Presentación Cantares de Mujer
ALFREDO, HERMANO DEL APU CALLACPUMA
Socorro Barrantes Zurita
Ruedan las piedras del cerro Callacpuma. ¡Hablando están las piedras! Al APU le duele mucho el alma, saber que su hermano, quien se preocupó de entender el idioma de su lengua en la roca pintada, él que le enseñara a levantar la cabeza y mirar al hermano Sol con el pensamiento en alto y el corazón amarillando de rayos y estrellas asombrosas, esté sumamente enfermo.
Le duele la vertiente de su pecho, cuando oye los quejidos del Amauta, entonces estallan las plantas de sus pies, se desborda el dolor también, en sus entrañas de cerro herido, por las máquinas que explotan los vendedores de cascajo, de arena, de su suerte, para enriquecer la trampa de su poder que compra leyes, jueces, autoridades, como cuando nos destrozaron los malos de España, Desde entonces sus descendientes, mestizos, picados de angurria, compran los Apus, los manantiales, los puquios, los bosques, el mar, la tierra, el cielo. Como antes los virreyes y la shicra de sus representantes, hoy siguen trayendo abajo, los bienes naturales y culturales, como les viene en gana.

¿Qué mal te dio hermanito, qué shapi hirió la columna vertebral de tus sueños, qué mala entraña devastó los muros de tu fortaleza, qué laya de hechizo desbordó el río claro de tu sabiduría, la entereza de tu valiente corazón? El dios Inti ha reunido a todos los sanadores, los curanderos del norte de la sierra, el sanpedro conmina el alma, pero no aclara nada. Reunidos están los Apus de todas las comarcas, rezando están para adivinar el remedio a tu mal y no hallan respuesta. En sombras caminan, entre cardos y espinas lamentan no poder aliviar tu gran dolor, hermanito de Zaña.
Sólo en vos está la fuerza de tu destino, No derribes tus sueños, aquellos que soñamos juntos, mientras dibujabas los jeroglíficos, de las rupestres pinturas, de los antepasados en Pumaushco, en tantos otros lugares del Perú y América. Allí sembraste tu pisada, fuerte y serena. De allí nacerán los reflejos de tu sangre, correrán como hilos de fuego, encendiendo la cumbre del pensar, del sentir, del hacer. No en vano escribiste tantos libros, con los hermanos y hermanas, leedores de nuestras maravillas, alegrías, logros; de nuestros temores, afanes, penas. Allí, encuentra el sabor de tu sino, el clamor de tus pasos, la ternura de tus manos, el fervor de tus oraciones, sediento rocío que inspira, congrega, crea.

No lloremos más hermanito, levanta la cabeza. Vence este dolor que asecha tu cuerpo, pero no tu alma. Que raja tus entrañas, pero no tu mente; que tritura tu corazón, pero no tu amor a los hijos, compañera, madre; ese amor por lo nuestro, por lo que aporcaron los ancianos abuelos y abuelas del Ande, esos que hoy lloran con tu llanto, esos que buscan aplacar la ira del dolor y el miedo a lo desconocido; aquellos abuelos están sentados junta a vos, tomando tus manos para rezar juntos la gratitud a la vida, a tu vida, misterio glorioso con sabor a siete colores, a siete caminos, a siete canciones que las extenderá el viento en la vastedad del tiempo y del espacio…
Cajamarca, 23 de julio 2022.