EDUCACIÓN BILINGÜE INTERCULTURAL

Ir a Presentación    Página Educativa 2013

 

Prof. JACINTO LUIS CERNA CABRERA

Presidente de la Asociación Regional de

Maestros de Educación Intercultural

Bilingüe del Perú – Cajamarca

 

Por la mitad de la década del 80 del siglo pasado, la señorita Rosa V. Corpancho O’Donnel, al referirse al fundador del Instituto Lingüístico de Verano, el señor Guillermo C. Townsend, narró un hecho anecdótico muy elocuente. Nuestra citada dice: Tenía apenas 21 años, cuando fue a Guatemala donde vendía Biblias para, a la vez que difundía el mensaje de Cristo, ayudarse en sus estudios universitarios. Una mañana de sol y en un bello paraje se encontró con un grupo de la tribu Cakchiquel. Con una Biblia en la mano y valiéndose de intérprete les habló de Dios, de la Verdad y el Poder divinos. La respuesta del cacique fue una interrogante: “Si tu Dios es tan grande, ¿por qué no hablas mi lengua?”… Angustioso reto que se clavó hondo en el corazón del estudiante. La barrera del lenguaje la sintió latente y volvió a California, su tierra natal; reunió un grupo de amigos, relató el caso y habló de los olvidados, de los marginados, de las lenguas ágrafas… Estudió lingüística, creó un sistema y volvió a Guatemala, donde, conviviendo con los cakchiqueles, dominó el idioma.

De: RECORDANDO 40 AÑOS

INSTITUTO LINGÜÍSTICO DE VERANO 1946-1986

 

 

Eso es lo que tenemos que hacer todos los seres humanos cuando nos ponemos al frente de otra cultura. Hay que aprender su idioma hasta dominarlo. No quepa la menor duda que, por naturaleza, toda comunicación entre culturas distintas es bilingüe. Desde el momento en que hablamos de culturas diferentes, estamos hablando de formas de expresión diferentes, de hablas y lenguas diferentes. Hay un sinnúmero de factores que influyen en la diversidad cultural. La lengua es, sin embargo, el factor determinante para poder comprendernos de manera intercultural. En cierta ocasión escuché decir: “En los pueblos de Leimebamba o Rodríguez de Mendoza (Amazonas), o en Celendín (Cajamarca) hay mujeres bellísimas, pero son muy hermosas hasta el momento en que las escuchamos hablar. A esa hora, las chicas se afean notablemente. Ese dejo que tienen hiere desagradablemente nuestros oídos.” Y la actitud de quien expresa esta opinión va acompañada de un claro desprecio por la otra forma de hablar. Y de inmediato cualifica a una cultura como inferior respecto de la suya. Este hecho elocuente nos lleva a una seria reflexión. Y no se necesita que vayamos a otras regiones, o a otras provincias del Perú, ni menos a otras naciones y comunidades lingüísticas del orbe. El fenómeno se repite en espacios aún más cercanos, de un caserío a otro, de un centro poblado a otro, o de un distrito a otro.

Los pobladores del caserío de Condormarca, distrito y provincia de San Marcos, creen que sus vecinos que viven a unos dos kilómetros de distancia, no más, en el caserío de Churgap, hablan “feo”, valga la sinestesia. Y de allí que ambas poblaciones estén separadas únicamente por una pequeña colina, a la cual de niño la salvaba en pocos minutos, sin ninguna dificultad, cuando iba en pos del hermano de mi padre, que era sastre, para que me haga mis pantalones. Grabemos bien. A dos kilómetros de distancia, dos culturas muy diferentes. Muy idénticas a sí mismas en su forma de cantar, de bailar, la predilección por su música propia, la elección de los colores para su vestimenta, sus actividades cotidianas, su forma de preparar sus alimentos y el tipo de alimentos que ingieren, las celebraciones de sus fiestas tan peculiares, sus propias creencias, el tipo y color de poncho, la calidad y tipo de sombrero y la forma peculiarísima que le dan antes de empezar a usarlo. Estamos hablando de una pequeñísima población respecto de la otra. De una provincia a otra se ahondan aún más las peculiaridades. En San Marcos, por ejemplo, se emplea el sombrero tejido en paja de palma, con la falda bien amplia y la copa alta, y el poncho del hombre sanmarquino es bien amplio. Cuando se pone, las puntas llegan casi hasta los pies; mientras que para un chotano o un cutervino, el sombrero es de copa y falda pequeñas y el propio poncho es bien corto, casi como un simple adorno en opinión de los habitantes de San Marcos.

