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MI AMIGO FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS

Roberto Rosario Vidal

“Un viejo bagre, de barbas muy largas, decía con su voz ronca en el penumbroso remanso del riachuelo: «Yo conozco el mar. Cuando joven he viajado a él, y he vuelto»…

Tanto oírlo, nos acercábamos los jóvenes para escucharlo, para conversar con ese viejo bonachón y sabio que había publicado el año 1965 El bagrecico, el cuarto y último cuento que conforma el libro El colibrí con cola de pavo real: Nos acercábamos a él como diciendo: «Maestro, yo también quiero ser escritor».

Viene a mi memoria la imagen sonriente de Francisco Izquierdo Ríos, autor de los cuentos El bagrecico, Ladislao el Flautista, Zenón el pescador, entre otros que a través de los tiempos ha deleitado a millones de lectores de nuestro continente y de países muy lejanos e idiomas diversos. Conocí a Francisco Izquierdo a inicios de la década del setenta, viejo bagre recorrido, quien luego de trajinar por las escuelas más humildes y lejanas del país, había recalado en la ciudad de las mil vueltas (mismo río de selva, torrentoso, turbio y misterioso). El laboraba entonces en el Instituto Nacional de Cultura ubicado en el Jirón Ancash 390, frente a la iglesia de San Francisco. Pancho Izquierdo, como lo llamábamos afectuosamente, siempre tenía la puerta de su oficina abierta, principalmente a los jóvenes, que lo visitábamos con nuestras primeras publicaciones, en busca de afirmación o consejo, seguros de encontrar respuesta sincera. No satisfechos con las horas que se podía departir en tan solemne mansión, solíamos reunirnos en el local de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (ANEA), en la cuadra cuatro del jirón Puno, cerca de la librería de don Juan Mejía Baca. Este viejo bonachón, con cara de bagre sonriente, me refiero a Francisco Izquierdo, había recorrido peligrosos caminos, salvando duras pruebas, riesgos, pesares, injusticia, prisión por razón de sus ideas y todos los sinsabores con los que la vida, nos recuerda que sólo somos transeúntes. Pero su alma indomable jamás se doblegó.

Como el bagre de su cuento más difundido, Francisco Izquierdo nació en Saposoa - San Martín, el 29 de agosto de 1910 (El 21 de junio dice Danilo Sánchez Lihón, refiriendo haber recibido copia de la partida de nacimiento remitida por Pedro Vargas Rojas). Saposoa es un pueblito olvidado, apenas un punto en el mapa, rodeado de exuberante vegetación, fauna salvaje y en la época de su infancia, con grandes extensiones de tierra virgen, que invitaba a explorar. Cursó los primeros grados de su formación básica en su tierra natal abriendo los ojos a la naturaleza maravillosamente salvaje, misteriosa, incitadora a descubrir, preguntar, y en algún momento a indagar ¿cómo es el mundo más allá de esta maraña de vegetación con vocación de alverjita mágica, que, si uno se descuida, está flotando entre las nubes en la copa de un huambo, una palmera o tal vez enredado en un matapalo. Como todo provinciano, las locas ilusiones lo sacaron de su mágico universo y llegó a Lima a estudiar educación en el Instituto Pedagógico Nacional. Se graduó el año 1930 y comenzó su peregrinar de aldea en aldehuela, salvado por su curiosidad innata y su vocación de artista, de intérprete del pueblo. Quien mejor que él podría hablar del hombre de la selva, quien mejor que él, para describir la realidad del Perú andino, de su gente sencilla, sincera capaz de compartir lo que no tiene. Allí están sus cuentos, sus novelas que fluyen frescos como agua de manantial, identificando en su mundo al hombre que no interesa a nadie más que a los de su clase.

Profesional inquieto, fue defensor de las causas justas y en un país doblegado por las tiranías militares y el desgobierno de los políticos, casta indecente, optó por militar opciones que propugnaban justicia e igualdad. El escritor Danilo Sánchez dice que FIR fue apresado el año 1932 por razón de su militancia socialista y enviado a la colonia penal del Sepa, el centro de reclusión de extrema seguridad ubicada en medio de la selva, a donde los reos no tenían ninguna opción de visita, menos de fuga. Al poco tiempo de su liberación el año 1934 contrae matrimonio con la señora Olga López, con quien tiene dos hijos: Francisco, pintor y Vladimiro, médico.

