Presentación Cantares de Mujer
JAVIER Y MI MADRE
Socorro Barrantes Zurita
Según
las leyes del zodíaco, ambos nacieron a finales del mes de diciembre, son
capricornianos. El 28 Día de los Santos Inocentes, mi madre. Javier nació el
30, cerrando el año. No eran parecidos, pero ambos influyen en mi vida
notablemente. Mi madre nos dejó, sin siquiera
cumplir los 50, éramos dos
adolescentes y nos dimos con que la vida no era la casita de fino cristal que mi
madre idealizó para las hijas de sus entrañas. La vida es dura, cantería de
largo aliento. Nuestra madre también venía de esa cantera. Solita se inventó,
zurció su corazón de dolores intensos, que el caminó que anduvo le deparó.
Solita cantó en las tardes sin nadie, se acompañó de aquellas melodías
inventadas, que la hacían sentir única, en su soledad de fuego, en su camino de
cardo y espinas, también de mirtos, violetas, dalias, alhelíes y rosadas rosas
que hasta hoy brindan flores a los quindes, a los pájaros que cantan su
recuerdo, a las hijas de su entraña que hoy envejecen como los molles y la
higuera. Inventó un liderazgo, cuando la mujer aún permanecía en los guetos de
su casa. Liderazgo en su hogar, las decisiones importantes las tomaba ella, las
encrucijadas de los días grises, las resolvía ella, la construcción de una casa
renovada, la dirigía ella con sus invenciones y disciplina férrea. Nadie debía trasgredir sus normas, los protocolos para ser hijas de bien y de principios.
Nos quería buenas, lindas, trabajadoras, inteligentes, libres, yo no cumplí
esos deseos que seguramente toda madre quiere para las aves de su entraña, Pero
ella trabajó muy duró como una de sus vitales metas. En el hogar también hay un
o una líder y ella lo era en nuestra casa. Mas el amor de todo su cuerpo y su
alma, fue mi padre, quien aceptaba con benevolencia lo que ella era. Eso me
gusta porque supo aceptarla con esa fuerza que los dioses tutelares de la tierra
le concedieron. Fue líder también de mi barrio, el San José de los Valientes.
Si hubiese habido Concejo Vecinal, seguro que ella habría realizado una
magnífica labor. Fue líder de la Iglesia de San José, pues el Patriarca era ese
otro amor que la desvelaba en divinos pensamientos. ¡Ay madre, madre nuestra,
cuánto de ti aprendimos en tu corta e infatigable vida!
J
avier,
mi primogénito, distinto, pero capricornio también, con normas y protocolos
claros. Justo desde niño, generoso, pensando en los demás. No es perfecto,
seguramente, pero es un hombre de bien, como la abuela Inocenta hubiese
querido que así sea yo. Heredó la misión del Abuelo Augusto, cuidar de su madre
como la niña de sus ojos. Encamina mis tropiezos, mis caídas, perdona mis
pecados, me regala un sinfín de alegrías y ternuras. Los padres, en algún
momento empezamos a ser niños otra vez, malcriados no pocas veces. Y es que,
la maquinaria de los sueños, del pensamiento, del alma se va poniendo vieja,
adoleciendo de tal o cual malogradura que los hijos van tratando de sanar o, de
llevarnos a los médicos, queriendo curar lo irreversible. Nos adoptan, Javier
me ha adoptado como su hija a la que reprende sus malos comportamientos y me ama
como al ser que le dio la vida y sus circunstancias. Cómo ha pasado el tiempo
hijo mío, ya no
te llevo de la mano al Jardín de Niños, ahora vos lo haces y me llevas de la
mano a mirar ese mundo bueno que se escapa de las manos, ese mundo que inventó
mi madre para su familia, que la dejó morir tempranamente, nos entregó la vida,
después de tantísimo cansancio. Mi hijo Javier se levanta con la aurora, atisba
los celajes bellos y piensa en cómo le estará yendo a Isabel y entonces llama y
su voz es lluvia apacible en mi alborotado existir.
Dos seres de diciembre que iluminan una desde el cielo y otro desde esta fecunda tierra mis desgastados sueños que ya no quieren soñar.
Cajamarca, 26 de enero 2022.