MARDONIO, EL CARDENAL

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Antonio Goicochea Cruzado

Sonó, musical, el timbre del teléfono de su escritorio,  Mardonio tomó el auricular y contestó con amabilidad:

-Paz y bien, quién habla por allí…

-Paz y bien su Eminencia, habla la madre Bernardeth, quien lo saluda afectuosamente.

 -Oh, madre, sus llamadas siempre me son gratas. Dígame ¿cuál es el motivo de la presente?

- Un bocatto di Cardinale, la novicia Gorethy debe ser iniciada por su Eminencia, dijo la madre superiora con el seseo propio de su acento español.

El cardenal Mardonio, que sabía de los devaneos de la lésbica superiora, recorrió mentalmente las anteriores iniciaciones de novicias. La muy ladina abadesa, para cubrir sus escarceos amorosos, servía en bandeja de plata a la entrante para que la gozara primero el Cardenal.

La recepción, en el convento, fue con tanta atención, amabilidad y deferencia que, de saberlo el Cardenal Montpriani, su rival en lides religiosas, políticas y en otras en este pacato país, habría ardido en las brasas de la envidia.

La novicia, de una belleza excepcional, que por decepción amorosa llegó a los claustros, esperaba resignada a lo que la superiora dispusiera.

-Siguiendo la rutina, primero la confesión, luego la penitencia, dijo la superiora.

En el confesionario, frente a frente, novicia y prelado inician la confesión. Los ojos del Cardenal contemplan un terso rostro de marfil, unos labios voluptuosos, que disimular quieren su sensualidad y no pueden, unos ojos almendrados orlados por unas ojeras que evidenciaban amaneceres en vela; las miradas del religioso se posaban en los pechos de la penitente que al ritmo de la respiración se levantaban y bajaban. La novicia, con evidente nerviosismo dijo sus caídas, yerros; y, contrita, sus propósitos de enmienda. Mardonio con fingida atención escuchaba. Luego de enterado de los desatinos de la novicia...

-Hija mía, ya sabrás que con tu penitencia, dijo el Cardenal, expiarás tus culpas. Hay una penitencia, todavía practicada: la expiación de los pecados por el placer, la que será cumplida en el dormitorio de la superiora.

Ya en el dormitorio, vieron que había sido preparado con prolijo cuidado para ser más placentera la estancia. Un equipo de sonido ecualizado en armonía traía a Andrea Bocelli, haciendo el ambiente sonoro propicio para el momento:

Siénteme, cariño mío

que la noche ya se acaba

siénteme, ven aquí

entre mis manos nace el alba.

 

Los espejos retrataban a Mardonio, acariciando la tersa piel de Gorethy y un cáliz pletórico de vino de misa que la novicia acercaba a los sensuales labios. Por el delgado cuello se dibujaban ondas que delataban el paso del vino a unas entrañas sedientas.

 

No hagas caso al pasado

y la niebla se irá

estréchame fuerte en tus brazos

y la vida volverá.

 

-Hermana mía, dijo Mardonio al momento que con delicadeza le quitaba la toca y acariciaba con fruición su cabellera…

Átame con tu cabello el alma

con tus olas ve bajando a mí

que yo soy el mar, tormenta y calma

que este escalofrío sentirás.

 

Háblame, abrázame,

mírame, hermosa luna.

Somos hojas al viento

alas por el cielo azul

llévame y vuelve a elevarme

que mi viento hoy eres tú.

 

-A cumplir la penitencia.

-Sea lo que diga su Eminencia. Hagamos cumplir vuestros deseos...

Los labios de Mardonio se posaron en la carnosidad escarlata de Gorethy que respondió con voluptuosa pasión. Las manos regordetas, largas, huesudas recorrieron las ondulantes caderas de la novicia, levantaron las faldas del hábito, palparon los tibios muslos y hurgando sus humedades llegaron al monte de Venus. Gorethy trepó a la gloria y se entregó entera…

Átame con tu cabello el alma

con tus olas ve bajando a mí

que somos el mar, tormenta y calma

que este escalofrío sentirás.

Y la noche escapará

cruzaré besándote

las mil lunas, las mil olas

que atravesarán por nuestros mares.

Átame con tu cabello el alma

que este escalofrío sentirás.

 

De pronto, el estridente ruido del despertador, colocado  muy junto a su cabecera, lo despertó.

-A la ducha Mardonio, le dijo su esposa, el desayuno está listo. Recuerda que tienes que llegar temprano a la reunión del Cardenal Montpriani con los hermanos del Sodalicio y del Opus Dei, a los que les prometiste, que hoy a las diez de la mañana, en una conferencia, darías tu punto de vista, como filósofo existencialista, cristiano y laico, sobre los pro y contras del celibato en el sacerdocio.

-¡Pero mujer! ¡¿Cómo me despiertas en momentos que iba a ser inmensamente feliz?!

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*Antonio Goicochea Cruzado, ha sido antologado en "Literatura Actual de Cajamarca" Nº 1, Cuervo Blanco Ediciones. "Cajamarca: caminos de poesía" (2004) de la poeta Socorro Barrantes Zurita, Literatura de Cajamarca de  Manuel Rodríguez Gutiérrez Diciembre, 2008. Es miembro de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca (APECAJ), participó en los  Festivales de Poesía "El Patio Azul II,III,VI,V,VI Y VII desarrollado en Cajamarca y en el Festival Internacional de Poesía Arnulfo Vásquez Vásquez-Bambamarca (2008) Participó en el Festival Internacional de Poetas 2008 en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Ecuador).

Participó en el II Festival Internacional de Poesía José Rodríguez Vásquez –Bambamarca 2009.

Participó en el IX Encuentro de Escritores Manuel Jesús Baquerizo en San Pedro de Lloc (20109.

Participó en el X Encuentro Internacional de Poetas y Escritores en Jesús -Cajamarca 2010 "Socorro Barrantes Zurita".

 Recientemente ha publicado Cantata a San Miguel, Paideia;  y Teluria y ensueños, esta última en un tiraje de mil ejemplares, con el auspicio del Municipio Sanmiguelino, para su distribución gratuita en las escuelas de San Miguel.

En pocos días, nos entregará tres antologías de narrativa: Encender Palabras, sin apagar culturas (de Cajamarca, Celendín y San Miguel) en un tiraje de seis mil ejemplares, para su distribución en escuelas rurales de estas tres provincias, con el auspicio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

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