PARANOIA COLECTIVA

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Antonio Goicochea Cruzado

 

El mozo del restaurante con preocupación manifiesta en su rostro, en voz baja:

 

-Don Rupe, hay una mochila sospechosa en la mesa 13.

 

El dueño del establecimiento fue a la mesa, vio el bulto e inmediatamente fue a avisar al policía que estaba muy cerca del local y le relató que un joven había ingresado al local con el pretexto de tomar caldo y que había dejado el virtual explosivo. El policía pidió a todos los que almorzaban que con la mayor calma abandonaran el lugar, ya que se sospecha de la presencia de una bomba. El accionar terrorista en la zona tenía a todos con los nervios en punta. No hacía mucho que habían secuestrado y matado al alcalde de Cholocalpampa. Toda la provincia estaba afectada ya que el terrorismo avanzaba con pasos agigantados.

 

Los circunstantes obedecieron la orden de evacuación, pero engrosaron el grupo de observadores que se había formado a unos treinta metros de allí, retenidos por policías que inmediatamente habían acudido en una rápida acción policial facilitada por la cercanía de la comandancia con el restaurante.

 

El Mayor Comisario dispuso que dos policías especializados por la DIRCOTE en desarmar explosivos, se colocaran la indumentaria de seguridad para el caso y desarmaran el artefacto sospechoso.

 

-¡Los tucos han dejado una bomba en el Ruche!

-Ha sido un jovencito, con zapatillas buenazas.

-Tomó tranquilo su caldo, dejó el bulto y se jue.

-Seguro que están por ahi mirando lo que pasa, dejuro que no es uno solo.

-Ojalá nadie resulte herido.

-Don Ruche estará rezando porque no le malogren la pollería.

 

A una cuadra de allí, en la casa de un profesor que había preparado un cebiche de trucha departían alegremente unos docentes de escuelitas de campo que aprovechando el fin de mes estrechaban amistades. Alegres por encontrarse juntos, abiertamente comunicativos abundaban en chascarrillos. Uno de ellos relató:

 

            Se celebraba el aniversario de la escuela de mi comunidad, habían concurrido, además de los pobladores, los ex alumnos de la escuela; uno de ellos volvía luego de mucho éxito económico, de lo que alardeaba a cada momento, vestía fashion, pedía cerveza por cajas, los lugareños lo rodeaban con evidente admiración. De pronto pidió a un ex compañero de estudios que lo acompañara a un escampado cercano. El solicitado dudó ya que la manera de vestir y de ser, ubicaban al visitante como sospechoso sexualmente. No obstante se decidió acompañarlo.

-No tengas miedo, estoy que me cago, y no sé dónde queda el baño, dijo.

-Así es otra cosa.

-No hay baño.

-Entón vamos allá al cerco, tú me cubrirás, no quiero que me vea la gente.

Fueron juntos. El que estaba con urgencias biológicas se adelantó unos pasos, buscó el lugar más propicio y se bajó los pantalones e inició la evacuación.

-¡Háceme la barra!, le dijo entre autoritario y suplicante, porque ya estaba ocupándose.

El acompañante, nones. No se movía de donde estaba.

-Háceme la barra. Dijo desesperando, alzando los brazos.

El acompañante, alzando los brazos hizo la barra:

-¡Ese culazo, rarará!, ¡esa relleña, jajajá! ¡Ese culazo, rarará!, ¡ese relleño, jojojó!

 

La risotada fue general.

 

Otro de presentes contó:

 

En el comedor de mi casa, que también es la casa de ustedes, estábamos cinco parejas disfrutando de un suculento almuerzo, en un silencio que se presenta “cuando los loros están en el maizal”, una de las damas dejó escapar un sonoro pedo. En el momento hubo un respetuoso silencio, una paz que anuncia tormentas inundó el comedor. Para salir de su azoramiento la autora del cuesco arrastró la silla presionando el piso y produciendo un silbido agudo y molestoso pretendiendo hacer creer que el ruido anterior acompañado de  un olor apestoso había sido producido de la misma manera, ante tal hecho dije:

 

-No suena igual ¿diga?

