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Juan Capistrano Paredes Ruiz. 23/10/1909 - 03/09/1970.
Hoy día, 23 de octubre, conmemoramos el 110°
Aniversario del nacimiento de mi Padre,
Juan Capistrano Paredes Ruiz†,
lo recuerdo con mucho cariño y gratitud.
En las siguientes líneas relato algunos pasajes
de su abnegación y cariño que me ofrecía. JCPA.
Juan C. Paredes Azañero.
Hace dos días me cortaron el servicio de gas natural por falta de pago, sí, por falta de pago, resulta que el consumo de gas del primer piso se registraba en el medidor del tercer piso y recíprocamente, presenté el reclamo a la compañía y me dijeron que no cancele los recibos hasta que se arregle el impase mediante una resolución, cuyo trámite demoraría 30 días, han pasado más de tres meses y no sale la esperada resolución…
Al solicitar la reposición del servicio de gas, tuve que cancelar los recibos vencidos y el costo de la reposición cerca de cuarenta soles que lo cargan en dos partes en los recibos siguientes y que la reposición dura entre 24 a 48 horas.
El hervidor eléctrico es solamente para agua, debo comprar una cocina eléctrica pequeña, pensé, porque la cocina a gas ha sido acondicionada para el uso de gas natural.
Al ingresar a la tienda de artefactos eléctricos, me vi en mi recuerdo acompañado de mi padre cuando me compró un hervidor eléctrico hace más de cincuenta años...
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Después que me matriculé para segundo año de estudios superiores en la Ex Escuela Normal “Hno. Victorino Elorz Goicoechea” de Cajamarca, me apersoné a la Dirección del Plantel para solicitar la concesión de mi ‘internado’
- ¡De ninguna manera!, me dijo el director, no se puede.
- Hno., el año pasado he pagado mi pensión con puntualidad y no he causado problemas, le dije al director.
- No se trata de eso, lo que pasa es que se ha suspendido el internado, a nivel nacional.
Con esta noticia, le escribí a mi padre contándole los pormenores de la supresión del internado en la Normal, al día siguiente llegó mi padre, lo noté muy preocupado por mi situación.
- Ha sido un consuelo el internado, me dijo, en un solo sitio tus alimentos y tu hospedaje, ¡lo veremos al Prof. Barboza!
- No papá, le dije es demasiado lejos, -la pensión “El Estudiante” del Prof. Barboza quedaba en la Av. 13 de Julio, frente al Colegio “San Ramón”, local de Chontapaccha-, llegaría tarde todos los días…
- Yo conozco un restaurante en el Jr. Eten, muy cerca de la Recoleta, vamos almorzar allí para que conozcas
- Vamos, le dije y nos encaminamos al restaurante que se llamaba “La Cajabambina”, cuando entramos, estaba el dueño sentado frente a una mesa leyendo un periódico, de terno marrón y un pequeño sombrero, se saludaron con mi padre, se conocían, le dijo que queríamos almorzar, muy atento nos invitó a sentarnos y ordenó ¡Servicio¡, nos dieron el menú y ordenamos el almuerzo.
Al terminar el almuerzo y en el momento de cancelar mi Padre le preguntó a don Amador, así se llamaba el dueño del restaurante, si daban pensión
- Quiero para mi hijo, estudia en la Normal y estamos buscando un cuarto por este barrio…
- ¡Yo alquilo cuartos!, le contestó, quedan en el Jr. Romero, a media cuadra de aquí., si desean vamos a verlos…
- ¡Vamos!, le dijo mi Padre.
Nos dirigimos a ver los cuartos guiados por el dueño, efectivamente quedaban a media cuadra desde el Jr. Silva Santisteban.
- ¡Aquí es!, dijo don Amador, disponiéndose abrir la portezuela de una portada grande, metálica, de dos hojas, segura.
- ¡Pasen! ¡pasen!
Era un solar grande, al fondo se ubicaban javas con gallos de pelea, a la derecha, entrado, unos alambres con ropa tendida y a la izquierda se ubicaba un pabellón de dos pisos, de material noble, con cuartos individuales.
- Tengo cuartos disponibles en el primer piso y en el segundo, veámoslos del primer piso si les conviene.
Efectivamente eran cuartos individuales, para estreno, con piso de cemento, con puerta de madera, traslapada, la chapa con seguro interno y junto a ella una ventana metálica con lunas trasparentes.
- Todos son iguales, nos dijo, vamos para que vean los cuartos del segundo piso.
