Libros de Cajamarca - 1994

 

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RAVINES RAVINES, Rodolfo. Creación del departamento de Cajamarca. ©Rodolfo Ravines Ravines. Segunda edición. Cajamarca 1994. Impresión: Asociación Martínez Compañón, Cajamarca, Perú. 86 pág. 14.5 x 20.4 cm.

Presentación

Creemos fehacientemente que el movimiento revolucionario del 3 de enero de 1854 es de suma trascendencia en la Historia regional, porque es la génesis y la causa histórica para que Cajamarca sea elevada a la categoría de departamento. El Decreto del 11 de febrero de 1855 no se justificarla sin un 3 de enero en el que los hombres de hace 140 años, concibieron y ejecutaron el sueño acariciado por el pueblo cajamarquino de independizarse de la administración política de La Libertad.

Es por ello que cobra singular importancia la publicación de esta segunda edición, cuyo autor es el recordado cajamarquinista, don Rodolfo Ravines, y que versa sobre esta gesta y en la que podemos apreciar el valor, entrega a los ideales y praxis de los gestores:

Toribio Casanova López, Juan Antonio Egúsquiza y Aristizábal y Pedro José Villanueva Espinoza y junto a ellos el pueblo, como protagonista princi­pal, demostrando un alto grado de conciencia cívica.

En su evolución política, Cajamarca fue inicialmente Corregimiento, organizado a mediados del siglo XVI en base a los territorios de la encomienda de Melchor Verdugo, integrante de la hueste perulera que llegó con el conquistador Pizarro. En el año 1784 se produjo una nueva demarcación política en el Virreinato Peruano, y como consecuencia Cajamarca pasa a convertirse en Partido dependiente de la Intendencia de Trujillo. Con el advenimiento del proceso libertario y con la presencia del General José San Martín en el Perú, se crea el departamento de Trujillo dentro de cuya jurisdicción estaba la provincia de Cajamarca. Esta es la situación política en la que se encontraba nuestra patria chica al promediar la primera mitad del siglo XIX, contrastando con su pasado histórico de épocas prehispánicas.

Ayer como hoy, Cajamarca sufría las consecuencias del centralismo. No obstante su extensión territorial y su alejamiento de la metrópoli trujillana, siguió siendo provincia. Los presupuestos absorbidos por la capital del departamento, no permitían un desarrollo sostenido en Cajamarca. La Educación se encontraba en un deplo­rable atraso (sólo existían tres escuelas en la ciudad), dificultades en la administración de justicia, vías de comunicación escasas y deficientes, comercio con déficit significativo y otros problemas resultantes de la subordinación política a un departamento costeño.

El presente libro resume en sus páginas todos estos hechos de gestación del departamento, gracias a la inquietud intelectual y de investigación histórica de don Rodolfo Ravines R., en cuya memoria se publica esta segunda edición. Personaje de dimensión nacional, porque gracias a su labor tesonera, y diríamos hasta heroica, de acopiar evidencias históricas del pasado cajamarquino, se constituyó en una persona de consulta obligada de coterráneos y visitantes de otras partes del país y el extranjero. Su labor, a no dudarlo, estuvo teñida de una orientación mística hacia lo nuestro, de escrupulosidad para ordenar y clasificar sus pesquisas históricas. Sentía orgullo de mostrarlas, en afán pedagógico, para que las generaciones presentes y futuras, admiren, quieran y respeten lo nuestro.

Constituye, pues, esta edición una muestra de gratitud a su obra a la que se dedicó con el amor propio de quien trata algo muy suyo y al que dio su tiempo devotamente. Homenaje al maestro y al amigo cuyo recuerdo perdura como un ejemplo viviente y un sendero a seguir.

Julio Sarmiento Gutiérrez.


Introducción

La revolución del 3 de enero de 1854, no sólo fue un movimiento de orden eminentemente político, sino que, como lo afirma el propio Basadre, fue de carácter ideológico y social.

