¿POR QUÉ APRENDER O MANTENER NUESTRAS LENGUAS ORIGINARIAS?

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Prof. Jacinto Luis CERNA CABRERA

Presidente de la Asociación Nacional de Maestros de

Educación Intercultural Bilingüe del Perú - Cajamarca

 

Santiago E. Antúnez de Mayolo R., en su obra Uso del espacio agrícola precolombino, nos cuenta que las construcciones precolombinas fueron asísmicas; pues estaban hechas mediante técnicas de eliminación de esfuerzos cortantes, entre ellas mediante patines deslizantes que consistían en nivelar y apelmazar el piso y endurecerlo con sangre (Idolatría Cajamarquilla 1656:20; Machaca 1657:5; Sarnguay 1741:6v), sobre el cual se echaba una delgada capa de arena y encima se ponían piedras irregulares y/o simplemente los adobones (secados de dos a tres años), y sobre estos se construía el resto del muro. No hace mucho tiempo –prosigue el estudioso– en el Japón han ideado la construcción de edificios asísmicos, empleando patines deslizantes. Esta técnica se empleó hace muchos milenios y aún se ha visto en Ancash que sigue siendo empleada por los campesinos. Por otro lado, una sentencia del Inca Pachacútec reza: “El que procura contar las estrellas no sabiendo aún contar los tantos y los nudos de las cuentas digno es de dar risa.” En nuestra región y el Perú aún no sabemos –aparte el oro que explotan empresas transnacionales– la inmensa riqueza que nuestra tierra encierra y nuestro mar encubre. Y de esta manera, estamos mal enseñando a nuestros niños, adolescentes y jóvenes a aspirar aires extranjeros ignorando casi totalmente los nuestros.

No se pueden conocer todas las manifestaciones espirituales y materiales de una sociedad si no se entra por la puerta clave que es el idioma. No se podría conocer casi nada de la cultura de nuestros antepasados si no aprendemos o mantenemos primero nuestras lenguas originarias. Por eso, en Estados Unidos, aparte las academias y las clases particulares que se brindan a interesados, se enseña el quechua en veinticinco universidades; en Alemania se viene enseñando nuestro runashimi desde hace más de ochenta años, y en muchos otros países del mundo. En Italia hay una gigante empresa comercial que lleva el sencillo nombre de Quechua, vocablo que se honra en imprimirlo en todos sus productos que fabrican y ofrecen. Doy fe de ello. ¡Cuánta importancia se brinda a nuestros idiomas originarios en el extranjero! Tanta que este humilde peruano aprendió el quechua de las lecciones que recibiera de un maestro norteamericano, el Dr. David Coombs Lynch. Conozco a otros grandes estudiosos, como David Weber y Gary Parker, por ejemplo, entre otros no menos destacados. Felizmente, en nuestra patria también tenemos a grandes maestros, de la talla de Alfredo Torero, Rodolfo Cerrón-Palomino, Luis Enrique López y Juan Carlos Godenzi y algunos más. Sin embargo, este potencial nacional y extranjero no ha sido aprovechado adecuadamente por las políticas de gobierno imperantes sucesivamente, excepto las del General Juan Velasco Alvarado. De allí que, a la fecha, se haya dado mucha importancia sí a los idiomas extranjeros, como si sus culturas fueran más ricas que las nuestras.

