FRANQUICIA DEL OIDOR

Escribe: Ricardo Cabanillas*

 

LUIS JAIME O LA PALABRA EN EL TIEMPO

 

            Inaugurar auspiciosamente “la franquicia del oidor”, para orientar nuestra palabra al servicio de la cultura cajamarquina, no es tan  fácil cuando nos sorprende de pronto la infausta noticia de la extrañación física de un maestro universitario, cuya vida y obra  ha sido un paradigma para muchas generaciones de intelectuales de nuestro país. Falleció Luis Jaime Cisneros, notable lingüista, filólogo y educador de juventudes, este 20 de enero a los 89 años. 

 

Fue en agosto de 1987 cuando lo conocí, aquí en nuestra universidad, en un evento lingüístico regional, organizado por el Departamento Académico de Idiomas y Literatura. Me enteré que su vuelo –en esa época eran irregulares los viajes aéreos- sólo había llegado  hasta Trujillo. Allí fueron a recibirlo, con todos los honores,  Iván León y Segundo Rojas.  En todo el trayecto de la carretera Trujillo-Cajamarca,  Luis Jaime,  rompió el protocolo académico para explayar su palabra y deleitarse con la diversidad del paisaje. La plática fue desbordante como la fresca cerveza que acompañaba a los viajeros.  Y cuando llegó a Cajamarca, a las 11 p.m., no se rompió  aún de la tertulia.  “La plática está muy interesante, ¿no habrá por ahí, tal vez,  algún generoso amigo, amante y defensor de la palabra,  que pueda invitarme tan sólo una cervecita?”

 

 Iván león lo condujo hacia el hoy desaparecido local de “La Taberna” pues la palabra indoblegable en el tiempo, debía ser liberada del corazón y homenajeada hasta la luz del alba. Luis Jaime no era un bohemo, simplemente estaba extasiado. Iván León, se asombró de la incólume resistencia del Académico visitante. Y como  la canción dice: “y nos dieron la una y las dos y las tres”,  los contertulios seguían rindiendo pleitesía a la palabra. Los sintagmas, morfemas y lexemas,  vibraban ebrios y  felices en los labios de los dialogantes.  “Y las cuatro y las cinco y las seis”. Luis Jaime e Iván león eran dos caballeros andantes, celebrando el éxtasis de la cabalgata lingüística,  perdidos en el hipnótico centro de  la noche. Hasta que el anfitrión, mirando con disimulo su reloj, dijo finalmente. “Oiga Doctor, disculpe mi impertinencia, con todo respeto debo indicarle que  ya son las seis de la mañana, recuerde que usted tiene una conferencia a las ocho. Luis Jaime, con fino humor negro, contestó sonriendo – “Bueno,  y quién va a dar la conferencia, ¿tu o yo?”.

 

El Aula Magna estaba repleta. Luis Jaime llegó puntual a la conferencia. Era un hombre alto, casi delgado y flemático. Sus sesenta y seis años vestían de negro, y con lentes negros, pues no había dormido en toda la noche.  Luis Jaime -así le gustaba que lo llamen-, con su elegante  humor, comenzó a disertar -¡Quién podía dudar de su insomne ecuanimidad!-, sobre la enseñanza de la lengua en el sistema educativo. Y toda el  Aula Magna quedó rendida ante su palabra.

 

Luis Jaime volvió a Cajamarca en el 2001, para recibir el Grado de Doctor Honoris Causa otorgado por nuestra universidad. Lo encontré  en el Hotel de Turistas, platicando  con Jorge Salmón. Decía él que no era político, pero disertaba muy bien sobre política. Más allá de sus ochenta años, Luis Jaime rebosaba de juventud. Era el emblema de la juventud; pues, siempre estaba rodeado de estudiantes. Era un celoso guardián de la puntualidad y enemigo de la falsa lisonja. Alguna vez dijo: “Hay tres cosas que detesto, la impuntualidad, la improvisación y la adulación. Me molesta que me adulen y que crean que saben y luego hablen mal. Yo soy incapaz de hablar sin prepararme. No puedo hablar si no he escrito antes lo que quiero decir. A mis clases llego y les doy una hoja con el resumen de todo lo que hablaré”. Así era la personalidad de Luis Jaime. Ahora el corazón de nuestra Universidad está de duelo, pues uno de sus ilustres docentes ha partido hacia ese horizonte incognoscible, donde también se encuentran nuestros irreemplazables colegas: Enrique León Velarde, Pablo Sánchez Zevallos, Juan Castañeda Burgos, Manuel Ibáñez Rosazza,  etc.

 

Luis Jaime nació un 28 de mayo de 1921.  Descendiente de poetas y letrados: Luis B. Cisneros (su abuelo) y Luis Fernán Cisneros (su padre). Estudio Filología y Medicina en Buenos Aires. . Fue desde 1948 docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica.  Miembro y conductor de la real Academia Peruana de la Lengua,  Miembro de la Real Academia española,  de la  Academia norteamericana de la Lengua Española, y de la Academia de Letras de Uruguay. En tres ocasiones fue galardonado con el Premio Nacional de Cultura: Crítica (1948),  Pedagogía (1956 y 1963).  En mérito a su labor académica, le fueron otorgadas las Palmas Magisteriales (1992). Más que un lingüista clásico, era Luis Jaime un filólogo, “un enamorado de las palabras”, como diría Octavi Fullat. Gran humanista y lector consumado de Borges y del Quijote. “La lectura es para mí una enfermedad hereditaria”. Qué profundo mensaje para todos, pues la lectura es un tema que aún no se resuelve en nuestro país. “Ese es el problema si tú no sabes leer, no comprendes. Si no comprendes no puedes explicar y si no puedes explicar lo que comprendes, para qué diablos hablas con el otro”.

 

Cuando alguien parte en viaje definitivo, deja en su despedida un profundo  vacío, pero también un reconfortante hálito filosófico, que se convierte en la impronta paradigmática  de nuestra condición humana: “Puedo extrañar presencias de personas que no están. Pero en realidad extraño el futuro, lo que no ha llegado, lo bueno, lo malo y lo definitivo”.

 

            Por eso, Luis Jaime ha sido, es y será  palabra en el tiempo.

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*Ricardo Cabanillas Aguilar es un distinguido intelectual, poeta,  escritor y ensayista; ganador de diversos certámenes literarios  regionales y nacionales. Ha publicado diversas obras en poesía, teatro, narrativa  y ensayo. Actualmente labora en la Facultad de Educación y en la Escuela de Post Grado de la Universidad Nacional de Cajamarca. El presente Discurso de Orden fue pronunciado el día jueves 09 de septiembre de 2010, en el Aula Magna de la Universidad Nacional de Cajamarca.

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