‘La levadura ideológica resultante de los factores no opuestos pero sí equidistantes de la proyección filosófica que viniendo de Europa se había propagado en América, y del liberalismo que insurgía impetuoso en el Perú y que erosionó en el levantamiento castillista, se produce Justamente durante el gobierno del general José Rufino Echenique, cuyas primeras dificultades en el ejercicio de su cargo, convertidos en gruesos errores políticos que se agradaban a diario, obligan a Castilla a pronunciarse en Arequipa y desplazar de la Casa de Gobierno a Echenique, luego de la batalla de la Palma".

Los primeros levantamientos revolucionarios, aparentaron ser estallidos de aislados elementos revolucionarios, e incluso así lo creyó el propio gobierno; pero a medida que pasaban los días, la acción subversiva prosperó y presentó varios focos más. Aparte del de lea y del de Arequipa, estalló el 1° de enero de 1854 en Chiclayo el 3 de enero en Cajamarca; el 27 de enero en Pasco; el 10 de febrero en Huánuco y Huaraz, respectivamente.

Sin embargo, el levantamiento popular del 3 de enero en Cajamarca, presentó otros aspectos y ribetes que lo hicieron imperante y trascendental dentro del marco de la historia nacional. No sólo se luchó y peleó por derrocar al desprestigiado y alicaído régimen echeniquista que es lo que se pretendía en todo el país, sino que, sobre todo, los cajamarquinos del 54 lucharon por un viejo y común anhelo: Elevara Cajamarca a la categoría de departamento, pues su condición de simple provincia -así lo sostenían los periódicos de la época- era unánimemente considerada injusta y en desacuerdo con “sus altos y constantes merecimientos".

En este proceso, a la prensa cajamarquina, cúpole un rol destacadísimo. Periódicos como “La Aurora" entre otros, no sólo cumplieron con dar fríamente la noticia o información acerca de los acontecimientos políticos de ese entonces, sino que por lo contrario, se identificaron plenamente con el movimiento y sus caudillos. El periódico fue la tribuna, la voz y el eco de los revolucionarios cajamarquinos. De sus páginas se desprendieron los más violentos artículos, denunciando atropellos, arbitrariedades, así como las más fogosas proclamas, artículos simples que contribuían a fomentar una conciencia reivindicatoria y cabalmente regionalista, socapando el régimen echeniquista.

Ante tales hechos, aunque demasiado tarde, pues la mecha se había prendido, el subprefecto de la provincia, Julián del Campo y Montero, clausuraba el periódico y empastelaba su imprenta.

No obstante, todo ello, la revolución se produjo el 3 de enero de 1854. El triunvirato Casanova, Egúsquiza y Villanueva, junto al pueblo cajamarquino armado, luchó contra las fuerzas regulares. La refriega duró varias horas y terminó con un Convenio de Paz suscrito por el subprefecto Julián del Campo y Montero y los ciudadanos Toribio Casanova, Juan Antonio Egúsquiza y Pedro José Villanueva Constituidos en Junta de Notables. Según el Convenio, el subprefecto se retiraba a la vida privada, pasando los hombres y las armas del gobierno, comandados por J. de la Rosa, a las órdenes de la Junta Revolucionaria. El pueblo cajamarquino en cabildo abierto, el 4 de enero, Suscribía un Acta Popular en la que, entre otras cosas, declaraba haber ungido a Cajamarca en capital de un nuevo departamento, bajo la presidencia del coronel José Antonio Egúsquiza, y compuesto de su propia provincia, la de Chota, Jaén y las que quisiesen adherirse por propia voluntad.

Cuatro días después del movimiento del 3 de enero, el día 7, apareció el bisemanario El Sol efe los Incas, dirigido por el bachiller Toribio Casanova López, como”Órgano de la política del Nuevo Departamento” en reemplazo de La Aurora clausurado por del Campo y Montero en 1853.

Las páginas de los primeros números de estos periódicos, son importantes documentos para el conocimiento de ciertos aspectos de la revolución popular de 1854, y su repercusión regional y nacional.