Reingresa al magisterio y viaja por diversos poblados de la sierra y selva, impedido de retornar a las ciudades, período en el que vive el Perú olvidado, sumergido en la miseria y la ignorancia, sin carreteras, medios de comunicación, locales escolares adecuados, postas médicas, profesionales de la salud. Lugares donde el maestro era todo: médico, curandero, partero, amanuense, juez y todo por el mismo sueldo. Pero tampoco podemos dejar de mencionar que el maestro era realmente maestro. Con su escasa economía tenía que vestir adecuadamente y prepararse para compartir con sus alumnos sus conocimientos. Y Francisco Izquierdo Ríos era además de un maestro a plenitud un artista sensible, perceptivo. Al voltear la media centuria del siglo pasado comienza a publicar sus primeras obras: Cuentos del tío Doroteo (1950), Papagayo, el amigo de los niños (1952), El árbol blanco (1962, por el que obtuvo el Premio Nacional de Fomento a la Cultura “Ricardo Palma” en 1963) y El colibrí con cola de pavo real (1965), libro en el que publica el famoso El bagrecico.

El año 1965, el cuento Gavincho es premiado y publicado por la editorial Doncel, de España. Luego publica novelas para niños: Gregorillo (1957) y En la tierra de los árboles (1979).

Es autor de Mi aldea: pequeñas prosas (1963) y del ensayo: La literatura infantil en el Perú (1969), libro en el que su posición sobre el verdadero rol de la literatura infantil, vigente hasta la fecha, es que la literatura es en primer lugar arte. Su objeto no es didáctico, sino que busca la satisfacción emocional de los lectores. La literatura es una y su objeto, como él dice, es lograr goce estético del niño, del joven, del adulto.

El año 1942 el Ministerio de Educación lo convoca para dirigir el Departamento de Información, posteriormente crea la sección de folklore y artes populares del Ministerio de Educación Pública, cuando publica Mitos, leyendas y cuentos peruanos (1947), en coautoría con José María Arguedas, posteriormente Pueblo y bosque: folklore amazónico (1975). Activo, con ideas y proyectos bajo el brazo, siempre entusiasta, nos recibía y aconsejaba, relatando sus inicios literarios, su amistad con su compadre Ciro Alegría, de quien guardaba la tablilla que usó para escribir sus novelas, y sobre su relación con José María Arguedas. Allí confluían los escritores principalmente jóvenes, con quienes hablaban de los libros publicados por el INC, bajo su dirección y de literatura infantil, tema sobre el que, tuvo, ya dijimos, una visión clara de la importancia de esta categoría literaria. Sus obras en verso y en prosa, concuerdan con su concepción de la literatura como expresión de la belleza a través de la palabra, totalmente ajena al concepto utilitario con fines pedagógicos o meramente instructivos o moralizantes.

Francisco Izquierdo, cada vez que alguien le comentaba que había leído El bagrecico y le había gustado, decía con su sonrisa pícara, siempre a flor de labios: “Ese soy yo”. Ahora que menciono ese maravilloso cuento, recuerdo su rostro cetrino, sonrisa expresiva en sus ojos rasgados, casi una raya chispeante, con su terno gris y su gastado maletín de cuero, donde cargaba más que sus nuevos libros, los borradores de las obras que venía trabajando.

Lo recuerdo con el paso de los años, como si lo estuviera viendo, escuchando: Es el mar, al que también hemos llegado y ahora contamos a los bagres pequeños, que el camino es largo, poblado de peligros, de riesgos, pro les decimos también que el mar es la vida, que Pancho Izquierdo Ríos nos enseñó a no temer.

Para concluir, transcribo un poema de Mario Florián, leído el año 1983 en un homenaje a FIR, que organizamos conjuntamente con su viuda Olga:

 

A la eternidad de Francisco Izquierdo Ríos

Desde tu silencio concluyente,

El mítico jaguar de la espesura,

Ha empezado con épica bravura,

A repetir tu voz de combatiente.

En el pasar del tiempo, como un ente

Razonable, con música de dura

Piedra, los andes –vértigo de altura-

Tu mensaje social harán presente.

En la costa, en la selva, en la montaña,

En la pluma, en el nido, en la cabaña,

En la figuración del educando,

Y en la masa peruana del presente

Y del alba, tu espíritu potente

Estará, Pancho Izquierdo, retumbando.

Roberto Rosario Vidal.

Cajamarca, 01 de setiembre 2025.

 

Fuente: Aplijcajamarca Cajamarca

 

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