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Del anecdotario de San Ramón
Estoy tratando de desempolvar los viejos recuerdos almacenados en el baúl de los recuerdos y presentarlos oficialmente ante los ex alumnos del Colegio San Ramón para que tengan la bondad de leer estos sucesos que vivimos con la gran familia magisterial de este colegio cajamarquinon Mi amigo Juan Paredes me solicitó que escriba algo sobre mi paso por el colegio San Ramón y aquí una de las tantas anécdotas que les cuento y que constituyen parte del folleto que estoy terminando.
En una de las tantas conversaciones sostenidas por los ilustres maestros sanramoninos: Atilio Sattui, Natalio Espejo y Cornelio Zambrano, por los pasillo del segundo piso de este plantel, se apertura un copiosa conversación y tocan el tema las vacaciones.
Inicia esta tertulia don Atilio y dice “estas vacaciones tuve la suerte de ir a Italia a recordar viejos tiempos, visitar a la familia y realizar algunas caminatas que me apasionan. Amigos míos, aunque ustedes no lo crean subí a lo más alto de los montes Apeninos y desde allí grite la palabra CAFÉ a voz en cuello, tenía conocimiento que el eco reproduce lo que uno habla o grita. No es exageración escuche esta palabra más de 1500 veces”. Algo extraordinario, fabuloso. Luego descendí y parece que aún escuchaba al eco repetir lo que había gritado con todas mis fuerzas. Se quedaron mudos los acompañantes y siguieron paseándose cada participante sacando sus propias conclusiones, seguramente.
Pero, el silencio sepulcral se rompió con la narración que hizo el padre Natalio Espejo quien inicio su narración manifestando: “que coincidencia mi buen Atilio. En las vacaciones que pasaron fui a mi tierra a visitar a mis familiares y también subí al cerro más alto de Cospán y también grité CAFÉ para ver que me respondía el eco. Amigos míos por lo menos escuché esta palabra unas 500 veces”.
Los interlocutores se miraron y prosiguieron caminando. Se notaba la diferencia pero nadie se atrevió a ensalzar, comparar la importancia de estos montes. La diferencia era obvia.
Cornelio Zambrano aprovechando de los últimos minutos del recreo muy suelto de huesos les dijo “que feliz coincidencia, mis estimados colegas, yo no he podido salir de mi tierra por estas vacaciones pero subí al cerro Cumbe Mayo y realice similar tarea que ustedes. Grité CAFÉ para comprobar si el eco respondía a este grito y éste me contesto con agua o con leche”, una buna cantidad de veces.
El sonido de la campana que indicaba que el recreo había terminado y para suerte suya, fue la salvación de nuestro apreciado amigo. Caso contrario que le hubieran respondido estas personalidades. Pero sus miradas y la forma de despedirse no era la más óptima. Le causó molestia esta narración y a pasos lentos se retiraron a las aulas.
Como dije al principio es una de las tantas anécdotas que las estoy preparando para la familia sanramonina que prometo entregárselo para su deleite, critica o cualquier sugerencia.
Por : Alamiro Villanueva S.