CANTARES DE MUJER

 

Presentación    Cantares de Mujer

 

Cuando la tristeza se desborda…

¡Qué poder decir cuando todo está oscuro!  Hasta los días en julio florecientes, ramos luminosos de raudos espacios, amanecen lagrimeando de pena ante tanto deceso de hombres y mujeres de ésta, como de otras tierras. Rita se llamaba, cantaba yaravíes en sus soledades, en sus insomnios de día, en sus ataques de amargura.  Su madre, Jesús, la trajo en devaneos de juveniles amores bajando por la cuesta de Santa Apolonia.

 

(Internet Chabela Vargas)

 

La acunó en sus brazos y le puso luz donde no había.  ¡Le borró las sombras de los abandonos!   Le enseñó a lavar ropa ajena como ella lo hacía, en preciosas y frescas aguas chonta achinas.  La vistió de amor, llenando el vacío del ausente padre.  Se hizo mujer en la lucha diaria y una buena tarde, con el quipe atado de sueños, en sus juveniles espaldas, la vistió de encanto el hada madrina y el príncipe del hotel, que trabajaba día y noche atendiendo clientes; le preñó el vientre una y otra vez.  Vinieron los nietos de la Ma´ Jesusita.  Ella muy feliz los fue amamantando con la ternura de su pecho henchido.  Lavando la ropa sin fin ni principio para que nada les falte, a los hijos de su hijita amada.  Fueron padre y madre en la educación, curando los males, limpiando los sustos, zurciendo la dicha que veloz se escapa.  Esos gratos frutos son profesionales, trabajadores fuera y dentro de casa.  Crecieron contentos, respirando vida.  Vinieron biznietos a Ma´ Jesusita.  El biznieto médico quiso sanar a su abuelita con todo lo que había aprendido, pero ya fue tarde, nada pudo hacer ante el enemigo que asecha, de juro, por todo lugar.  A las 6.30 p.m. fue dejando poco a poco, las escaleras del tiempo, a la hora en que escapa la luz y se puebla el parque de toda tiniebla.  Sucumbe el brillo de los ojos y el alma se prenda de todo misterio. La muerte, en contubernio con la pandemia, arrasa la vida, la paz, la esperanza, sin tregua ninguna ganan mil batallas.  Cientos, miles de cadáveres caídos en guerra invisible, que acaba día y noche, asolando al mundo.

 

Tocando el piano despide el silencio a la madre muerta, que un día, enamorada, pariera hijos de sus entrañas, que juntos criaron con Ma´Jesusita. Ya están en la eternidad, lavando las túnicas de celestes ángeles.  Almidonando camisas divinas de Dios y los Santos.  Manantiales puros de agua bendita, calman la sed de tantas víctimas de esta fiera guerra que ya nunca acaba. Seguirá asolando hogares y calles; escuelas, mercados, caminos sin rumbo, perdidos por siempre

Rita, Danny, Joel, Doris, Nelly, tantos, tantos nombres… doliendo en la entraña, que se queda huérfana, que se queda sola, aguaytanto el dolor detrás de la puerta.  Sin pan, ni cariño quedan los deudos, vacío el bolsillo, vacía la vida.  Prender esa lámpara que alumbre el camino sin nadie, ni una mano aferrada al adiós postrero.  El aire ausente por completo.   Chorrea el silencio en lágrimas mudas.  La madre se ha ido regando recuerdos por toda la casa.  Su nombre descuelga su tibia ternura, aún humeante el fogón donde hervía la risa y la vida.

Cajamarca, 28 de julio de 2020.

 

Inicio


Presentación    Cantares de Mujer