El movimiento de Cajamarca del 3 de enero y su acta del 4, fueron ratificados por D.S., suscrito por Ramón Castilla, refrendado en Chorrillos, el 11 de febrero de 1855 y por ley de 30 de setiembre de 1862.

Tristón Ravines.

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CAMACHO DE RUSSAC. Juana Aracelly. Opúsculo a Bolívar y Poemas sueltos.  Primera edición. Lima, junio 1994. Impresión: Editora Gráfica VIJU. Lima, Perú. 126 pág. 12.0 x 18 cm.

PRÓLOGO PRESCINDIBLE

Mi exalumna, en la siempre bien recordada Escuela de Enfermeras del Hospital Arzobispo Loayza, Juana Aracelly Camocho de Russac, ha cometido el error de solicitarme que prologue dos bellos libros que ha escrito respondiendo al mandato de su espíritu sensible a la poesía de las palabras y a la del heroísmo. Error por donde se le mire porque yo no soy poeta y tampoco historiador, soy, eso sí, un componente humilde, de un cuerpo intelectual que se conoce como el de los maestros y tuve la ocasión de transmitir a la Sra. Camocho de Russac, algunas motivaciones para amar el saber y la cultura; pero eso no es título justo para encabezar las primeras páginas de los libros escritos por la Sra. mencionada. En consecuencia, el lector puede prescindir de estas palabras y de tasque siguen, en tanto sean las mías y volcarse de lleno a la lectura de tas composiciones que forman el cuerpo de los libros.

Porque ahí le esperan muchas agradables sorpresas. Por lo pronto, la de mi goce, inesperado en esta época de literaturas enreversadas donde el absurdo blasfemo se ha elevado a la categoría de juez de la estética.

Aracelly Camacho de Russac vuelca sus impresiones vítales en un idioma simple, transparente e íntimo. Los sentimientos que pone a la comprensión del lector son los que imaginamos como propios de un mujer que ama cuanto Dios le proporcionó, desde sus padres, su educación, su profesión de enfermera, su familia, etc. Nada falso o retorcido. Nada que convierta a la poetisa en una discípulo de Safo o en una deprecadora del varón como eterno compañero. Aracelly, escribe para todos y no sólo para iniciados que exhiben sus licencias en las histerias de sus cuerpos o en sus lamentaciones de fracasados.

No son muchas las poetisas en el Perú o, por lo menos, no son muchas las que arriesgan la publicación de sus escritos pues yo bien me sé de los que cultivan el verso recoleto y dejan libres las imágenes que decoran su vida interior. Si Aracelly, -así la llamamos quienes la hemos conocido en las aulas- ha decidido romper las normas de esa escuela antagónica de la publicidad, es porque muchos la hemos instado a lucir sus galas y ejemplarizar su modestia. Quienes lean sus poemas recibirán una gratificante impresión al comprobar el bello manejo de la palabra que transforma con unos buenos toques la decoración de alguna circunstancia.

Hay escritores que anuncian la decadencia de la poesía; pero cada vez hay más cultoras de sus manifestaciones. Claro es que no siempre fue popular la poesía, salvo aquella que se convertía en colectiva y aparecía como agente de la socialización, tal cual ocurrió con las epopeyas. Conforme la sociedad se ha hecho más carnalidad y nadie puede desgarrarse de esa corpórea condición, la poesía empezó a campear en la intimidad y los seres humanos quisieron hallar en el verso, una vera faz de su realidad. Para este designio ha estorbado la popularidad y, a medida que la poesía aquiete sus agitadas alas heroicas en la intimidad de los remansos del alma, parecerá menos vulgar y populachera.

¿Se debió guardar, entonces, sus poemas, mi apreciada Aracelly?. No, esta no esta conclusión de lo arriba escrito. Aracelly ha convertido su palabra en comunicación familiar. Lo cotidiano, lo rutinario en la que parece sumergida la vida de una mujer, necesita el oreo de la calle. El oficio de mujer no deja de ser bello porque aparezca como servicio y esto si hay que decirlo a todo pulmón y no con palabras agresivas que las feministas de acometida, emplean estruendosamente. Ahí está la virtud comunicadora de bs versos de Aracelly. Así lo siento y así me atrevo a decirlo, con la conciencia de mis limitaciones. Mi prólogo es el que un lector puede escribir. No es el de un crítico literario. Es una demostración más y esta vez en prosa, de la fina sensibilidad de Aracelly que no pretende el elogio de los sabios cultores de la crítica, sino el aplauso fervoroso, cándido de quien fue su profesor en pasada ocasión.