Volvamos, empero, al idioma, a la lengua, al habla, que es lo que nos ocupa. Nos vamos a referir al modo de hablar de los hombres, mujeres y niños de las distintas regiones de nuestra patria, ese signo de identidad inconfundible de los pueblos. Ese bello idiolecto que jamás lo hemos sabido aprovechar como una riqueza, sino, por el contrario, toda la vida ha sido un vehículo de marginación y desprecio. Si no, preguntémosle a la connotada lingüista y filóloga del Perú, por qué siempre ha sentido desprecio por las congresistas de origen quechua y aimara, pero que, felizmente, hablan castellano, aunque ella no sepa hacer lo propio en ninguna lengua originaria. Preguntémosle, ¿por qué siente tanta aversión por aquellos hombres y mujeres provenientes de lenguas y culturas originarias que siempre, cuando hablan en castellano, pero siempre, se apoyan en su motosidad tan bella y elocuente? Es complejo hablar de bilingüismo, ¿no? Más fácil es dar un salto a la “interculturalidad sin bilingüismo”. Es que no se quieren comprender las infinitas formas de hablar de los pueblos del Perú. No se quiere admitir que la llave de entrada a toda cultura es la lengua, el dialecto, el habla y, en definitiva, el idiolecto. El día que se llegue a comprender a cabalidad este último concepto, ese día se podrá hablar asertivamente de una comunicación bilingüe intercultural, y no de comunicación intercultural bilingüe, como se ha tenido la audacia de hacer una alteración baladí, sin ningún sustento epistemológico.

El idioma y el idiolecto no son los mismos de una región a otra, de una clase social a otra, de una época a otra y de una circunstancia a otra, ni siquiera de una persona a otra. Entonces, tenemos que tener en cuenta, obligatoriamente, estas variaciones diatópicas, diastráticas, diacrónicas y diafásicas; pero también debemos tener presente las variaciones semánticas, fonéticas, morfológicas y sintácticas, como características inconfundibles de los factores ya mencionados.

En la fonética, por ejemplo, hay que tener en cuenta que existen fonemas segmentales (los elementos que constituyen las estructuras de la cadena hablada) y los fonemas suprasegmentales (los elementos que se refieren al tono, timbre, intensidad y cantidad de los sonidos empleados en el momento de ejercer el habla).

Desde el punto de vista semántico, una enorme cantidad de palabras que se emplean en una zona o región, una clase social, una época o una circunstancia determinadas, no son empleadas en otras análogas. Los ejemplos podrían sobrar ahora. Por ejemplo, palabras como shurumbo (sopa de plátano verde con pellejo de chancho o hueso dorado, que se agrega el frijol, el plátano cuadrito, cuadrito, unos pedacitos de yuca, charqui); el horcamisho (un potaje hecho de menudencia del chancho guisadito con papa sancochada, sin cáscara); el caldo de gallo (agua con limón, sal y ají para darle sabor al arroz y a las yucas); el majote (plátano verde sancochado con su peje frito). Esta sabiduría popular corresponde a las provincias del norte de la región Cajamarca, específicamente, Jaén y tal vez San Ignacio; pero no se conoce con los mismos nombres en las demás provincias. En otra provincia más cercana, Cajabamba, escuché decir: shinde (una sopa espesa con trigo resbalado o ruche, habas, frejol alverja y tocino o jamón, con su culantro y hierbabuena), jetón (maíz pelado en ceniza, frejol y pata o máscara de chancho, con su culantro y hierbabuena), masha (comadreja, o comadrita), caisha (necio, llorón), ishpichado (acobardado, amilanado), arrarray (¡qué miedo!). Todo esto es cultura, pero, primero es lengua o idioma. No se puede entender la cultura si no se entiende el idioma.

Por otra parte, desde el punto de vista fonético, las variaciones también son muy acusadas, tanto desde el punto de vista de los fonemas segmentales (el caso de la ll, que tiene hasta tres pronunciaciones distintas: [j], [ʎ], [ž], según sea la costa, la sierra o la Amazonía, respectivamente, y el famoso fonema [š] de los andinos, presente fundamentalmente en los hipocorísticos, como: Ashuco, Agucho, Meshe, Joshe, Shanti, Sheba y Lisho, entre otros, por Asunción, Agustín, Mercedes, José, Sebastián y Lisandro, respectivamente; así como de los fonemas suprasegmentales, tan ricos y muy disímiles. No olvidemos el dejo de cada pueblo, de cada grupo humano y, en definitiva, de cada persona (tono, timbre, intensidad y cantidad). Cómo no poder distinguir otra vez a los amazónicos de los andinos, y a estos de los costeños. Los ejemplos son abundantísimos. Unos a otros se dicen que cuando hablan lo hacen cantando. ¡Qué opinión tan rara! No saben que cuando se ejercen las lenguas, dialectos, hablas e idiolectos del mundo, los hablantes siempre lo hacen cantando. Todos tenemos nuestro canto peculiar e inconfundible cuando hablamos, sino que no nos damos cuenta. Se dice que el moribundo no puede percibir el olor fétido que exhala su propio cuerpo.