Es lamentable que en nuestra región, muchos profesionales no conozcan ni los más elementales aspectos de la lingüística quechua ni menos awajún. Ya lo decía Simón Rodríguez: "Más cuenta nos tiene entender a un INDIO que a OVIDIO.... ¿¡Es posible!? que vivamos con los indios, sin entenderlos. Ellos hablan bien su lengua, i nosotros, ni la de ellos ni la nuestra".  Un profesor rural, por ejemplo, no sabe por qué su alumno dice: “Lurinsu, Timutiyu, tiyu, batiya, virdiya, amarilliya”, por decir: “Lorenzo, Timoteo, tío, batea, verdea, amarillea.” No sabe tampoco por qué dice: “De nosotros no hay nuestras wishas”, por decir: “Nosotros no tenemos ovejas.” No sabe por qué el niño, frente a la pregunta ¿quién mató a Atahualpa?, conteste: “Dicen que fue Franciscu Pisarru”, por decir: “Fue Francisco Pizarro.” O frente a la interrogante, ¿Ya ha llegado tu papá?, el niño conteste: “No todavía llega”, por decir: “No llega todavía”, o “Todavía no llega.” Tampoco sabe el maestro por qué su alumno le dice: “Préstame usted tu lápiz”, por decir: “Présteme usted su lápiz.” Los ejemplos abundan tanto que se podría hacer un libro de este bello dialecto que constituye la voz de los pueblos por excelencia. Y nosotros, los profesores, nada o muy poco hemos hecho hasta ahora desde la Universidad, y menos desde el colegio o la escuela por comprender a esta gente que es la nuestra y no la ajena. Más nos inquietamos por lo exótico que por lo nuestro. En este punto, saludamos, empero, la actitud de un considerable número de alumnos, profesores y autoridades de la UNC al haber votado, en el último Claustro Pleno, por la instauración de la enseñanza de las lenguas originarias de la región Cajamarca en la Facultad de Educación, vía creación del Departamento de Idiomas Extranjeros y Nativos, independiente del Departamento de Lengua y Literatura. Aunque un grupo insignificante de docentes y alumnos se haya opuesto a tremenda fuerza democrática que apostaba por el quechua y el awajún, aduciendo que significaría retroceder en todo lo que se ha avanzado hasta ahora. Y entienden como avance la saturación de la ciudad con vehículos, con artefactos, con celulares, con siembra de cemento y con la compra de productos “alimenticios” chatarra; es decir, para el común de esas gentes, una sociedad evolucionada es aquella que vive del consumismo y el espectáculo irracionales; pero, lo más indignante es que tienen adláteres condicionados. Levantan la mano en contra de la enseñanza de nuestras lenguas originarias, alentando, con ello, más alienación y más odio a nuestra laboriosa raza.

Aquellos funcionarios públicos ignoran o no quieren reconocer que el dos de julio de dos mil once, felizmente, se ha dado la Ley veintinueve mil setecientos treinta y cinco, que en su artículo catorce dice: Inc. 14.1. “En el marco de la Política Nacional de Lenguas Originarias, Tradición Oral e Interculturalidad se deben identificar las causas que generan la erosión progresiva y la extinción del patrimonio oral, así como prever las medidas necesarias para evitar la pérdida definitiva de las lenguas originarias.” Inc. 14.2. “Las lenguas originarias en peligro de extinción reciben atención prioritaria en los planes, programas y acciones públicas de planificación lingüística, orientados a rescatar dichas lenguas”, y en el Inc. 14.3. “El Ministerio de Educación, el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Investigación Tecnológica (Concytec) y las universidades promueven y priorizan la investigación y la difusión de lenguas originarias en peligro de extinción.” Por otra parte, en el artículo dieciséis, a la letra, dice: “El estado garantiza y promueve la enseñanza de las lenguas originarias en la educación primaria, secundaria y universitaria, siendo obligatorias en las zonas en que son predominantes, mediante el diseño e implementación de planes, programas y acciones de promoción y recuperación de las lenguas originarias, tradición oral e interculturalidad.” Asimismo, pretenden atropellar la majestad de los temas transversales del currículo de la educación peruana que establecen el irrestricto ejercicio de la equidad, la inclusión, educación intercultural, el bilingüismo y la ética y la moral. Consecuentemente, quienes pretendan negar la urgente implementación de la enseñanza de las lenguas originarias en nuestra región y el Perú –sospecho que será por mala fe que no por ignorancia– cometen, no solo un craso error, sino, un delito de lesa humanidad, el mismo que recibirá, estoy seguro, la más drástica y oportuna censura por parte del Pueblo.

Cajamarca, 31 de octubre de 2011.

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