LA MOÑA

Antonio Goicochea Cruzado*

 

-¿A dónde vas, Lobita?, me dijo curioso el Meyengue.

-Voy a La Lucma, a don Jesusito, tengo que reclamar una moña para el toro que vestimos con mis hermanos. Meyengue, lleva estos dátiles pa´l Santiago, el Baquita y los patas de La Matanza. Mi papá está alegre y me ha comprado tanto que ya me harté.

A la sombra del amplio alar de su casa de campo, descansaba en una perezosa don Jesusito, artista plástico del pueblo, exalumno de Escuela de Artes de Lima. Las paredes exhibían hermosas litografías, aunque descoloradas por acción del sol y el tiempo. Sobre la mesa estaba la moña.

-Pasa, Antoñito, ahí tienes la moña, puedes llevarla, ya tu papá me ha pagado. Pero lávate las manos,quizás la vayas a ensuciar.

            Mis manos mostraban residuos de las cajetas y dátiles que con  dejadez y descuido había comido.

            Me lavé en un chorrito de agua del arroyo que pasaba al lado de la casa. Obsequiosa su esposa me alcanzó una toalla.

-Gracias señora, gracias don Jesusito –dije.

            Tomé la moña con cuidado. Era una mariposa plateada de raso de seda, tenía unos lazos satinados del mismo color.

            Al bajar por el empinado y sinuoso camino, mis pies buscaban los rastros de pisadas frecuentes, consuetudinarias, para no tropezar; mis manos acariciaban el abdomen, el tórax de la mariposa, mis ojos se solazaban en las alas de tul escarchadas de arco iris, los ojos de la mariposa brillaban cual perlas negras, las antenas se bamboleaban al ritmo del caminar.

            Ya en la carretera mis dedos acariciaban con un raro placer la suavidad del raso y las onduladas formas de aquella mariposa de unos treinta centímetros de largo y unos treinta y cinco de envergadura. La rozaba con mi mejilla. ¡Què suavecita era!. La llevé junto a mi pecho.

            A la entrada del pueblo, junto a la casa de la tía Mavila, escuché los acordes característicos de la Banda del Santiago, una marcha copiada de la Banda de Músicos de Reque.

            Al encontrarnos, el Nolo Coshón hizo como si soltara los cohetes,

-Shiiiiiiiiiiiiiiiii punnnnnnnnnnnnnnn, Shiiiiiiiiiiiiiiiii punnnnnnnnnnnnnnn. ¡Viva el donante! ¡Que viva don Alfonso! ¡Que vivan el Lobita, el Gordo y el Francklin!.

El Meyengue había conseguido -dátiles de por medio- reunir a la patota.

-Colóquense a la retaguardia –ordenó, y Santiago, director de la Banda, que tocaba el trombón de vara hecho de carrizo, dispuso que tocaran la marcha, “El Cóndor Pasa”.

-------------------

* Poeta y escritor cajamarquino, nacido en San Miguel de Pallaques, ha participado en certámenes literarios nacionales e internacionales como en Bambamarca y Manabi (Ecuador), ha sido antologado en la "Literatura Actual de Cajamarca" Nº 1, Cuervo Blanco Ediciones. Diciembre, 2008, es miembro de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca (APECAJ), participó en el VII Festival de Poesía "El Patio Azul - 2008 desarrollado en Cajamarca y en  el Ha participado en el X Encuentro Internacional de Poetas y Escritores en Jesús -Cajamarca 2010 "Socorro Barrantes Zurita". Recientemente ha publicado su libro de poemas Cantata a San Miguel, y próximamente nos entregará PAIDEIA (narrativa), actualmente es Coordinador del proyecto MAESTROS ITINERANTES: UN APOYO A LA EDUCACIÓN RURAL que desarrolla La Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en convenio con el Gobierno Regional de Cajamarca para la edición de un libro de Narrativa.

Ir al inicio


Ir a Presentación    Ir a San Miguel    Ir a Mitos, cuentos y anécdotas