Cantares de Mujer.

 

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CANTARES DE MUJER

 

Adiós, vieja amiga

 

Socorro Barrantes Zurita

 

Hoy, 6 de enero del 2024 te despido del escritorio de mi padre, en el que, Don Augusto, deslindaba con los libros las razones de su pensamiento, firmemente, creía, que tenían razón de estar allí, sobre el escritorio, iluminando la cordura de su vida.  Rumas de libros, revistas, documentos, sellos, plumas de escribir, junto a los tinteros azules, el almanaque Bristol; tarjetas, que el servían para delinear notas recordatorias, fechas, recibos, otros, motivando dinamismo, servicio, nuevo uso, en una época en que todavía no había la cultura del reciclaje.

Mas, hablemos de nosotras, COMPUTADORITA MÍA, somos viejitas las dos.  Nos entendimos de maravilla.  Tu sabías lo que pensaba, lo que sentía, lo que soñaba.  Caminábamos al mismo paso.  Tu compañía era cotidiana, las dos nos hallábamos en el escritorio, recibías mis pensamientos, aunque no siempre estabas de acuerdo con ellos, pero qué decir, callabas e ibas recibiendo las cojudeces que de mi cerebro salían.  El cerebro tuyo era bastante cuerdo, pero yo no te dejaba imponer tu voluntad, así es que callabas, te vencía el sueño ya.   En los últimos años te rendía el cansancio de tanta vereda andada, de tanto muspar las mismas cosas.

Eras cálida, amiga de mis auroras y crepúsculos, existiendo en la centella del tiempo te halló la noche, la luz de la luna no era suficiente para alumbrar el cerebro de tus días. Compartías tus dudas con el resistente teclado, el que sabía de migajas, de humedades cuando yo llevaba fiambres para abordar el ciber espacio. Se llenaba de polvo y cicatrices, pero completamente fiel para capturar la palabra, aunque le causaban dolor de muelas tanta migaja metida entre sus vértebras humildes de su caucho sensitivo y noble.  Conversabas también de la buena impresora que nunca tuvo un tropiezo grande.  Siempre acomedida burilaba las letras en la página en blanco.  Le enojaba que no le den órdenes claras o cuando el papel se tropezaba y quedaba arrugado.  Pero también, amiga íntegra, conocía de mis arrebatos y culpas de no saber, como debe ser, manejar la tecnología de este siglo. Tres amigos que me acompañaron sucesivas décadas. Perdón, olvidaba el equipo de sonido, con sus parlantitos que ya nadie usaba; repetidas veces me acompañaron con la música del YouTube.  Te daba la flojera y te apagabas das, teniendo que renegar para que vuelva tu sonido de amigo sin olvido.  No hubiese querido dejarlos nunca, pero, es hora de vuestro descanso frente a un trajín día a día.  Mi querida pantallita, pequeña, pero efectiva como la hormiga trabajadora sin pestañear el ojo, unida a ese cerebro en cordón umbilical, igual que el sonido, que aflojaba sus tornillos y enmudecía, sin dejar rastro de sonido.  Cada uno de este complejo engranaje dieron el más cálido refugio a mi soledad a cuestas.  Vosotros mis amigos, mis panas amados, nunca podré olvidarlos.  Los quiero y les pido perdón por encajonarlos y dejar pasar el tiempo hasta volver…

Cajamarca, 6 de enero del 2024

 

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