LAS LENGUAS, ENTES VIVOS
Jacinto Luis Cerna Cabrera
Docente de Lengua y Literatura
Universidad Nacional de Cajamarca
Debemos partir
del principio elemental y fundamental que reza que toda lengua (o idioma) es un
ente vivo, es decir, que nace, crece, se reproduce y muere. Así ocurrió, por
ejemplo, con el latín vulgar de Roma. El latín es una
lengua
indoeuropea
de la
rama itálica.
Fue hablada en la
antigua República
Romana
y el
Imperio Romano
desde el
siglo IX a. C.
Su nombre deriva de la existencia de una zona geográfica de la península itálica
denominada Vetus Latium o 'Antiguo llano' (hoy llamado
Lacio,
donde imperó el rey Latino). Ganó gran importancia con la expansión del estado
romano. Fue la lengua oficial del imperio en gran parte de
Europa
y
África septentrional,
junto con el
griego.
Esta lengua fue poderosa en la medida en que era hablaba por un imperio también
poderoso. Sin embargo, el mismo día en que este imperio llegó a su máximo
apogeo, ese día empezó su inexorable caída. Al caer como imperio cae, asimismo,
su idioma. El latín antes de morir, sin embargo, dejó varios hijos, primero en
la modalidad de dialectos, es decir cuando aún se entendían en los procesos
comunicativos. Allí están aún vigentes estos vástagos: portugués, gallego,
catalán, castellano, francés, sardo, occitano, italiano, rumano, corso,
siciliano, asturiano y romanche (este último de muy poca actividad); luego
cuando se tornaron ininteligibles entre ellos, automáticamente se convirtieron
en lenguas. Esto ha ocurrido con el latín y otras lenguas habladas por los más
grandes imperios del orbe. Este es un fenómeno de dialectización. Esto mismo
tendrá que ocurrir con las más de seis mil lenguas que actualmente se hablan del
mundo, por muy vigorosas que aparenten ser.
En el caso de las lenguas nativas, estas se mantienen, o incluso crecen cuando sus hablantes la desarrollan sobre la base de su propia identidad y su cultura, la difunden –a través de su lectura, escritura, gramática y literatura– en la escuela, a través de periódicas ediciones y publicaciones de libros, folletos, boletines, y otros, a través de los medios de comunicación masiva –radio, televisión o prensa escrita–, o como instrumento lingüístico en sus trámites administrativos, etc. Por el contrario, si sus hablantes van perdiendo poco a poco su identidad y van asimilándose a otras culturas exóticas, van dejando de aprender su idioma nativo, se avergüenzan de hablarlo, niegan la lengua de sus padres y, por este hecho, se niegan a sí mismos, entonces estas lenguas están en un paulatino e inexorable proceso de extinción. Por cierto que para que esto ocurra hay factores internos y externos. En el primer caso, la exclusión, la pobreza, la miseria, el analfabetismo, la precaria salubridad, la deplorable condición humana en la que viven postrados sus hablantes hace que se sientan impulsados a emigrar a los polos de desarrollo económico, a las ciudades en donde hay fábricas, comercio y otras actividades educativas y culturales nuevas, y, obviamente, se hablan otros idiomas. Así van olvidando lo suyo y con ello sus ricas manifestaciones espirituales y materiales, su propia cultura, tan valiosa por sus características explícitas e implícitas, por sus patrones culturales. Por otra parte, hay factores externos que van exterminando las lenguas nativas. La marginación, la explotación y la indiferencia de que son objeto por parte de los citadinos y de las malas políticas de los gobiernos imperantes convierten a los nativohablantes en seres “despreciables, incapaces e ignorantes”. De este modo, la gran mayoría de las lenguas del mundo que se hallan en su condición de ágrafas van camino a hacia una extinción irremisible. Los sucesivos gobiernos indolentes miran inmutables el espectáculo cual si se tratara de seres extraños y no de compatriotas. Estas políticas deben revertirse en un corto, mediano y largo plazo, pero se debe empezar ya ahora.
En la región Cajamarca, además del castellano, el quechua –en su condición de lengua nativa– es hablado por más de 25 000 personas entre monolingües y bilingües (quechua-castellano) coordinados, subordinados e incipientes. Se patentiza en los distritos de Chetilla y Cajamarca (Porcón), y en la provincias de Jaén (Rumichaca y Pumahuaca), Chota (Miracosta, Sangana, Tocmoche, Rumichaca y San Juan de Likupís) y Bambamarca (Chalamarca y Llaucán), y el awajun, huambisa, achuar y achual, pertenecientes a la familia jíbaro. El primero, hablado en la provincia fronteriza de San Ignacio, goza de un considerable número de hablantes. Todos estos grupos se ubican en la frontera con el Ecuador, cuyo gobierno sí desarrolla políticas adecuadas de educación intercultural y bilingüe. Pueden continuar ignorando, excluyendo, marginando y despreciando los sucesivos gobiernos del Perú y sus instituciones competentes a los hablantes de lenguas nativas a los que se aúpan los propios compatriotas hispanohablantes; pero aún queda tiempo para “volver a la semilla y mirar la tierra desde el surco”. La Academia Regional del Idioma Quechua de Cajamarca, auténtico baluarte de la lengua autóctona de la región norte del Perú ha jurado el compromiso inalienable de redimir, conservar, preservar y difundir nuestras lenguas nativas, a los efectos de impedir su pronta extinción. Con tal fin, posee un buen número de proyectos –unos patentes y otros latentes– de educación bilingüe, enseñanza del quechua tanto en el campo como en la ciudad, alfabetización bilingüe, programas radiales y televisivos, concursos de cuentos y cantos quechuas, creación de institutos tecnológicos y agropecuarios bilingües y edición y publicación de libros de lectura bilingüe quechua-castellano, lingüística quechua variedad Cajamarca-Cañaris y diccionarios bilingües quechua-castellano, castellano- quechua, y de topónimos (nombres de lugares), antropónimos (nombres o apellidos de personas), zoónimos (nombres de animales) y fitónimos (nombres de plantas) de la misma variedad. El verdadero amor a la patria, al Perú, no consiste en cantar el himno nacional en las plazas públicas, o exhibir la bandera nacional en algunos pasacalles o procesiones –estas actitudes son tan solo complementarias–, sino que debemos evitar que nuestro ingente acervo cultural muera, evitar que nuestro Patrimonio Histórico y Cultural de las Américas viviente –el RUNASHIMI– se extinga. Allá va nuestra voz unida y clamorosa en los vastos confines de la región Cajamarca.
Cajamarca, 21 de febrero de 2009.