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Cajamarca, 10 de febrero de 2015
Guillermo Bazán Becerra
No hay casualidades ni coincidencias sorpresivas; todo está encaminado y sólo se precisa confiar en la Voluntad de Dios para que lo que debe llegar... llegue. Luego, disfrutarlo y cumplir lo que corresponde, para que la circunstancia no se pierda en la nada.

Tal ha ocurrido con esa antigua Hacienda Sangal (supongo sea vocablo kechwa o, quizá, ikulle, culle o ikullé -no sabemos a ciencia cierta cómo denominar a la lengua kaxamalka, porque hay bibliografía en España que lo designa con esas diferencias), originalmente propiedad de los esposos Carlos Cabrera y Herminia Alcalde (tronco familiar que se remonta hasta antes de la independencia del Perú). Recién pude conocer el lugar con motivo de celebrarse allá la festividad en honor de su Santa Patrona, la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Virgen de la Candelaria (candela o luz, con lo que significa en la doctrina católica).

Ha sido una ocasión que debo resaltar, gracias a la gentileza de mi extraordinaria amiga Consuelito Lescano Ruiz, sobresaliente periodista, escritora, poeta e irrenunciable Enfermera que trata de curar al mundo actual a través de sus obras y de su acción personal. Por ella, que pasó varios años de su infancia y adolescencia en esa hacienda, pude compartir horas muy agradables con quienes están construyendo allí su mundo y con los visitantes llegados a rendir homenaje a la Virgen de la Candelaria, agradeciendo los favores recibidos de Dios por su intercesión y, con renovada fe, suplicar otros.

Llegamos temprano y hubo tiempo suficiente para caminar, observar el paisaje y vivirlo, como hacía desde niño cuando impregnado del amor al campo en la hacienda familiar, analizaba lo que allí hay, lo que le falta, lo que nos obsequia a propios y extraños, lo que necesita de los allí nacidos y los que se establecieron después. Quise saber lo que su nombre significa, pero nadie de los consultados tuvo respuesta, ni por asomo. Sería bueno que se refresque ese dato y se lo publique en un letrero que a los foráneos les sacie la misma curiosidad que yo he tenido, lo mismo que a los nacidos allí les ayude para recuperar y reforzar su identidad (¿sangaleses, sangaleños, sangalinos? ¿Cuál es el gentilicio usado?)

Viendo sus laderas pedregosas estoy seguro que son áreas ideales para llenarlas de árboles y esas otras áreas de suelo fértil en el que deberían volver a reinar tantas especies que le darán enorme belleza y atractivo, no el secador eucalipto, no los importados pinos ni otros árboles y arbustos extraños, sino sus especies autóctonas, propias, como el admirable Aliso, el entrañable Capulí, el Saúco, Lanche, Tandal, Kishuar, Koñor, Cucharilla, Salvia, Pushgay, Suro, Pajuro, Garrocha, Mutuy, Maki maki, Bejuco, Poroporo, Espuelilla, Mora, Tuna, Penca... Quienes amamos el campo, con su gama de verdores, sentimos tristeza de ver los cerros pelados, debido a lo cual es que allí se siente correr el viento y el frío, lo que no debería ser.

Le falta también terrazas, con eso Sangal se convertiría en un paraíso con mucho atractivo. Sus vivientes deberían organizarse y solicitar la orientación correspondiente para convertir sus infaltables horas de ocio en tiempo productivo, de beneficio colectivo y de propio desarrollo. El Aliso, con los beneficios que proporciona, se convertiría en el imán inicial para que el rostro de Sangal cambie, y prácticamente nada les costará tener su propio vivero de esa especie, luego irán llegando las otras especies y al fin, casi sin darse cuenta, la fauna reaparecerá con todos sus beneficios.
Es digno de resaltar la inquietud de algunas familias que están invirtiendo para brindar alojamiento apropiado a los turistas; ojalá pronto concluyan esos trabajos y estaremos gustosos de apoyar con la difusión que requieran. Mi felicitación especial al ingeniero Roger De la Torre Jave, por la excelente recuperación de la antigua casa–hacienda de Sangal que ha encargado al ingeniero Julio Guzmán Peralta, quien en verdad está cumpliendo una sobresaliente labor profesional en ese sentido, tal como ya se nota en la capilla, exponente de la fe católica en ese lugar, hoy verdadero baluarte familiar de quienes demuestran gran amor al lugar, en la que luce la imagen de la Virgen de la Candelaria y otras muestras de arte antiguo. En ese ambiente viví con sincera emoción la celebración de la Santa Misa, por el Padre Edison Ramos –cariñosamente Padre Edú–, y fue ocasión especial para comulgar, feliz. Terminada la Santa Eucaristía, como miembro del Grupo “Apóstoles de la Palabra”, que nos formamos en la Parroquia Santa Catalina, bajo la guía del Padre Juan Carlos Pérez Chávez, di un mensaje a los numerosos presentes, invocándoles vivir continuamente con la misma emoción nuestra fe y hacer más: tratar que en ese lugar se materialicen vocaciones sacerdotales y religiosas, y que los mayores se conviertan en otros transmisores de la Palabra, para recibir con creces las bendiciones de Dios.
Tuvimos muchos gestos de generosidad y atenciones sobresalientes, como de las familias Guzmán Urrunaga, De la Torre Grozo y Urteaga Ruiz. A cada uno nuestra mayor gratitud.
Que Sangal y otros lugares de nuestra Cajamarca retomen su belleza y atractivo, con el esfuerzo constante de sus vivientes, que serán los directamente beneficiados con los frutos.