Presentación Comentarios en el Día del Maestro
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Antenor Orrego Espinoza Filósofo, escritor, periodista y docente universitario cajamarquino
PROFESOR Y MAESTRO Elmer Robles Ortiz Si bien los vocablos profesor y maestro son sinónimos, en el pensamiento orreguiano denotan diferencias indudables. En verdad, el profesor ejerce su labor en razón de un título profesional, a veces sin una verdadera vocación por la carrera; el maestro es tal por la trascendencia de su mensaje, no por el aval de un diploma. El profesor puede recitar en clase el contenido de un libro y creer que cumplió su tarea; por el contrario, el maestro debe crear y vivificar la relación espiritual entablada con sus discípulos, sea en el aula o en otro ambiente. No siempre el profesor es maestro. Orrego los diferenció nítidamente en sus escritos: El profesor, dice, enseña para que el alumno pueda repetir la lección, en cambio el maestro enseña para que el discípulo pueda construir su vida. El primero imparte generalidades abstractas, encasilla al alumno como una pieza estándar y seriada dentro de un esquema rígido. El segundo desciende a la intimidad del alma para que aflore la riqueza interior del educando y lo convierta en compañero de su pasión y de sus inquietudes. Mientas el profesor fija al estudiante en un oficio, el maestro lo libera hacia la vida plena. Con el profesor, la habilidad del educando puede llegar hasta la ilusión de esconder la verdad, pero con el maestro es preciso que el discípulo asuma toda su responsabilidad y descienda a la profundidad de su propia vida, aunque fuese tenebrosa y lacerante. Lo que da el profesor está fuera del alumno y lo fija con un simple gesto; por el contrario, lo que ofrece el maestro está siempre dentro del educando y le da energía para seguir adelante. El trabajo del profesor es como el agua que discurre sobre la superficie sin penetrar a la raíz de la planta, y no se sume en las entrañas de la tierra. Por su parte, la obra del maestro es la linfa creadora que bate el limo, lo empapa y fecunda para producir una floración maravillosa. El profesor apunta a la memoria y sus palabras se esfuman sin dejar huella perdurable, resbalan sin lograr infiltración alguna. El maestro se dirige al espíritu, pozo de creación y de sabiduría, y su mensaje trasciende e impregna la vida del discípulo. Pero también diferencia alumno de discípulo, según el tipo de relación pedagógica establecida en el aula. Si la relación es instrumental, es decir, exclusiva y fríamente centrada alrededor del contenido educativo, se hablará de alumno ya que éste -por indicación del profesor- sólo aprende el contenido de una clase y trata de rendir satisfactoriamente las pruebas del examen. En cambio, si la relación es expresiva, esto es, llena de mensajes estimulantes y compenetrada de afectividad, se hablará de discípulo -que gracias a la orientación de su maestro- busca clarificar valores y guiarse por ellos, integrar ideas y hábitos positivos en una filosofía de vida. El correlato de la categoría profesor es alumno, el de maestro es discípulo. Y de modo específico en lo atinente a la universidad, como ésta no ha sido ajena a desempeñar el papel de diablo predicador, Orrego reclama a profesores y alumnos consecuencia con lo que enseñan, a unos, y con lo que aprenden, a los otros. ----------------------- Fuente: Robles Ortiz, Elmer. Pensamiento Educativo de Antenor Orrego. p. 109. Revista Historia de la Educación Latinoamericana Vol. 13, 2009, pp. 101-127 Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia Boyacá, Colombia. Cajamarca, 06 de julio 2024.
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