Asimismo, desde el punto de vista morfológico, hay una gran variedad de construcciones de los vocablos aumentativos, diminutivos o apreciativos, los hipocorísticos, los gentilicios, etc., etc. En una provincia, cuando pregunté por un lugar, me dijeron que estaba “lejononón”, y no faltó alguien que me contestó que aquel sitio “estaba tiro. En otra provincia, por decir que estaba lejos, me dijeron que estaba lejenque, o por algo que estaba muy agradable me dijeron que estaba riquenque. En otra, por estos mismos conceptos decían: “lejazos”, “ricazo”; a sabiendas de que en la lengua estándar es “lejísimos” y riquísimo”, respectivamente. Y hay más.

Finalmente, desde el punto de vista sintáctico, hay también grandes diferencias, especialmente, las hablas influenciadas por las lenguas originarias, por ejemplo, cuando alguien nos pregunta: “¿De ti también hay tus hijos?”, por decir: “¿Tú también tienes hijos?” Cuando una mujer expresa: “De mí no hay mi esposo”, ha querido decir: “Yo no tengo esposo.” Muy frecuentemente se escucha decir: “Ya es la siete de la mañana”, por pretender decir: “Ya son las siete de la mañana.” En este punto se tiene que saber que, a diferencia del castellano, en quechua no hay concordancia de número entre sujeto y verbo. Hay muchos otros casos que debemos apresurarnos a aprender. En otras ocasiones hay otras construcciones que corresponden a formas de hablar del castellano arcaico. Este es otro reto para quienes tienen la obligación de tratar de una manera intercultural.

A pesar de todo lo que hasta acá se ha dicho, aún existen muchos enemigos de las lenguas y culturas originarias, y su aversión se amplía hasta los dialectos, hablas e idiolectos. Como si estos fenómenos lingüísticos no fueran formas idiomáticas inexorables. Cuánto nos falta aún conocer. Bien decía José Martí: “Los que quieren saber son de buena raza y los que no quieren saber son de mala raza.” Todos debemos proyectarnos a hacer valer nuestra raza. El propio Ministerio de Educación se empecina en hablar de “Educación Intercultural”, por un lado y de “Educación Bilingüe” por otro. Como si se trataran de dos fenómenos totalmente distintos, ignorando que, realmente, se trata de un fenómeno socio y psicolingüístico dual, indisoluble. Pretenden separar ambas áreas como quienes pretendían separar a Don Quijote de Sancho Panza. Sin saber que uno sin el otro no es nada, que ambos se necesitan mutuamente para deshacer entuertos, imponer la justicia en el mundo, para cumplir con su cometido. Así como el personaje dual Quijote – Sancho de la más grande novela de las letras españolas, así se necesitan interculturalidad y bilingüismo. No es nada una sin el otro. Es una simple pose, una mentira rotunda. No debe haber más disquisiciones al respecto. Se pierde tiempo preguntando por algo que está tan claro como el día. En el siglo XIX, Bolívar no tuvo tiempo para preguntar a los pueblos si deseaban independizarse del yugo español, si deseaban su libertad. Actuó, simplemente, con resolución. Aunque al final le pagaron con la ingratitud y el olvido. Qué importa, pero libertó cinco repúblicas. Más tarde, en el siglo XX, Juan Velasco Alvarado no preguntó a los pueblos si querían que se enseñara el idioma quechua, o los idiomas quechuas. Simplemente, tomo la resolución, aunque no pudo ver cristalizado su más caro anhelo.

Por todo ello, reafirmamos el hecho de que la Educación debe ser Bilingüe Intercultural y no Intercultural Bilingüe; es decir, primero bilingüe y luego intercultural. Cajamarca va indesmayablemente camino hacia la revitalización lingüística del RUNASHIMI, variedad Cajamarca – Cañaris. Allá vamos todos. ¡Avante!

Cajamarca, 12 de mayo de 2014

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