Día del Padre

 

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CANTARES DE MUJER

                                    AL CONTEMPLAR TU RECUERDO

            Socorro Barrantes Zurita

Mi padre, nuestro padre tenía los ojos pequeños, verdecitos, agüita fresca donde beber con el tiempo, el sabor de su ternura, el saber de sus pensares, por transitar los caminos, las grietas azules de sus venas.  Camino sin cansancio, por los libros que me dejaste, que atesoro, aunque llene el espacio de la amplia casa con ellos.  Tu me enseñaste a coleccionar libros de libros.  Son tantísimos los tuyos, son muchísimos los míos, sin contar documentos y valiosos papeles de la historia, la filosofía, la política, el arte, la jurisprudencia, la literatura, que se albergó en tu ser, como fuente inagotable para calmar la sed.

Padre mío que estás en los cielos, mirando a tus hijos correr por los campos, las ciudades vacías, es un decir, todas las ciudades están llenas de gente, de carros, comidas, ferreterías, de venta de flores, golosinas, de cemento.  Todo se nos ofrece padre, se nos hace difícil distinguir entre lo bueno y lo malo.  Figúrate, la política está hasta el perno, los representantes necesitan baigón para que se les quite la suciedad de su alma y de sus hechos, que dejan tanto qué desear. Por esos caminos andamos, ya en la vejez de los días.   Es duro, muy duro envejecer padre, vejez que vos llevaste con inmensa paciencia y buen humor, como la que te heredó Cecilia, ejemplo de paciencia, cordura, buen humor, solidario afecto, gratitud.  Yo heredé de mi madre el mal genio, la hipersensibilidad, las locas ilusiones.  ¡Más la vida sigue siendo hermosa, a pesar de todo!

            Te cuento papito que hemos quedado, solo tres de los doce hijos que tuviste, además de Artemio, el hermano que acogiste en tu pecho desde pequeño. JB, el juntador de afectos, el que nos hacía reír a carcajadas, ya frisa los 98, las piernas no le obedecen para vagabundear por el mundo, como siempre lo hacía.  Asume esa mayoría de edad, con hidalguía.  En sus ensoñaciones brota   la risa, la ocurrencia pertinente, dibujando en sus labios una leve sonrisa.  Tienes ya muchos tataranietos.  Tu tronco ha sido bueno, fecundo, bienhechor. Damos gracias a Dios y a la Vida por haber sido el árbol maravilloso, de donde bebimos el canto del existir, en este trozo de universo que es nuestra tierra, la pequeñita Llapa y la casa grande, Cajamarca.  Allí moran tus tarareos, tus ritos, ocurrencias, la taza de té con gotas de limón y una copita del excelente pisco Vargas, de aquellos tiempos.  El restito que dejas nos lo tomamos las hermanitas últimas, saboreando tu amor de infinito padre.

            Desde aquel viaje intempestivo de nuestra inolvidable madre, tu guiaste nuestras vidas, alimentando de cosas muy buenas, sencillas, creadoras, nuestro espíritu, los andares, sueños y trabajos. Te acomodaste a nuestra juventud y nosotros a tu andar lento, armonioso por las calles del Señor Jesús Nazareno Cautivo.

            En tu nombre quiero saludar a todos los padres, a los buenos para que sigan siendo buenísimos; a los que no han cumplido a cabalidad su paternidad, deseando que la cumplan. Saludo a nuestros hijos padres.  Son buenos padres, que aman a sus hijos con la ternura que vos sembraste ayer.  Me da tanto gusto que hayas sido el padre que nuestro ser necesitaba.  Gracias por encender cosas lindas en nosotros, tus hijos, por enseñarnos a leer en todo tiempo, por tratar de ser honestos con la vida y lo que hacemos con ella, por enseñarnos a querer a nuestra tierra y soñar con verla linda, buena, pródiga, para todos.  GRACIAS PAPITO, POR SEGUIR SIENDO NUESTRO PADRE, MÁS ALLÁ DE TODO TIEMPO Y ESPACIO.

Cajamarca, 15 de junio 2024.

 

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