Presentación Comentarios literarios
EL MAESTRO CÉSAR ARMANDO ROMERO TEJADA

Escribe; Antonio Goicochea Cruzado
Maestro Armando Romero, quedé anonadado al escuchar sus sentidas palabras, tanto que no me atreví a hacerlo directo al micrófono como usted lo hiciera, por lo que ahora las escribo y espero leerlas sin quebrar la voz, por la emoción que ese acto conlleva.
Al hacer escuchar su mensaje a mi esposa Ymelda, ella quedó mirándome a los ojos, y por solidaridad con mi emoción no me dijo que tenía los ojos inundados y que el corazón se quería salir del pecho.
Maestro, mi orgullo me llevó a compartir su mensaje con familiares y amigos íntimos y recibí respuestas como las siguientes: “Antonio, por ese reconocimiento hecho a tu persona, por un personaje de tanta valía y tan querido por nosotros. Honor al mérito”. Jaime Yeckle Alvarado. Serafin Burgos, me dice: Hermosas palabras de tu maestro, debe ser un orgullo enorme haber recibido tan elocuentes remembranzas mi estimado Antonio, y, Kike Quiroz Quiroz, dijo: “Antonio Goicochea Cruzado: Que bueno y hermoso recibir las palabras de un excelente profesor de primaria. Don Armando Romero, que conocía muy bien sus materias. aritmética, lenguaje, ciencias, historia y geografía. Un gran profesor de arte: música y dibujo. Muy bueno en educación física. Tuve la suerte de ser alumno suyo. Fue amigo y compadre de mi padre. Soy ahijado de confirmación. Mi admiración, respeto y cariño, trasciende la relación de ser mi padrino. Son muy justas y atinadas las palabras y el afecto que te manifiesta. Me adhiero a las hermosas y precisas palabras de homenaje que te muestra. Un abrazo y muchos éxitos en lo que viene. Saludos a Imelda.
Don Armando, desde el día que inicié clases con usted, empecé a admirarlo. ¡Cómo nos enseñaba a leer y escribir!, ya en la Escuela Normal, me enteré que era el método de palabras normales, pero que usted le había agregado trabajarlo dentro de una frase con significado, que más tarde se llamaría el método global mixto. Leer es comprender, nos decía vehemente, quien no comprende es porque todavía no ha aprendido a leer. Y nosotros nos esforzábamos a comprender. La canción era la principal estrategia, seguíamos la entonación con palmaditas, con golpecitos en las carpetas, o golpeando palitos.
La lectura debe ser musical, casi como una canción, eso lleva a una mejor comprensión, donde los signos de puntuación adquieren y demuestran su función; cuando nos admiramos, cuando preguntamos, cuando nos detenemos, cuando reemprendemos. Esto lo recuerdo al escuchar las exposiciones del Dr. Ricardo Dolorier, al explicar el MÉTODO DOLORIER, cuando explica la efectividad de su método. ¡Qué adelantado a su tiempo estaba mi profesor Armando!
Nuestra sección era de Transición A, y los estudiantes de la sección B, con intención de molestarnos, en el recreo, nos decían asnos. Usted, al escucharnos, nos hizo ver que, si no nos gusta que nos digan asnos, si hubiésemos sido de la otra sección, tampoco nos hubiese gustado que nos dijeran burros y, concluyó que, en aras de la amistad, que debe existir en toda la escuela, fuéramos a la sección B y pidiéramos las disculpas que se hacían necesarias. Así lo hicimos y para nuestra satisfacción los de la sección aludida, también se disculparon y; desde ese entonces fuimos amigos.
Yo, había visto, con curiosidad y admiración su cuaderno cuadriculado en el que registraba nuestra asistencia, allí estaba nuestros nombres y puntos y rayas en la cuadrícula, según sea nuestra asistencia o ausencia. Quise hacer uno igual, por lo que pedí a mi mamá que me comprara un cuaderno cuadriculado, de pocas hojas, no más, y empecé doblando las hojas, por la mitad de cada hoja, como su registro. Pero usted me sorprendió copiando su registro a lo cual me dijo que ese no era mi trabajo de alumno, y, cómplice me dijo que eso no haría cuando fuera maestro. Le cuento que cuando empecé mi trabajo de profesor, en la Escuela de Varones Nro. 85 de Calquis, recordé su premonitoria frase.
Maestro, cuando usted nos hacía cantar, nos daba el tono con un diapasón que sacaba de su bolsillo oculto del saco, lo soplaba tres veces y empezaba el ensayo. Pulsaba la mandolina y nos hacía cantar por frases musicales. Cuando lo creía que la habíamos aprendido, nos ubicaba en la parte delantera del salón y nos hacía entonarla como si estuviéramos en actuación. A veces lo hacía con guitarra, o con violín. Nosotros, sus alumnos nos quedábamos boquiabiertos de su capacidad musical. Usted me escogió para recitar la poesía LA LOBA, en la ceremonia en honor a las bodas de plata magisteriales de don Abdón Sarabia. Al terminarla, usted emocionado me abrazó diciéndome: MI LOBITA, desde allí, así me llaman los amigos.
