FRANQUICIA DEL OIDOR

Escribe: Ricardo Cabanillas[1]

JOSÉ MARÍA Y LA UTOPIA INTERCULTURAL

 

Dr. Ricardo Cabanillas AguilarEste año debió llamarse “Año del nacimiento de José María Arguedas”. Por historia, por derecho y  por la trascendencia de la obra arguediana.  No obstante, vivimos en un mundo de increíbles paradojas. Con la denominación de Año del centenario de Machu Picchu para el mundo”,  se prefirió rendir pleitesía a Hiram Bingham, un explorador diletante, un militar y político cazurro, una especie de “Allan Quatermain” o “Indiana Jones” norteamericano. Que sospechosamente – ¡gran  infortunio para nuestro país!- se  llevó consigo más de 46,000 mil piezas arqueológicas, con la indisimulada anuencia de nuestros gobernantes,  dizque para  “estudiarlas” y “ponerlas a buen recaudo” en la Universidad de Yale. 

 

Qué pérfida y sarcástica es la Historia. No valoramos lo que somos ni lo que tenemos. El propio historiador, don Luis E. Valcárcel, silenció las voces de Agustín Lizárraga, Gavino Chávez y Enrique Palma,  quienes pusieron su inscripción en  los muros de la mítica ciudad en 1902, mucho antes que “Indiana Jones”. No obstante, para la comunidad científica del siglo XX, debía ser la voz de un americano quien diera a conocer al mundo este inestimable hallazgo. Los peruanos no hacemos valer aún nuestros derechos. Tiene que ser un extranjero que mastique chicle, sonría a lo Kuczynski,  tome fotos a nuestros campesinos, y las difunda a través de laNationalGeographic, para obtener ingentes dividendos, en una suerte de  “descubrimiento” y “promoción”  de nuestra milenaria cultura. 

 

¿Es que el conformismo nos ha ganado la batalla y nos ha tornado infelices? ¿Es que nuestra  autoestima ha sido estigmatizada por un malévolo y extranjero hado? ¿Que acaso la antigua voz de la tierra, de nuestros  dioses, de nuestro ancestro,  se ha perdido para siempre?

 

Somos aun el divertimento para las culturas dominantes. Nos definen como tribus subdesarrolladas, conformadas por gentecillas de mediana estatura, morenos, mestizos, zambos, cholos, vestidos con poncho, polleras  y ojotas o con plumas, como guayacamayos que danzan con tijeras para la delectación de los turistas dueños de la globalización.  Quizá por eso, José María Arguedas haya escrito: Dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor”.

 

José María Arguedas es quizá la última reserva cultural para recuperar nuestra autoestima hundida en el olvido. José María es la voz de la tierra, que nos enseña las claves del  código para entender la conectividad  del  mundo de arriba  (hanan Pacha) con el mundo de abajo (uku Pacha)  y con el mundo presente (Kay Pacha). La voz de José maría es un puente que une los dos lados del tiempo (el lineal con el circular). Es la clara visión intercultural para conectar los mundos divididos, inciertos y encontrados. Nos permite  romper la mitomanía, la paradoja y el silencio que obran voluminosamente en nuestra cultura peruana.No obstante, advertimos que  hay una complicidad  jerarquizada en quienes detentan la posibilidad de generar una política intercultural que nos abra hacia el diálogo, la comprensión y la integración. Arguedas  escribió: Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros, doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.

 

Este año, la política educativa debe priorizar la lectura de las obras de  Arguedas en todos los niveles educativos. Porque nuestro espíritu tribal, instintivo, emotivo y conectivo necesita ser rehabilitado para asumir el desafío propuesto por el ilustre maestro: forjar la utopía del diálogo intercultural. Es cierto que la utopía es una imagen ideal que uno persigue, pero que nunca se logra. Sin embargo esa imagen ideal, clara y profunda,  es la impulsora de nuestros sueños y esperanzas (u-topos) para lograr nuestros objetivos  reales (u-logos). La utopía genera compromisos e impulsa la acción comunicativa.Sin utopía la plasmación del u-logos es frágil e insustancial.  Por eso, más allá del hecho literario, más allá de las fronteras lingüísticas, sociológicas y antropológicas, es necesario comprender y aprehender el diálogo intercultural. Como un llamado definitivo desde  las hondas raíces de la pacha mama,  con un sonido convocante e inclusivo, coincidiendo con el principio filosófico de la alteridadpropuesto por EnmanuelLévinas; es decir, la alternancia conectiva entre el yo con el otro, generando el diálogo y el consenso: “No huyas de mi doctor, acércate Mírame bien reconóceme. ¿Hasta cuándo he de esperarte? Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero. Yo te invitare el licor de mil savias diferentes”.

 

No hace falta mayor exégesis para entender este universal llamado. Por eso, debemos Impulsar la comprensión lectora desde el hogar, desde la escuela, desde la universidad. Una lectura vivencial, centrada en el Yo profundo de la educación. Centrada en la afectividad, el sentimiento cósmico propio de nuestras gentes. Para quienes todo está vivo y todo está articulado en el TODO. “Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten. O sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas ¿es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?”

 

No, la antigua voz de la tierra no está perdida ni desfigurada. Sólo nos falta afinar el oído para escucharla. Está allí, aleteando viva, como una canción,  en el  centro mismo de la palabra eterna de José María. Porque él– ¡digámoslo de una vez!- es la antigua voz de la tierra que nos queda en el asombro todavía.
 

[1]RICARDO CABANILLAS AGUILAR, es Dr. En Ciencias de la educación, poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, laureado en diversos certámenes literarios regionales y nacionales.  Ha publicado: “La Casita Teja Roja” (1991), “Fábulas del Arco Iris” (1993),  “Canto rodado desde la cima del trueno” (1995), “Exhorto a la palabra ausente” (2000).  Actualmente es docente de la Escuela de post Grado y de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Cajamarca.

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