Solo sé que no sé nada

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Hugo REYNA GOICOCHEA

 

El clima de tensión social que se vive en el país y en la región, respecto de las explotaciones mineras y las fulminantes declaraciones del presidente Ollanta Humala respecto a: “Oro y agua”, que signa la posición del ejecutivo de dar luz verde a este tipo de  inversiones en nuestra patria, ha alborotado el avispero.

 

Este peliagudo tema, el cual indudablemente, genera posiciones antagónicas y también conciliadoras, ha propiciado el salto a la palestra mediática de un  variopinto grupo de “autorizados voceros” o de “comentaristas especializados”, de diversas posiciones, inmersos o no directamente en  este conflicto, que a no dudarlo, nos involucra al conjunto de la sociedad, querámoslo o no.

 

Al respecto, políticos, empresarios, sindicalistas, religiosos, periodistas,  ronderos,  y  también los ciudadanos de a pie, expresan, por así decirlo, sus distintas posiciones, con argumentos, que a su entender,  sostienen sus respectivas tesis: apoyo, rechazo o simplemente  planteando una posición condescendiente, que a su modo de ver, beneficie a “tirios y troyanos”.

 

Es así que a diario podemos leer en los medios escritos, páginas web y redes sociales, escuchar en la radio u observar a través de los programas televisivos, las distintas posturas de los “especialistas” en los temas mineros, en sus presuntos beneficios o eventuales perjuicios para el medio ambiente, los recursos naturales y la propia población; es decir, hay para todos los gustos, sino recréense cambiando de sintonía en las radios o canales de televisión, solo por muestra.

 

Toda esta situación, no obstante, viene generando un ambiente de contundente confusión, que estoy seguro, signará el proceso social de las próximas décadas, sin que realmente uno u otro lado, logre posesionar sus argumentos en el conjunto de la sociedad, cuya dinámica, bien sabemos, se desarrolla en el marco de las contradicciones propias de la posición  en la que se ubican las clases y grupos sociales, con sus intereses antagónicos. Total la contaminación no mata sino a largo plazo.

 

Sin embargo, lo real, en la actual coyuntura que vive el país, es que el primer mandatario, cuyo discurso de campaña, en nuestras provincias, fue de defensa contundente de los recursos naturales y el medio ambiente frente a las actividades mineras, plasmada en la frase: ¡Oro u agua!; ha tenido un substancial cambio, que estamos seguros que ni PPK, terminará de asombrarse: ¡Oro y agua!; un viraje,  que para el empresariado minero es muy positivo; pero que para los otros sectores, no es compatible, por el peligro inminente de un impacto negativo ambiental, en tanto el Estudio de Impacto Ambiental EIA, que se aprobó a fines del gobierno anterior, estaría para reevaluarse y completarse, dados los cuestionamientos de su real validez.

 

Frente a esta problemática, de contrariedad de intereses, frente a la postura del ejecutivo, miembros del legislativo,  presidentes  regionales y alcaldes, así como representantes de las organizaciones de la población, entre otras; con posiciones antagónicas, hacen  avizorar, a futuro inmediato,  la exacerbación de los conflictos y problemas sociales, latentes en muchas regiones del país.  Antecedentes cercanos los tenemos en Huancavelica, Puno, Piura, Ancash y Cajamarca; situación, que indudablemente, a nada bueno nos conducirá.

 

Lo cierto es que a nadie conviene este clima de tensión social; por lo que se invoca, dentro de una amplia apertura y diálogo democrático, con criterios de racionalidad, la convergencia de intereses, sobre la base previa,  de la disposición de los estudios de impacto ambiental, cuyos resultados garanticen realmente, que no se comprometerá la existencia de los recursos naturales a futuro y tampoco la generación de impactos negativos en el medio ambiente: las experiencias de la  actividad minera en los últimos años, no nos ha dado muestras de responsabilidad, sino todo lo contrario; por lo que por justa razón genera tremendas dudas.

 

Claro que sí, todos tenemos una posición al respecto, pero con tanta información de todo tipo de  “especialistas y entendidos en el tema”, de supuestas voces autorizadas, con posturas diametralmente opuestas; se generan tremendas confusiones,  que no obstante dan en la yema del gusto a uno u otro sector, en los diferentes medios de comunicación social.

 

Termino esta apurada reflexión haciendo eco de la ironía socrática, en esta convulsionada coyuntura, y respecto a este candente tema: ¡Solo sé que no sé nada!

 

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