Cuando nos enseñaba la matemática, lo hacía, primero con objetos y juegos, luego con dibujos y, al final con escritos o números. Hoy a esta metodología, con nombres cambiados, los especialistas le llaman método singapur, con los pasos intuitivo-concreto, representativo-gráfico y conceptual-simbólico. ¡Qué adelantado estaba usted señor Romero!
Todo lo que nos enseñaba lo tenía en la cabeza, incluso los dibujos, que, con tiza, en la pizarra, los trazaba con maestría, las plasmaba con su hermosa caligrafía.
En la escuela, cada profesor, tenía una semana en la que, por turno, dirigía la formación diaria de todo el alumnado. Las semanas a cargo de don Octavio Lingán Cubas, don Diego Chico Segura y, usted, eran las más esperadas, porque eran dirigidas con mayor entusiasmo. Colocados, cada profesor de turno, en frente del alumnado, con un puntero que fungía de batuta, nos hacían entonar, el Himno Nacional, el Himno a la Bandera, el Himno a las Américas, La Antara y Ruge el León en la Jaula, entre otras.
Recuerdo que, en su quehacer autodidacta, pidió a Juan Linares, deportista de cuerpo esbelto, que le sirviera de modelo para que lo dibujara en actitud de dar un puntapié a la pelota, para ello usted, con tablero, lápiz y cartulina a la mano, le pedía que tomara impulso de unos cinco pasos de la bola y simulara patearla, el quedaba así, quieto y usted procedía a hacer los apuntes.
Cuando ustedes los maestros, jugaban básquetbol, en competencia de jóvenes sanmiguelinos, lo admirábamos por su habilidad de esquivar obstáculos que ponían los defensas y convertir canastas que hacía ganar a su equipo.
Mi hermano Álvaro, era amigo de Samuel, su hermano y pretextando acompañarlo para que ellos jugaran a la pelota, en el amplio patio, íbamos a su casa en el Jr. Bolognesi, yo me quedaba observando a usted que, en su sala, dibujaba y pintaba en su atril.
En la escuela, cada profesor, tenía una semana en la que, por turno, dirigía la formación diaria de todo el alumnado. Las semanas a cargo de don Octavio Lingán Cubas, don Diego Chico Segura y, usted, eran las más esperadas, porque eran dirigidas con mayor entusiasmo. Colocados, cada profesor de turno, en frente del alumnado, con un puntero que fungía de batuta, nos hacían entonar, el Himno Nacional, el Himno a la Bandera, el Himno a las Américas, La Antara y Ruge el León en la Jaula, entre otras.
Usted también fue mi profesor en educación secundaria, en el Colegio Particular San Miguel y allí, también demostró su alta preparación y; yo seguía admirándolo. Cuando aprendimos a entonar con propiedad el Himno Nacional, nos explicaba el significado de cada frase, tal como, somos libres seámoslo siempre, incidía en seámoslo, indicándonos que quería decir que por siempre aspiramos a ser libres o que la patria al Eterno elevó, quería decir que todos los peruanos hemos pedido a Dios, por lo que Eterno, debe ir con mayúscula porque es una palabra que reemplaza a Dios.
Fiel a su concepción que leer es comprender, nos explicaba las frases del hermoso himno al Colegio San Miguel, letra del Dr. Alfonso Barrantes Castañeda y música de usted, como aquella que dice: Eres colegio amado, la fuente limpia y pura do aplacan nuestras mentes su sed de amplia visión; la fuente de conocimientos y valores que el colegio nos daba para abrevar nuestro sed de conocimientos y buenas actitudes; y, “cuando de tus aulas, la material ausencia, nos lleve, por siempre guardaremos la espiritual unión”, que en el futuro, cuando seamos exalumnos, nos mantengamos unidos espiritualmente. Cuando calmes tu sed nunca olvides la fuente de donde tomaste el agua, nos recalcaba.
Cuando quise evidenciar mi gratitud, mi primera expresión fue dedicarles, a usted y al Profesor Diego Chico, por similar situación, mi libro MI LORITO PARLANCHÍN. Lo que motivó el reencuentro del alumno y el Maestro. Mi gratitud será imperecedera. Venturosos hemos sido sus alumnos, de recibir sus sabias enseñanzas y vuelvo a repetirlo ya que la gratitud que no se expresa, no llega a ser tal, porque moriría en la mente de la persona, por muy grata que fuere. Porque quise imitarlo, señor Romero, estudié para ser profesor. Admiración cimentada en realidades vividas, en el salón de clase, en la escuela y en la calle.
Me contenta ver la vida cultural y musical cultivada por los Romeritos, y esto me lleva a una interrogante a la que todavía no hallo respuesta ¿Cuán amorosamente cálida es aquella región, que lo ha adoptado como ciudadano ancashino?
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Fuente: Facebook de Antonio Goicochea
Cajamarca, 09 de diciembre 2021.
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