hay más que tú y los bebés que puedan consolar mi tristeza”.

En la travesía mirando el horizonte y el mar, en la cubierta del barco, escribió:

- “Llamando desesperado tu nombre y de los bebés, en espíritu buscando sus presencias, y acodándome de nuestra vida pasada. Victoria, aunque estemos lejos, separados, nuestros espíritus siempre están juntos, y roguemos a Dios que venga pronto nuestra reunión. Siempre con fe espera mi regreso…Recibe mi profundo cariño de mil besos y fuerte abrazo. Tu amantísimo esposo.”

El 13 de octubre de 1943, cerca de llegar a la India, escribió que sería su última carta, porque la embarcación que lo llevaría a Japón lo tenía prohibido toda comunicación.

- “Yo cuando llegue a Japón haré la solicitud a nuestro gobierno para traerte a ti y los bebés para vivir en Japón…nuestros espíritus siempre están juntos, bien encadenados hasta nuestra muerte”.

En la misma carta escribía:

- “La guerra no durará mucho, pronto vendrá la paz”. Se equivocó. La guerra se prolongó dos años más.

Al llegar a Japón acudió al llamado de su patria y se alistó para ir al campo de batalla en Filipinas.

El ingeniero Carlos Shimomura Ura, “nisei, nikei, pero bien peruano”, recordando a su padre Chuhei, nos dice:

- Como todo japonés era nacionalista, más pudo su sentimiento a la patria que su inmenso amor a la familia… los héroes dejan viudas y huérfanos, felizmente papá no murió”.

La familia Shimomura no volvió a saber de Chuhei hasta 1977 por un amigo común, Carlos Takahashi, presidente de la empresa Inca Fishing de Perú. Fue el nexo entre las dos familias.

- Que chico es el mundo; mi padre estaba vivo al otro lado del mundo.

El ingeniero Carlos Shimomura Ura, mantiene en la nebulosa de su memoria los instantes cuando con mamá Victoria y su pequeña hermana Flor, fueron hasta el puerto del Callao para despedirlo y una borrosa imagen de un barco empequeñeciéndose en el mar, hasta ser perderse en el horizonte.

Pasaron 36 años, es decir, 432 meses de no haberse mirado personalmente.

Ese día, después de 13 140 días de ausencia estaban de nuevo los tres; en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, esperando emocionados el regreso del esposo y el padre distante; el anciano y próspero empresario japonés que retornaba al país.

- Lo abracé, lloré a mares, el también lloró; no hubo palabras, solo llantos”, me comenta Carlos.

Carlos Shimomura Ura, era ya un alto funcionario del Ministerio de Pesquería y estaba muy ligado al Colegio de Ingenieros y a la Masonería en el Perú.

De retorno a casa; Chuhei entró, saludó, se sentó y de pronto empezó a llorar. Ver a su esposa Victoria lo sobrepasó, lloró, gimió, gritó”.

- Un llanto samurai- acota Carlos.

Dueño de una empresa dedicada al transporte marítimo en Yokohama, Japón; su padre Chuhei siempre guardó gratitud el Perú.

En 1979 retornó nuevamente a Perú y donó medio millón de yenes a la comisión encargada de las celebraciones por el 80 aniversario de la Inmigración Japonesa al Perú. Envió también ambulancias, instrumentos musicales, material didáctico para los colegios de Lima.

Chuhei por su edad y su deteriorada salud, no retornó al país: Carlos veía a su padre en Japón; en los viajes por los importantes cargos que desempeñaba en la empresa pública y privada del país.

La última vez que se abrazaron fue en 1994, meses antes que su padre Chuhei falleciera. Tenía 84 años.

Con la emoción brillando en sus ojos, mirando su sortija, recuerda lo que su padre le dijera antes de ser deportado del país:

- “Hijo, tú eres peruano y yo soy japonés. Muere por el Perú como yo muero por Japón”.

Cajamarca, 05 de octubre 2026.

 

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