NO HACÍA VERANO
(Cuento)
Por: Guillermo Bazán Becerra*
La
bienvenida campesina me acogió en ese agradable rincón. Ni bien me senté en el
tablón, ya estaba preguntando, quedo:
–¿Dónde está?
–Ahí –señalando con el dedo, hacia atrás de un viejo aliso, por la roca con manchas alargadas–.
–¿Dónde? –otra vez, pero aumentando el volumen, sin quererlo–.
–¡Sh…! –más bajo aún, agregando–: ¿Qué pué, no lo véste?
Agucé la mirada, mudo, milímetro a milímetro, un largo minuto, sin moverme.
–No veo. Tengo que acercarme…
–Ahurita está moviendo su cabeza y ya se inquieta. Cuidau se'sconda… –susurrando–.
Muy lentamente dejé el tablón y agazapado avancé, sin dejar de mirar hacia allí. Yo era el extraño y sin duda fácilmente podría ser identificado. Pero quería verla y fotografiarla. Siquiera una fotito…
Me había dicho: “Mi taita se enoja si la asusto. ¡No quiere que se vaya! ¡Uh, cuántas veces maldice a quien le hizo daño y mató a su pareja, dizque seguro ha siu algún muchacho, de esos maldiciaus…”
Claro, por ese detalle era explicable, porque anidan en cuevas, aunque también en los huecos de las paredes de casas abandonadas, por ser lugares ocultos a las miradas humanas. Nunca pude ver un nido de ellas. Sólo las veíamos volar y era muy difícil llegar hasta donde reposaban. Aún era niño –lo recuerdo muy claro– cuando vi volar a una de ellas por sobre el jardín de la casa campestre y alegrándome de ello dije, muy entusiasmado:
–¡Ya va a dejar de llover…!
–¿Todavía no sabes que tan sólo una de ellas no anuncia el verano? –dijo sonriente, mi madre, mientras me acariciaba–. Aún seguirá lloviendo, hijito; pero eso no impedirá que juegues por el campo. Sólo esperas que escampe y te irás con tus hermanos…
–Pero son muy nerviosas, ¿di?
–¿Por qué te parecen así?
–Porque están como locas, de un lado para otro, apuradas, inquietas… ¡Mira…!
–¿Será por eso? ¿No será porque están alegres… o, tal vez, juguetonas?
Y esa respuesta de mi madre amorosa, cargada de ternura, con matices de dulzura infinita, se impregnó para siempre muy dentro de mí y ansié desde entonces poder verlas de cerca: solamente mirarlas y guardar su recuerdo, dibujarlas, pintarlas… ¡Claro que era alegre su vuelo! ¿Cómo no lo había pensado?
Pasaron muchos años y ya siendo huérfano tuve la gran noticia para alcanzar ese sueño infantil, aunque este invierno estaba muy cargado.
De pronto noté una manchita blanca, distinta de la roca, que no formaba parte de ese rostro inmóvil. Entrecerré los ojos, concentrando el objeto: ¡Allí estaba! Sobre el pechito blanco pude ver el dorso plomo oscuro y negro azulado, la cabecita quieta, el pico negro y corto, los ojos intrigados… Las alas puntiagudas, pegadas a su cuerpo, estaban escondidas en la boca del nido. Tal vez adivinaba que no le haría daño y siguió quietecita, solamente mirando.
Le tomé una foto, y otra, y otra, y otra… Estaba ensimismado, recordando a mi madre en ese día lejano. ¿No estaría ella aquí, nuevamente ayudando? Alguien tocó mi hombro. Era Sarita:
–Cuidau se asuste… Vamos.
–Quiero mirarla un rato. Un poquito. No tardo…
–Si mi taita regresa, me gritará, acasu…
–Pero no le haré daño…
–Aunque seiga. Mejor, vamos.
–Es que tal vez me diga si ya habrá verano…
–¡Jué! ¡Usté sí estaste loco! ¿Acasu no le han dichu… que una golondrina nunca hace veranu?
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* Profesor, poeta y cantante peruano, nació en Cajamarca, sus estudios de educación secundaria los realizó en la Gran unidad Escolar "Bartolomé Herrera" de Lima y "San Ramón" de Cajamarca y los superiores en la Universidad Nacional de Trujillo. Tiene muchas obras publicadas tanto en narrativa como en verso. Participó como invitado al II Festival Internacional de Poesía "José Vargas Rodríguez" que se desarrolló en la ciudad de Bambamarca en Setiembre del 2009.