Más arriesgada todavía fue su solicitud de presentar su libro sobre Bolívar. Aracelly Camocho de Russac ha presentado una versión sumamente original del Libertador porque, como ella misma lo dice no pretende competir con los historiadores y biógrafos famosos. Aracelly no presume de erudita en la vida y hechos del gran venezolano. Aracelly es una mujer cautivada por el lirismo que acompaña la existencia de ese gigante americano. Nuestra autora, como sucedió con otras mujeres, es una enamorada póstuma. ¿Qué puede, enton­ces, decir un prologuista?. Por lo general las cuitas de los enamorados son reservadas y muchas veces se reducen a entendimientos sobreentendidos; pero desprovistos de diálogos. En realidad no queda sino dar testimonio y acreditar el hecho.

Me hubiera gustado saber en qué momento se inició el romance de Aracelly. No es frecuente que las mujeres cuenten el desfallecimiento de su voluntad y la rendición de su ser, a excepción de los amores inmateriales. La mujer cuenta el amor a Dios, a sus hijos y empieza a recatar los referidos al esposo, al amante. En la visión biográfica de Bolívar de nuestra autora aparecen todas sus manifestaciones femeni­nas y Bolívar es, en muchas páginas, el niño que llega al mundo, el que es acogido por sus padres y parientes. Bolívar es el joven que entremezcla sus sueños de gloria con las inquietudes de la edad, ese Bolívar que hubiera inquietado a cualquier madre desorientada por lo que ensueña un adolescente. Hay otros más: el Bolívar enamorado y desolado por una viudez prematura, el constante en su afán de liberador, el Bolívar romántico de un epistolario sentimental, el de la correspondencia con Manuelita Sáenz y la prima Fanny de Villars. Múltiples fases de un hombre que llenó su época y que recibió juicios dispares de los hombres desde sus perspectivas interesadas. Nadie que yo sepa lo ha retratado desde el propio de la condición femenina.

No esperemos de este libro una demostración erudita valiosa para los ratones de la biblioteca. Tampoco los análisis sicológicos con los que cierta literatura ha formado o deformado a los protagonistas de la Historia. Aracelly Camocho de Russac nos ha contado lo que una mujer ha percibido del genio.

No cabe duda que estamos ante una forma original de enjuiciar a los personajes de la Historia. Para esta, usada por la Sra. de Russac, es indispensable una personalidad de mujer altamente sensible y que no limita su condición al amor sexual o al familiar, sino que extiende hacia otros campos por donde circula la vida temporal. No dudemos: la rica experiencia vital de la autora se vuelca en una captación simpática del genio y nos revela facetas que suelen pasar inadvertidas por quienes han construido juicios extraídos de las canteras políticas o marciales, para iluminar una trayectoria humana. Bolívar es captado como hombre sobre el cual las vicisitudes y flaquezas de la carne no son desconocidas.

El Bolívar de la Sra. Russac no es el que la hagiografía ha construido con los materiales estereotipados en la Historia. La lectura de este libro no provocará las polémicas que ha suscitado la memoria del Liberta­dor. Deberá ser apreciado como el homenaje de una mujer a un hombre que, revestido por los oropeles de la victoria, la fama y el poder, sucumbía, al igual que cualquier mortal, a los azares que la vida teje para enredar las circunstancias. Una construcción hecha de sentimientos sólo es posible si al amor dispensado a un personaje se une la fina captación conseguida por la poetisa. Por esto la autora engasta en su escrito sentidos versos. Hasta aquí mi palabra. La del lector que coincida con mi presentación sabrá de un nuevo gusto que enriquecerá su paladar. A ello le invito y no perdamos más el tiempo y quién tenga otros juicios, diga primero si sabe de la fórmula que combina el amor, sentimiento, admiración femenina en el trato de un gran hombre.

