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UNAS PALABRAS DEL EDITOR
La historia narra hechos sobresalientes; la narración lugareña refiere
acontecimientos lindantes con lo común, pero que en su momento hubieron
de tener lustre de ingenio y humorismo. La historia es adusta, solemne;
la narración anecdótica, ágil y cosquillosa.
El encanto de un pueblo es, entonces, ingenio de su gente, por ello hay
pueblos simpáticos y pueblos antipáticos. Cajamarca es simpática como
una mujer bonita que sabe decir y sonreír con salero, y su decir agudo y
sonreír acogedor afloran en ocurrencias.
Con el devenir la idiosincrasia del cajamarquino ha variado, tal vez
menguando en algo hechos y respuestas oportunos colmados de gracejo; sin
embargo, fue la pluma de Puga Arroyo que salvó y dio a conocer el pasado
ingenioso de Cajamarca, librando del olvido acontecimientos que la
historia mira sobre el hombro y la involución psicológica de nuevas
generaciones no toma en cuenta por no semejar cursis programas
televisivos.
Sin duda alguna, Nicolás Puga Arroyo es hasta hoy el escritor que ha
sabido recoger y contar sucesos que dan encanto al ayer de esta tierra,
sin hacerles perder su grácil festividad, tal que se nos antoja
actuales.
Es por ello que él Instituto Nacional de Cultura de Cajamarca rinde
homenaje póstumo a este insigne historiador, escritor y estilista (cuyo
amor a su tierra le llevó a ser el primero en narrar tradiciones de
ella) dando publicidad a esta obra que realza la literatura
cajamarquina y deleita al lector con su lenguaje ameno y sugestivo.
Jesús Antonio Peña-Aranda
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