Conferencia: “Noé Zúñiga Gálvez y el mundo mágico de Hualgayoc. Una perspectiva diferente”

 

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Ponente: José Zúñiga.

Escribe: Consuelo Lezcano Ruiz.

 

 

El día 30 del pasado mes de agosto, en el marco de la IV FELICAJ- 2019; el médico cirujano José Zúñiga Gálvez, hijo del reconocido escritor hualgayoquino Noé Zúñiga Gálvez, ofreció una interesante conferencia, en la que a través de diapositivas dio a conocer facetas inéditas de la vida y obra de su ilustre progenitor, como un sentido homenaje póstumo.

 

Transcribimos a continuación, sus palabras vertidas en tan sentida apología a su distinguido padre.  

 

“Finalmente la vida no es lo que hemos vivido, si no lo que recordamos de ella - dice el poeta - y lo que más se recuerda, son esos momentos que más impactaron en nuestras vidas y que cubiertos de nostalgia se impregnan en la memoria; para ser evocados luego, en medio de la reflexión, la penumbra y el silencio. O tal vez sin quererlo, junto a la cabecera, cuando uno se encuentra consigo mismo. 

 

 

Tuve la suerte de ser parte de la vida de un hombre excepcional y embeberme no sólo de los gratos momentos que nos regaló; sino de aquellos tan impactantes, que colindaron con la sublimación y el éxtasis del espíritu. Algo que tal vez sólo logran conseguirlo las personas de noble corazón, conciencia limpia y mente preclara; esos que con sus relatos te transportan a mundos imaginarios de Quijotes y Dulcineas, de Sherezadas, Aladinos y Julietas. Pero además y lo maravilloso - y diferente en él - es que a nuestro limitado y rutinario entorno, le vertió la fibra creadora, aquella que adormita, embalsama y embelesa: para convertir ese mundo de calles zigzagueantes de frío y soledad, amurallada por cerros con farallones de oro, plata y pirita; y luego recrearlo y trastocarlo en una dualidad imaginativa insospechada: nuestro mundo real y a la vez imaginario.  Allí por donde caminábamos y saltámos con mis hermanos y los amigos de infancia, también transitaban virtualmente Pablo Rojas, el Parranchano y sus amigos; en la plaza donde mamá hacía el mercado, el Taita Vishe daba rienda suelta a su agudeza y picardía; en la oficina “El Carmen” donde mis paisanos procesaron por años ingentes cantidades de metales preciosos, la bella Purgatorina ocultaba como un tesoro, su gran amor por Pablo Rojas.  Hermosas páginas que desnudan la riqueza de sus cerros y paradójicamente la pobreza de nuestro pueblo, pero también su grandeza en el dolor, la solidaridad con el prójimo y en general en muchos la práctica de los valores humanos.

 

Recuerdo que salíamos de paseo rumbo a la Mina “Los Negros”. En la vera del río, enfrente de la oficina de “El Carmen”, hacía un alto y comentaba: … Por este empinado acantilado trepaba Pablo para encontrarse con Carmen la Purgatorina y - señalaba - en aquel ventanal eran sus furtivos encuentros…” Era aún niño cuando leí el manuscrito de su novela “El Socavón Compactado” quedé atrapado en su doble trama y finalmente impactado hasta vertir algunas lágrimas pueriles, con la historia de Pablo. Cuanto derroche de ternura y belleza. 

 

Mi hogar no fue un simple hogar, era un MUNDO DIFERENTE, muy distinto al entorno que nos rodeaba. No había luz eléctrica en el pueblo, por la noche nos alumbrábamos con vela - en otras casas lo hacían con  lamparín o lámparas de carburo - en ese ambiente de penumbra,  las tenues sombras  proyectadas en las paredes, parecían fantasmas en movimiento y en acecho constante, enervando el espíritu hasta del más valiente de los hermanos quienes  buscábamos estar siempre unidos y lo más cerca  posible; de pronto mi padre nos reunía y se hacía la luz, para orientarnos por la senda visionaria  de las ciencias las artes y las letras. No aquella luz que como fenómeno físico perciben nuestros sentidos, y de la cual ya decía estábamos escasos; sino aquella que ilumina la imaginación y sublima el espíritu, y que nos permitía crear nuestros propios mundos infantiles y percibirlos como reales, era una etapa de ilusión y fantasía – diría, una época de bendición. 

 

 

Como olvidar las múltiples noches de cuentos y tertulia, donde cada uno de sus hijos debía aprender y narrar un cuento como mínimo, también participaba mi madre; y luego él nos relataba el contenido de las grandes novelas inmortales. Los nombres de Dickens, Dante, Verne, Víctor Hugo, Dumas, Chateubrian, Cervantes, Papini, Isaacs, etc. no eran extraños para nosotros. Pero lo que más me impresionaba era su increíble capacidad de memoria que le permitía con gran facilidad repetir párrafos enteros del Quijote, María, Atala, María Magdalena - de Vargas Vila - o los versos de Bécquer, Chocano y Neruda; y cuando no, recitar la larga y hermosa última carta de Bolívar:  “ …Te extraña que piense en tí al borde del sepulcro?  ha llegado mi última aurora... en este supremo instante en que la muerte me señala con dedo deicida…”  o la tristeza del Inca:  “ … Castellana, tú no sabes todo el mal que me has hecho; Castellana  ignoras acaso que nací en el Perú. La tristeza del Inca se apodera de mi pecho, y quién sabe…quién sabe, si la rubia eres tú…”  en fin, todo un deleite para los que amamos las bellas letras.

 

Eran sin duda hermosas las horas que pasaba contemplando anonadado, cómo de un simple lienzo en blanco, su pincel lo transformaba en la excelsa imagen del Cristo que adornaba nuestra sala, o aquella también hermosa de la Virgen del Carmen - Patrona de nuestro pueblo - además de otros cuadros con paisajes relacionados con nuestro Hualgayoc querido. Pero así, como en la vida de los grandes personajes, su avanzada ceguera fue un gran limitante… y aún queda inconcluso el cuadro de Manolete, que con gran imaginación lo bosquejó y adaptó toreando en la plaza de Toros de Hualgayoc.

 

Espectaculares las despejadas noches de luna llena, dibujando con sus rayos tangenciales el claro oscuro del recodo de los cerros, y plateando las calaminas de los techos del pueblo. En este ambiente sosegado y frío, íbamos por sus calles silenciosas, caminando a la luz de la luna, evadiendo los charcos de la calle. Y él recitando los versos de Neruda: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche, escribir por ejemplo la noche esta estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos, … el viento de la noche gira en el cielo y canta …” o narrando el Claro de Luna o El Miserere, de las Leyendas de Bécquer.

 

Hasta el astro de la noche parecía callado en lo alto, como queriendo escuchar, la hermosura de estos versos".

 

 

Cajamarca, 08 de setiembre de 2019

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