MI BELLA YUNGAY
Con el mayor respeto y admiración
un saludo fraternal para todos
mis queridos paisanos ancashinos
desde el bello valle Cajamarquino.
Deilú Elizabeth Oliveros Soto.
Cajamarca 31 de mayo del 2010.
Quien no
recuerda el imponente garbo y hermosura de nuestra bella Yungay, y lo digo
nuestro, porque aunque no tuve el privilegio de nacer en esa hermosa tierra, me
siento ancashina por tener el honor de llevar sangre ancashina por mis venas.
“Yungay hermosura”, como tan noblemente te bautizó el sabio Antonio Raymondi,
tierra generosa de noble corazón que vestías presuntuosa el matiz verde de tu
tapado andino, el cual deslumbraba con las flores impregnadas de tu pollera,
semejando al colorido bordado de las polleras ancashinas.
Aquel fatídico domingo de Mayo te vestiste de gala, luciste tu sombrero blanco de nevado matiz, dibujaste una sonrisa en tu faz, sin presentir siquiera que aquel día sería el último en el que vestirías tu hermosura e impregnarías tu algarabía bajo las faldas del nevado Huascarán. Siendo las tres y media de la tarde aproximadamente un alud envolvió a la bella Yungay ,sin permitirle siquiera recoger su sombrero o acomodar su frondosa cabellera, solo bastaron unos fatídicos segundos para sepultar en lodo y piedra la belleza yungayina, parecía como si una maldición hubiera caído en el atardecer yungaino .Solo la esperanza se impregnó en el viejo cementerio de la ciudad, desde donde el colosal Cristo aclamara entre el estruendor de la tarde, pidiendo que sus hijos acudan hacia él, para poder socorrerlos y protegerlos ; también pudieron salvarse aquellos yungayinos que acudieron esa tarde al circo VEROLINA que frente al desosiego y calamidad borraron las sonrisas domingueras convirtiéndolas en tétricos gestos y moribundas miradas avasalladas de gritos y desesperación.

El hielo, había recorrido por la quebrada de Ranrairca acarreando lamentos ,oración y muerte; en la inmensidad del dolor contemplaban desde lo alto temerosos y taciturnos el Huascarán y el Huandoy, imponentes colosos, que recordaron su travesía de haber sido convertidos en colosales nevados frente al inclemente llanto del soldado Huáscar y de la princesa Huandoy, y al dejar caer su llanto formaron las lagunas de Orconcocha y Chinancocha que más adelante se convertirían en la bella y majestuosa laguna de LLanganuco.
Huascarán, imponente y pétreo coloso, hoy sufres el vacio y en desesperación aclamas a tu bella princesa de noble y sincero corazón ,que fue bautizada como “Yungay hermosura”, que sucumbió bajo la furia de un frío y tétrico bloque de hielo , el cual fue envolviendo a su paso feroces rocas que desprendían una sombría desolación precipitándose un domingo por la tarde , donde se confundían las sonrisas con la festividad de una tarde dominguera, donde se entonaba o se tarareaba un huaynito ancashino ,impregnado entre el matiz colorido de tu verde paisaje yungayino. Pues parece que desde aquel día los nevados de la cordillera blanca vertieran su llanto en las tormentosas aguas del río Santa y del río Marañón.
Mi bella Yungay hoy te recordamos bajo el cielo misterioso de un atardecer y te rendimos pleitesía y homenaje por tu grandeza y esplendor, y siguiendo tu ejemplo de resurgir de las cenizas, tus hijos, renacen entre la calamidad y el dolor. Es por ello que siempre recordamos el treinta y uno de mayo como fecha memorable y nos reunimos para brindarte tu merecido homenaje recordando tu nombre entre tu imponente belleza la cual siempre reinará; pues siempre te recordaremos con tu papa cashqui tu llunca cashqui tu tarwi picchu asentado por una chichita de jora que se confunde entre la algarabía de un huaynito ancashino y de un nuevo amanecer.
“Nosotros los ancashinos somos como el Huascarán, imponentes, soberbios pero profundos y grandes de corazón, que nacen de la inmensidad de la noche y perduran y sobresalen frente a la inclemencia y a la desolación.”
Huascarán
HUASCARAN imponente nevado
Gallardo y misterioso, de noble corazón.
Donde tus cumbres se yerguen en el infinito
A saludar al cóndor en el amanecer,
Con tu poncho blanco acoges la noche
Y con tu silbido aplacas mi pena al atardecer.
Huascarán
Imponente nevado de soberbia mirada
Soberano, gallardo y altivo
Aun en la distancia y en el olvidio
Acoges mi pena y mi melancolía
Noble soberano de poncho blanco
Eres el solemne símbolo de nuestra gallardía
Pese a la distancia y la ingratitud
Solemne y peregrino me acoges en tu pecho
de tu puro y blanco corazón.
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