 

Las risas rubricaron la ingeniosa intervención, pero una mujer con shucaque y un anfitrión arrepentido, fue el colofón de ese  momento.

¡Ja, ja, ja!

 

-¡Mi mochila, carajo!, dijo de pronto y salió corriendo el profesor Segundo Cotrina.

 

En la esquina del restaurante la expectativa era general, los chismosos aprovecharon para decir sus conocimientos sobre los terrucos y los policías.

 

Los dos policías con casco y gafas protectoras, guantes, chalecos antibalas, gruesas botas hasta las rodillas, se arrastraban sigilosos rampando hasta la puerta.

 

Uno de ellos llegó a la puerta, siempre rampando, dio un giro, fue hasta la mesa cerca de la cual estaba una mochila. Auscultó a distancia prudencial la mochila. No se decidía aún a tomarla.

 

Un silencio sepulcral cubrió la antes bulliciosa esquina, cuando un joven profesor, de todos, conocido, se acercó al Mayor de la Policía y le susurró algo al oído.

 

El oficial ordenó que se detenga la intervención.

 

El joven profesor, se acercó al restaurante.

 

¡No, no!, ¡que hace el profe! ¡Que se detenga! Decían los circunstantes, sin embargo él, impávido, seguía. Ingresó.

 

Los policías rampantes, alzaron cabeza y  lo miraron desafiantes, incrédulos de tal osadía.

 

Otra vez ese silencio que anuncia desenlaces. El profesor salió con el paquete.

 

-Esta es mi mochila, Mayor, que después del caldo mañanero olvidé en el restaurante.

Para asegurase la policía que no era éste un artefacto explosivo, pidió al profesor que mostrara el contenido de su mochila, ésta contenía calcetines mugrientos, un pantalón sucio, un par de zapatillas viejas y un calzoncillo roto; que necesitaban urgente un lavado o un cambio.

-¡Carajo! Tanta bulla y pa tan poca fiesta, dijo un borrachito que por allí pasaba. Una risa general celebró la chanza y la frustrada intervención policial.

Amén de dos policías abochornados, que fueron objeto de burlas, ese día siguió discurriendo como cualquier otro domingo.

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*Antonio Goicochea Cruzado, ha sido antologado en "Literatura Actual de Cajamarca" Nº 1, Cuervo Blanco Ediciones. "Cajamarca: caminos de poesía" (2004) de la poeta Socorro Barrantes Zurita, Literatura de Cajamarca de  Manuel Rodríguez Gutiérrez Diciembre, 2008. Es miembro de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca (APECAJ), participó en los  Festivales de Poesía "El Patio Azul II,III,VI,V,VI Y VII desarrollado en Cajamarca y en el Festival Internacional de Poesía Arnulfo Vásquez Vásquez-Bambamarca (2008) Participó en el Festival Internacional de Poetas 2008 en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Ecuador).

Participó en el II Festival Internacional de Poesía José Rodríguez Vásquez –Bambamarca 2009.

Participó en el IX Encuentro de Escritores Manuel Jesús Baquerizo en San Pedro de Lloc (20109.

Participó en el X Encuentro Internacional de Poetas y Escritores en Jesús -Cajamarca 2010 "Socorro Barrantes Zurita".

 Recientemente ha publicado Cantata a San Miguel, Paideia;  y Teluria y ensueños, esta última en un tiraje de mil ejemplares, con el auspicio del Municipio Sanmiguelino, para su distribución gratuita en las escuelas de San Miguel.

En pocos días, nos entregará tres antologías de narrativa: Encender Palabras, sin apagar culturas (de Cajamarca, Celendín y San Miguel) en un tiraje de seis mil ejemplares, para su distribución en escuelas rurales de estas tres provincias, con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

 

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