Bajada de Reyes.

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POEMAS ALUSIVOS A LA BAJADA DE REYES

Agradecemos a los vates cajamarquinos que tengan la amabilidad de alcanzarnos sus poemas alusivos a la "Bajada de Reyes" para publicarlos en esta sección.

 

 

 


 

 

REGRESO DE LOS REYES MAGOS

Luis Alberto Sánchez Vásquez

Luego de al Niño adorar;

y la mirra, incienso y oro,

en sus cofrecitos obsequiar;

al oriente, los Reyes magos regresaron.

Y José y María, los dichosos padres,

al verlos partir, en camellos cabalgando,

en que enviados por Dios eran pensaron;

para darles esta noticia

que iluminará su hogar.

Y las ovejitas lanadas, y animalitos

obsequiados a la luz de redonda luna,

recogidos fueron; lo mismo

que en tejidas alforjas, los dorados cofrecitos…

En tanto el cruel tetrarca Herodes,

al no los tres Reyes magos, regresar;

ofendido sintiéndose, en su herido orgullo,

al jefe militar Arquelao, tronando ordenó:

“Que todo recién nacido en Belén,

degollado fuera, para no usurparle,

su trono y su dinastía”.

Y como peste maloliente, la orden fatal

infanticida, desde la boca del monarca,

se expandió sangrienta.    Y por la noche,

ya no se vio en lo alto la blanca y resplandeciente

estrella, que iluminara los más oscuros

caminos, de la pequeña Belén.

Y entonces durante un sueño desapacible

de José, un ángel con broncínea voz

de trompetas, le habló claro; ordenándole

salvar al Niño de la matanza,

que Herodes había ordenado;

y huir buscando refugio en el lejano

Egipto, junto a María la madre;

su esposa y el tierno niño,

lejos ya muy lejos del pesebre de Belén.

 

LOS REYES MAGOS

Luis Alberto Sánchez Vásquez

Tres los magos fueron,

tres los reyes magos de oriente:

Baltazar, Gaspar, Melchor.

que adorar un Niño vinieron,

de sus lejanos países, guiados

por una estrella,

centellante, armoniosa

que en el portal de Belén,

se detuvo, con su música

celeste.

Y de dorados, adornados cofres,

oro, incienso y mirra extrajeron,

para ofrendarlos, al niño a sus

pequeñitos pies.

Los tres astrólogos, magos

que desde antiguo, sabían

la profética esperanza,

del nacimiento de un niño,

el Mesías prometido, en la lejana,

Belén.

Y caminando con camellos,

arenosas, pedregosas, inverosímiles, rutas,

llegaron a Jerusalén.

Donde al tetrarca Herodes,

que ignoraba profecías,

preguntaron por el Mesías,

que en Palestina, reinaría y Jerusalén.

El cruel monarca, fingiéndose

interesado aviesamente, les dijo;

que cuando lo hayan encontrado,

regresen su misma ruta, pasando

por su corte, dándole la dirección

a saber. “Para, así como ustedes,

ir a adorarle ya, como a nuevo rey”.

Los magos se despidieron,

y continuaron su ruta, guiados

por la blanca estrella,

que se detuvo con su cántico celeste,

bajo la mirada de un ángel,

sobre el portal de belén.

Y viendo ya al pequeñito niño,

en el pajar humilde,

cuidado por José y María, sus padres,

el oro le ofrecieron, de ofrenda como a rey;

incienso de ser divino,

y mirra por su sacrificio en la muerte.

Agradecieron, los padres

el regalo inesperado, de los tres magos,

que sentados en camellos,

eludiendo al tetrarca,

que amenazaba matar al niño,

por el aviso de un ángel,

retornaron guiados por estrellas,

hasta su tierra de oriente.

 

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