LA LIBRERÍA EL CAPILLO CERRÓ PARA SIEMPRE

 

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Por Jaime Abanto Padilla.

 

La histórica imprenta y librería El Capillo ha cerrado sus puertas después de 70 años. Ubicada en la esquina de la Plaza de Armas, entre los jirones El Comercio y Dos de Mayo fue la última librería en Cajamarca y se mantuvo incólume en los últimos años gracias al estoicismo de sus propietarios.

Su propietario primigenio, el señor Cabrera, hizo de El Capillo un centro de cultura, desde ahí se publicaban diarios y revistas y se vendían libros de toda índole dando un espacio importante a la producción literaria de los cajamarquinos.

Con ella se va parte de la historia de Cajamarca. Parte de nosotros muere con el cierre del místico local. Poetas y escritores se pasearon en esa estancia, desvelados y esperanzados en ver plasmados sus libros que hoy se ausentan para siempre del lugar.

Lamentablemente los dueños se vieron obligados a tomar la decisión al ver la nula aceptación de los cajamarquinos por los libros. Cada vez se lee menos, los lectores de libros son una especie en extinción y la mítica librería tuvo que cerrar.

Su creador murió hace catorce años y los hijos se esforzaron por continuar la tradición pero no se podía subsistir con una librería en la que nadie compraba un libro, con el tiempo se convirtió en casi un museo.

La última vez que la visité encontré un libro de Cosmología andina de la extinta Anita La Torre Araujo, libro que sin duda la dejó la misma autora para su venta. La librería siempre acogió a libros de autores cajamarquinos a cambio de un modesto pago por la venta.

Quizás El Capillo solo sea comparable a las extintas Bozo y Ramitos, librerías que se encontraban ubicadas en el centro de la ciudad en la calle El Comercio a unas cuadras de la Plaza de Armas. En ellas había libros, por eso se llamaban librerías; en las de ahora hay útiles de escritorio, osos de peluches, corbatas, pero no libros.

Atrás quedaron los baldores con su álgebra, aritmética y trigonometría. Las biblias de Nácar-Colunga o los viajes maravillosos de Julio Verne. Enterradas en la memoria quedan las aventuras de Salgari o los veinte tomos del Tesoro de la Juventud, los clásicos franceses, los cuentos de Ribeyro, las decenas de ediciones de Trilce…

Un capítulo de la historia de Cajamarca se termina con su cierre. Hay una pena infinita en saber que ese lugar será convertido en otro negocio que seguro será más rentable. Quizás un bazar, una cevichería, una heladería o una tienda de celulares… eso solo sus dueños lo saben. Pero aquel lugar en donde ávidos lectores apaciguaron sus angustias por décadas, pasará ahora a habitar el mundo etéreo de los muertos, es decir, queridos y recordados con ternura, pero en ese universo neblinoso de nuestros recuerdos.

Cajamarca, 31 de enero de 2018.

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