Aníbal Ismodes Cairo

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URTEAGA CABRERA, Luis. Los hijos del orden. Segunda edición, diciembre 1994. ©Luis Urteaga Cabrera. ©Arteidea editores e.i.r.l. Imprenta Luis Combe Vélez. Lima. 340 pág. 13.7 x 19.4 cm.

Contracarátula

La violencia, atroz y descarnada, y los patéticos rostros de la marginalidad, pero también la dignidad y la ternura, son la materia esencial con la que se construye esta novela de inaudita lucidez y coraje, una novela que pone al descubierto la entraña misma de nuestro ser social, y que si no causó más conmoción cuando circuló por primera vez, hace 21 años, fue porque ere; más fácil y cómodo silenciarla que extraer de ella cuanto tiene de cuestionamiento y requisitoria a las conciencias complacientes.

Curiosamente, este cerrar los ojos a la realidad, bajo otro signo, es uno de los ejes de la novela. Porque el reformatorio, escenario central de Los hijos del orden, además de lugar de reclusión y castigo de los jóvenes delincuentes, es en esta narración el símbolo de las barreras que la sociedad erige para negarse a sí misma la existencia de lacras de las que ella misma es causante.

Ahora, a pesar de más de una década de violencia política y delincuencial, que la televisión y la prensa escrita nos arrojó —y nos arroja— a la cara día tras día, con fines muchas veces bastardos, la novela de Luis Urteaga no ha perdido su capacidad de provocar angustia y horror, ni mucho menos su impecable y trágica belleza.

Roberto Reyes Tarazona.

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FLORIÁN, Mario. La Literatura en lengua hablada de Cajamarca, Servicio Editorial: Asociación “Obispo Martínez Compañón”, Cajamarca, junio 1994. Es una edición conjunta de la Municipalidad Provincial de Cajamarca y la Asociación “Obispo Martínez Compañón”, 312 pág. 14.6 x 20.3 cm.

 

PRELUDIO

Antes de la conquista qheswa, en la Nación de Cuismancu o Q'asamarka, a la sombra de sus reyes o señores naturales, con ocasión de solemnidades piadosas y civiles, infinidad de sonidos rítmicos de cantos o takís compuestos en lengua hablada kulli repercutieron en las piedras sin labrar de las habita­ciones de aldeas y pueblos de los ayllus-agricultores y ganaderos. Y, más tarde, durante el dominio de los Inkas, un sinnúmero de tonalidades de cantos compuestos en q'asamarka simi o dialecto qheswa regional, se reflejaron en esas mismas piedras hogareñas.

En la llaqta cuismancu-inkaika de Q'asamarka en aquel entonces, cómo resonarían los sonidos modulados de los jayllis religiosos en loor del Intip Raimin en el corazón sensible de las piedras blanquecinas de los muros de los grandes edificios de severo estilo inkaiko y de otras vastas construcciones señoriales.

Y, acaso, resonarían con mayor intensidad los auqay jayllis o cantos de guerra y de victoria que, en la tarde del día sábado 16 de noviembre de 1532, entonaban 300 ó 400 jatunrunas al son de antaras, kenas y tinyas, al tiempo que bailaban alegremente y recogían las pajas del suelo natural, puestos delante de las andas policromas de Atau Wállpaj Inka, en apoteosis de él, sonidos rítmicos que, al sobrevenir la captura súbita del Rey Andino y la feroz acometida de los auqashaprakuna o enemigos barbudos españoles a la multitud desarmada del cortejo indígena, se apagaron de golpe y no por grados.

