UNA  VISITA  A  KUNTUR  WASI

Escribe: Consuelo Lezcano

(Fotos de Kuntur Wasi: Archivo de CaSu 17/06/2011)

 

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En una mototaxi que contratamos por tres nuevos soles nos dirigimos a KunturWasi, un pequeño villorrio situado a siete minutos al Oeste de San Pablo. Visitamos el Museo de Sitio, homónimo del Centro Poblado y del Complejo Arqueológico más emblemático del departamento  de Cajamarca. Un boleto de cinco nuevos soles nos permite ingresar al recinto y acompañados de un diligente lugareño que “funge” de guía, recorremos asombrados los tres ambientes interiores, incluyendo la “Sala de Oro” a la cual llegamos luego de observar monolitos, ceramios de factura chavinense, cuentas de piedra, pequeñas estatuillas e instrumentos tallados en piedra, madera, hueso y metales.

Es sorprendente la orfebrería de la fase KunturWasi que nos revela el alto grado de desarrollo alcanzado por los milenarios Sampablinos; pudimos admirar las coronas que adornaban las testas de los viejos sacerdotes – guerreros, orejeras, pectorales, narigueras, hermosos aretes y collares. Nos intriga preguntar a nuestro ocasional cicerone, si las áureas coronas son originales o réplicas y dónde están las auténticas, la respuesta es obvia, están guardadas por seguridad.

Después de firmar el libro de visitas salimos rumbo al Centro Ceremonial. Una escalinata de piedra y cemento nos lleva a un sendero horizontal flanqueado por los escombros de una alameda de pencas y tayos que criminalmente han sido quemados y arrancados de raíz. Quién ejecutó este delito, o más bien, quién ordenó depredar la flora nativa de este lugar tan visitado por turistas japoneses, europeos, norteamericanos,  y desde luego, también, por nosotros los peruanos que amamos la ecología y los ecosistemas, y defendemos su intangibilidad y preservación.

Repuestos de este improntus y protegidos del sol abrasador con un sombrero alón y el obligado bloqueador en estos tiempos de cambio climático y calentamiento global, ascendimos por el mismo camino peatonal que nos lleva al frontis principal restaurado, donde observamos el contorno de grandes plataformas y escalinatas pétreas. Nos sorprende la presencia de tres solitarios y mudos guachimanes que nos obligan a pagar cinco nuevos soles más, que nos  parece exagerado, para subir sin ningún guía a la cima de la plataforma principal y desde allí contemplamos a la redonda una diversidad paisajística, que incluye el escenario natural de la batalla de San Pablo, 13 de Julio de 1882; y asimilamos la energía cósmica que confluye en ese esotérico lugar.

Retornamos  de esta excursión de la que nos queda el sabor amargo de la impotencia de no poder hacer nada contra la ignorancia de los depredadores de la ecología y recordamos a Vallejo, nuestro poeta universal “…tanto amor y no poder nada contra la muerte”

El trayecto de San Pablo a Cajamarca duró noventa minutos, atravesando el bosque de pinos y alisos desde Huayquishongo hasta Porcón, que nos devolvió la paz espiritual interrumpida por la depredación de los pencales en KunturWasi. San Pablo merece autoridades que estén a la altura de su pasado espiritual y no meros comerciantes de la política, cuyo sillón municipal les pude quedar ancho y ajeno.

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