- Vamos, le contestó mi padre, subimos por las escaleras de cemento, sobre las escaleras se encontraban los servicios higiénicos y duchas, un inmenso balcón corrido, de madera, sin barandas que permitía llegar a los cuartos.
- En la semana que viene, colocan la baranda para dar seguridad, los cuartos son del mismo tamaño que de la planta baja.
Los cuartos eran como los de la planta baja, pero con piso de madera, recién habían pasado petróleo...
- Así son todos, nos dijo, piénsenlo y me avisan, yo bajo a ver a mis gallos, allí les espero.
Cuando nos quedamos solos, mi padre me dijo:
- Aquí están bonitos, casa nueva, de material noble, cerca de la Normal y tu pensión en La Cajabambina.
- ¿Cuánto costará?, le dije, yo no he sabido que han suspendido el internado, sino hubiese buscado…
- ¡Aquí nomás!, me dijo mi Padre, vamos para arreglar, ¿Dónde quieres en el primer o segundo piso?
- En el segundo piso, le contesté.
- Si, está bien, más abrigado por el piso de madera y con su baranda va a estar más seguro.
Al girar con rapidez, me resbalé, -estaba estrenando zapatos nuevos de caña alta, planta de goma, punta de acero, de marca Hércules…-
- ¡Con cuidado!, me dijo, sosteniéndome de un brazo para no caer al piso.
Bajamos al primer piso para hablar con don Amador, arreglaron el precio y nos preguntó
- ¿Desde cuándo ocupan el cuarto?
- Desde ahora, le contestó mi Padre y su pensión desde mañana.
- ¿Ya no regreso a Ichocán?, le pregunté.
- ¡Ya no!, me contestó, falta poco para que empiecen las clases y necesitas ambientarte.
- Vamos a la pensión para anotarlo en mi cuaderno y darles las llaves, nos dijo don Amador.
- ¡Vamos! le contestó mi Padre.
Ya en la pensión, canceló por adelantado del cuarto y mi pensión, don Amador nos entregó las llaves de la portada y del cuarto. Mi Padre me dijo:
- Vamos a traer tus cosas.
- ¡Vamos!,¡muchas gracias papá!, le contesté.
Mis cosas se encontraban en el pensionado de la Sra. Doshita, en el Jr. Juan Villanueva, cerca del Arco del Triunfo, consistían en un catre de fierro, un colchón, un baúl de madera y una maleta mediana, nos trasladamos en un taxi a mi nuevo cuarto.
- La cena sirven tarde, a veces se tiene hambre, vamos a comprar un quemador eléctrico para que hiervas tu agua…
- No es necesario, le dije, ya estoy…
- ¡Vamos!, insistió.
Cuando llegamos a una tienda de artefactos eléctricos preguntamos por los quemadores, nos mostraron de varias clases.
- Queremos uno que sea seguro, que la resistencia esté protegida…
- Enséñale los japoneses, dijo un Sr. que estaba al fondo de la tienda.
- Cuestan más caros, dijo el vendedor.
- Muéstrenos por favor, insistió mi Padre.
- Vienen en caja y tengo tres colores, verde, rojo y celeste…
- Un celeste, le dije.
Vimos que ofrecía mucha seguridad y lo compramos.
- Compremos de una vez la tetera, me dijo.
- Venden en la otra cuadra, nos dijo el dueño de la tienda.
Nos dirigimos a la otra tienda y compramos una tetera mediana, de aluminio.
Ya en el cuarto, mi Padre me dijo:
- ¡Ahora viajo a Ichocán!
- ¿Ahora?, le pregunté, a esta hora no habrá carro.
- Si hay, a las 7 de la noche sale el carro del Sr. Rosell que viaja hasta el valle, ya he contratado para viajar.
Se despidió diciéndome que esté al cuidado porque me iban a enviar algunas cositas.
Al día siguiente recibí mi primera encomienda, algunos enlatados: Milo mediano, atunes, tarros de leche gloria, pan ichocanero, una mesa mediana, metálica con tablero de fornica verde y cuatro sillas metálicas tapizadas del mismo color.
Así era mi Padre, muy amable, atento y con muchas iniciativas para solucionar los problemas que nos aquejaban.
En este cuarto y en la pensión La Cajabambina viví y comí hasta terminar mis estudios superiores, los dueños muy considerados, los recuerdo con cariño.
Cuando nos tocaba preparar las prácticas de clase, de cada integrante de mi grupo, elaborábamos en mi cuarto los esquemas de lección, láminas y todo material didáctico necesario hasta altas horas de la noche, acompañados de un lonchecito reparador preparado en el quemador eléctrico.Cajamarca, 23 de octubre de 2019.