Aquellos memorables auqay jayllis, así como los takis preferidos por los ayllus cuismancus o q'asamarkas en tiempos anteriores más felices, en la hora de ahora, ya no reflejan sus tonalidades en las piedras ni en la extensión superficial cajamarquina sino en el tiempo ilimitado. El espacio, pues, no los percibe ya ni siquiera como débil reverbero, pero los sigue escuchando con atención y simpatía no sólo en el tiempo sino también en la historia Y ambos a dos velan y han de velar siempre por su salud e inmortalidad

La agrupación natural de individuos de igual lengua y cultura de nombre gentilicio Cuismancu o Q‘asamarka, tan creadora de bellas artes debido a sus facultades estéticas, producciones infinitas que eran «vividas, sentidas y gozadas» por hombres y mujeres, en todo momento anduvo el camino de la vida ligada en afección con la literatura creadora o poética. Ora con el verso cantado o taki, ora con la prosa oral o de palabra.

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SALAS SALAS, LUZMÁN. Vallejo y los cajamarquinos. Cajamarca, marzo, 1994. Asociación "Obispo Martínez Compañón". 60 Pág. 14.5 x 20.2 cm.

PRESENTACIÓN

El genio de Vallejo estimula nuevos hallazgos y originales descubrimientos en tomo a su vida y obra. Las pocas líneas de este libro están insufladas de tal impulso generador.

«Vallejo y los cajamarquinos» es una revelación de los hechos y circunstancias que permitieron la estrecha relación del inmortal poeta santiaguino con algunos personajes célebres de Cajamarca, durante el ciclo vital de Vallejo en Trujillo y mientras paseó su existencia en Europa, entregado a una fecunda torea de creación artística y producción intelectual.

Transcripciones, referencias y citas textuales de cartas, esquelas y comentarios incluidos en este libro evidencian la interesante vinculación, bajo diferentes motivaciones, entre el más hondo y universal de los poetas peruanos y un distinguido grupo de poetas y escritores cajamarquinos.

Las páginas de esto obra recogen y ordenan algunas infor­maciones

contenidas en varios tratados sobre la vida y personali­dad del autor de «Los heraldos negros», especialmente referidos a la vinculación con los mencionados personajes cajamarquinos. A ello se agregan breves datos inéditos rescatados de importantes fuentes fidedignas.

Tan significativa indagación pretende correr el velo que cubre y silencia la conexión fraterna de Vallejo con los cajamarquinos, contemporaneidad dentro de la cual nace y se desarrolla la invención y la plasmación estética del autor de «Trilce».

No cabe duda ya de la directa cercanía de Vallejo con Orrego, Imaña y Spelucín, fundamentalmente. Resulta elocuente al respecto, por ejemplo, lo que informa Orrego en su libro «Mi encuentro con César Vallejo»:

«Amargado por la hostilidad del ambiente trujillano que seguía exacerbándose, Vallejo se trasladó a Lima. Desde allí me escribió varias cartas en las que me informó de su propósito de publicar su primer libro «LOS HERALDOS NEGROS». Desde entonces me pidió que escribiera yo el prólogo de su segundo libro «que ya estaba en marcha en el que confío realizar algo de lo mucho que esperas de mí. Es natural que seas el padrino de la criatura, a cuyo nacimiento tanto has contribuido con tu inteligencia penetrante, inspiradora y fraternal. «Eran sus palabras textuales».

Son pasajes de impresión viviente, de comunión fraterna, de emoción recóndita y de respeto mutuo entre Vallejo y sus coetá­neos cajamarquinos.

La personalidad trascendente de Vallejo, gravitante en los hombres de su generación y de los tiempos nuevos, constituye timbre de privilegio para Cajamarca, hermosa tierra de altura, ventana abierta al sol, lecho de lluvia «güeña», acuarela de Dios en la ladera, rastro de llanque en la cuesta del dolor, magia y encanto de lar nativo, aliento telúrico de breñal andino, cuna señera de intelectualidad y magisterio, fontana de encumbrado verbo poético.

Esta obra, pues, trata de recordar los flancos existenciales del poeta, alternados entre los retazos de dicha y los avatares de su muerte cotidiana.

El autor.

