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El Niño de Pumarume

EL NIÑO DE PUMARUME

Por Jaime Abanto Padilla

Para quienes lo conocen es un niño que impresiona a primera vista. Su origen exacto es desconocido y se pierde entre la línea delgada de lo real y lo irreal. Siempre hay leyendas y mitos que tratan de explicar lo que a veces es inexplicable.

Dicen que lo encontraron en un arenal, que vino de algún sitio distante, que simplemente apareció. Hay cosas que resultan inexplicables como sus apariciones en los sueños de quienes incluso no lo conocen y jamás hayan visto su efigie.

Entre quienes lo conocen suele aparecerse a hurtadillas vestido con alguno de sus trajes y con sombrero de paja, se desliza por las sombras y anuncia en los sueños cosas felices o infelices que sucederán. Es en los sueños también o cuando uno está en estado de sopor que canta dulces canciones que hablan de su madre María.

El niño es una deidad que ha trascendido al tiempo y al que cada día se suman más devotos. Cada historia es diferente, cada milagro. Su cabello ensortijado y su profunda mirada hacen que el alma se arranque al tenerlo al frente, no se sabe si está triste o si está riendo, hay miradas que lo explican todo y que nos hunden en ellas.

Son incontables los miles de trajes que tiene y cada año se suman más y más a su guardarropa; desde médico hasta policía, de deportista a militar, nadie como él tiene tantos vestidos.

Es famoso entre la gente de Celendín y como todo niño es travieso y benevolente. Dicen quienes lo cuidan, que se escapa de cuando en cuando a jugar por las calles con otros niños.

Todo es posible con su permanencia. Todo surge de nuevo cuando se tiene fe. Es la imagen exacta del Principito de Saint-Exupéry y su capilla es compleja como una nave espacial. Cada año llegan de todas partes miles de devotos tras él y su fiesta ha ido creciendo más y más. Se le hacen novenas y rezos.

Hay cosas en la vida que nuestra naturaleza humana no puede aún explicar, hay enigmas irresueltos que no sabemos si algún día se descubrirán, el niño de Pumarume es uno de ellos. Inexplicable como su presencia, su infinita devoción y la gente que vuelve año tras año por él.

Dicen que es un niño castigador con las promesas incumplidas, por eso nadie se atreve a incumplir. Dicen que a veces canta, que es un niño silbador y que en algunas noches vuela junto a las estrellas en busca de no se sabe qué.

Por eso cada catorce de enero salimos hacia él. El Niño Dios de Pumarume una vez más, mira desde lo alto a tanta gente en torno suyo, todos iguales buscando su mirada… Dicen que en días como hoy sale a silbar por las pencas, que es juguetón como todos los niños, que hace travesuras… hay cosas en la vida que no se pueden explicar.

Cajamarca, 08 de febrero 2024.

 

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