Ir a Presentación Textos alusivos al Día de la Madre
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AGOSTO 19… (FELIZ DÍA MADRE) Jaime Abanto Padilla Madre, pocas veces me detengo a pensar en las cosas que pasamos juntos, las casas que habitamos en tantos años, las paredes que pintamos, las calles que recorrimos o que más bien recorrí tomado de tu mano cuando me retornabas y dejabas en el colegio cuando a mis cortos años el mundo era un lugar desconocido en el que podía perderme. No me enseñaste a llorar, de eso se encargó el mundo y los días, pero sí me enseñaste que a veces llorar era bueno y yo lo aprendí muy bien, son testigos la noche y las tardes grises que mil veces nos buscaron, es testigo el otoño tibio que se ha llevado las hojas de varios calendarios que siempre nos miraron distantes colgados desde la pared. Por eso aprendí que los días solo son la secuencia indefinida de la vida que cualquier momento se interrumpe y nos damos cuenta a cada instante sin quererlo cuando una llamada nos anuncia que alguien muy cercano se ha ido para siempre – como si el siempre fuera eterno-. Cada mañana que he pasado a tu lado ha sido un renacer, cada tarde y cada noche… cada día, cada libro leído hasta el amanecer y cada risa tuya por cada palabra mía… cada canción junto a la noche y cada café bebido a tu lado largas horas durante la fría noche. No sé si hubiera habido otra forma de conocernos de no ser porque un día me trajiste al mundo, no sé si te equivocaste al elegir al hombre que amaste –para mí está bien, no sería como soy ni te escribiría en esta tarde para decirte que te amo de no haber sido así- nunca te juzgué y si así fue no fue correcto, lo lamento ahora. La vida es breve, lo sé cuándo veo a mis hijos crecer y cuando los espejos me dicen que he empezado a envejecer desde el día en que nací y no me había dado cuenta… y el álbum familiar me cuenta mi propia historia y tus ojos ya no brillan como antes, como esa foto en donde tienes veinte años y estás con mi padre junto a un niño feliz que debo ser yo, aunque hay días – lo confieso- en que ya no me reconozco ni a mí mismo. Hoy en este día tuyo he visto tu andar más lento y unos lentes cubren el fulgor de tu mirada de hace unos años. Tengo que repetirte algunas cosas al hablarte y a veces el sueño te derrota fácilmente por la tarde… no hay problema, seguirás siendo la habitante de mi alma, la mujer que brilla más que cualquier estrella a la distancia, la que cuando me vio a mis ojos por primera vez me entregó su alma y de quien estoy por siempre agradecido. Yo no sé qué nos aguarda el mañana ni cuántas ausencias nos depara. Me enseñaste a escribir y hoy escribo tus días cada noche cuando duermes. Me enseñaste a amar y hoy amo cada espacio de la vida, aunque a veces me siento derrotado. Me enseñaste a caminar y hoy camino para hacerte la sombra que te cubre y así serán las próximas primaveras que hoy se guardan en el alba de mil mañanas que aún no llegan. Cajamarca, 11 de mayo 2024.
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