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BARRANTES Zurita. Cecilia Elizabeth y URTEAGA GUERRERO. Rossina Elsa. Organizaciones femeninas en Cajamarca. Cajamarca, marzo, 1994. Asociación "Obispo Martínez Compañón". 344 Pág. 14.5 x 20.3 cm.

I. PRESENTACIÓN

Hablar de la Mujer es hablar de la mitad del mundo, es encender la mañana de los hijos remendando las ausencias, los olvidos, las privaciones; es hablar de la ternura del tiempo, del nacimiento de la hora segundo a segundo en el grito avasallador de la existencia, grito sin embargo, silenciado en las páginas ocultas de los diarios.

En ella, en la mujer de esta tierra es necesaria la otra mitad del mundo para amasar la vida, con el sabor de cuatro manos, con el aliento de esa otra boca para hacer de la familia la unidad del tiempo y del espacio.

Su vientre trasciende la distancia pequeña de la casa para amanecer en la obra de la comunidad, del barrio, de la iglesia, de la escuela, de la cancha deportiva, del centro de Trabajo, del partido político, de la organización.

 Reconocer la presencia de la mujer en todas partes, es aunarse con la otra presencia para ser y construir con ambas fuerzas: la nueva sociedad en la nueva historia que queremos construir, a fuerza de esperanzas, lágrimas y risas.

Precisamente ese reconocimiento trae este trabajo, que con delicada persistencia, nos entregan sus autoras. Con paciencia y tino han ido hurgando aquí y allá en la urdimbre de organizaciones femeninas, que nos muestran el entramado colorido de obras en diversas dimensiones, que confirman el impacto social de sus hechos en momentos diferentes.

Han desentrañado fuentes olvidadas en archivos, bibliotecas; Testimonios que hablan de la presencia de la mujer insistentemente alrededor de obras benéficas, inspiradas en el amor a Dios, con su sello de clase y del momento; de estoicas creaciones educativas, para favorecer a la mujer en estudios superiores, incidiendo en la lectura de sus propios derechos; de agrupaciones culturales, en las que la mujer expresa sus afanes de poesía; en gestos Teatrales; en melodías; en expresiones vitales a través del dominio del campo en magistrales vaivenes de acentos deportivos; en hechos de civismo para expresar el amor a la patria, más allá de los libros; en su participación política en los entretelones de los partidos, donde hay que ser muy expertos para seguir siendo íntegros; en organizaciones sociales que hablan de todo; que buscan el equilibrio en género, es decir, en nuevas, mejores y democráticas relaciones entre varones y mujeres; entre padres e hijos entre profesores y alumnos.

Usted, entrañable lector, a través de cada página irá descubriendo caminos negados a la luz, pero que, con esfuerzo, Cecilia y Rossina han rescatado para la historia. Esta investigación irá penetrando en cada uno de estos caminos con paso crítico y con puntos de vista propios; con análisis de las respectivas coyunturas y dará su opinión fácilmente como en un diálogo permanente y cuestionador; de información y reconocimiento a la labor de muchas mujeres que con aciertos y limitaciones han contribuido al desarrollo histórico de Cajamarca.

Este hermoso, solidario y casi testimonial esfuerzo de las autoras, siendo el primero de esta índole, abre generosamente las puertas a nuevas y necesarias investigaciones acerca de la participación de la mujer en Cajamarca. Ellas ofrecen documentos valiosos, muestran la organización de la mujer en más de un siglo y reivindican la acción social de las mujeres cajamarquinas en la gesta permanente de coadyuvar la hechura integral de una sociedad donde se pueda reír, sin temor de llorar más tarde; crear con las manos del hombre y de la mujer la doble dimensión del mundo; amar en democracia partiendo del hogar, de la escuela, de la comunidad; decidiendo conjuntamente el desarrollo de nuestra patria chica: Cajamarca, y de la grande: el Perú.

La Asociación Mujer Familia agradece, en la gracia del árbol y la tierra este libro, semilla que ha de germinar en otros trabajos tan valiosos y urgentes como éste.

Socorro Barrantes Zurita

Coordinadora de Asociación Mujer Familia

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