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ASÍ ERA MI PADRE Juan C. Paredes Azañero Siempre tengo en mi recuerdo a mi padre, pero al actualizar la sección de CaSu sobre el Día del Padre, llegó a mi memoria con más énfasis un suceso nunca olvidado: En mi pueblo natal Ichocán, distrito de la provincia de San Marcos mi padre tenía su pequeño negocio, su ‘Tienda’ como se le llama al ambiente dedicado a la venta de artículos, allí vendía desde artículos de primera necesidad, abarrotes, licores, telas, algunas herramientas y otras cosas que demandaba la población ichocanera, En el pueblo había poca existencia de verduras y hortalizas, se notaba la escasez con más intensidad en los restaurantes y pensiones, también teníamos el negocio de una pensión que era atendido por mi madre, para aliviar la carencia de estos insumos de vital importancia para la preparación de alimentos, decidió mi padre ampliar su negocio vendiendo esta clase de productos. Nos llegaba de Cajamarca, cajas de tomates, naranjas de Huando, piñas, verduras, etc. Yo seleccionaba el cargamento separando las unidades malogradas o chancadas, avisaba a los paisanos cundo llegaba la mercadería yendo a sus casas, anotando en una libreta los requerimiento de cada producto y las cantidades de las personas que hacían el pedido para llevarlos a sus casas, casi siempre nos compraban los empleados públicos, en esos tiempos las unidades de medida de peso era la Libra. Ya había escogido muchos productos y empezaba a escoger los tomates, en eso se acerca mi Padre y me indica: - - Los chancaditos se separa, se pueden utilizar, pero los malogrados se pone a la basura. Abro la primera caja de tomates, eran redondos, grandes, algunos de color rojo intenso por maduros y otros de color verde, tenía que separar los maduros para que sean consumidos primero. De todos los tomates maduros uno había que me provocó degustarlo, lo cojo, lo peñisco y le digo a mi Padre: - - Este está chancadito ¿lo puedo comer? - - ¡Claro! me contestó, instantáneamente. Me puse a saborear el rico tomate, me gustaban crudos… después de terminarlo me disponía a reanudar la tarea suspendida. Mi Padre me llamó y me dijo: - -- ¡No se miente!, siempre hay que decir la verdad. Recordé del peñizcón al tomate y que le dije que estaba chancado, desde que esto sucedió tenía la duda si se dio cuenta, su advertencia que no se miente, me sacó de toda duda, se había percatado de la falta que había cometido. Sentía que mi cara ardía de vergüenza, me turbé, no sabía que hacer, espera el castigo, un poco más sereno le dije: - - ¡Disculpe papá! Ya no voy a mentir más. - - Termina de separar, para que te alistes, ya es hora de ir a la escuela. Cursaba el 3er. Año de primaria, en esos tiempos estudiábamos mañana y tarde, el horario por la mañana era de 9:00 am. hasta las 12 m. por las tardes de 3:00 pm hasta los 5:00 pm. Siempre lo recuerdo a mi Padre que irradiaba serenidad y cariño, sus consejos oportunos y claros, de duración permanente que constituyeron normas de mi vida. Su legado perdura por siempre en mi mente. ¡Feliz Día del Padre, hasta el cielo querido Padre! Cajamarca, 16 de junio 2024. |