RICARDO CABANILLAS CABANILLAS

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Cajamarca, 24 de Diciembre del 2010

Semblanza

Antología Poética

Antología de Poesía Infantil

 


SEMBLANZA

Cuadro de texto: “La poesía es la imagen perfecta de la palabra desnuda  que brota del centro del corazón como un aletazo de luz, como un relámpago, una flor, una canción;  atraparla es el desafío,      para asombrar al mundo”.
 
Ricardo Cabanillas
 

 

 

Ricardo Cabanillas Aguilar (1958); Nació en un puerto azul (Pacasmayo), pero su ascendencia es de la zona de San Pablo, parte baja de San Luis, Caserío de Las Paltas, donde el poeta vivió los primeros años de su infancia. Allí, se nutrió del aroma del paisaje de la zona Yunga, el río Puclush, los sauces, los peces, los mangos y los pajarillos que ornamentalizan el paisaje lugareño, donde además se alza el gran Apu “Pilcay”, en cuyos lomos antiguamente los cóndores hacían sus nidales.

Sus primeros estudios los realizó en San Juan de Llallán, un pueblito rural, lleno de calor humano, cuyas callejas de barro y noches de luna, le inspiraron a escribir “La Casita Teja Roja” y “Fábulas del Arco iris”, dos hermosos poemarios que ha merecido el reconocimiento de la crítica literaria.

Estudió secundaria en Pacasmayo. Allí, se impregnó de los atardeceres y de los peces y de las gaviotas. Pacasmayo es  un hermoso puerto azul, con sus balnearios: El milagro, Santa Elena, Poémape. La fusión del ambiente rural, andino con la espuma blanquiazul del mar, ha permitido que la obra de Cabanillas abriera un privilegiado espacio en la conectividad urbano-rural necesaria para entender la interculturalidad en el arte y la educación.

 

Su vocación de maestro lo llevó a estudiar en la Universidad Nacional de Cajamarca, donde se graduó de Licenciado en la especialidad de Lenguaje y Literatura. Allí conoció a los poetas Manuel Ibáñez Rosazza y Luzmán Salas Salas, quienes fueron sus maestros en el arte de los poetas. “Manuel Ibáñez forjó mi vena poética y Luzmán Salas, mi visión crítica del arte”-dice Ricardo Cabanillas con gratitud.   

       

Es un intelectual trashumante y polifacético, cuya producción viene siendo rescatada y difundida por la crítica especializada local, nacional e internacional. En 1997 escribe su primera obra de teatro “El silencio de Gmoch” que fue estrenada en Cajamarca y difundida en Lima por el Grupo “Los Grillos”, conducido por Sara Joffré.

Dirigió durante diez años (1981-1990) el Teatro universitario (Taller de Arte Dramático “Ollanta” de la universidad Nacional de Cajamarca. Durante esa época estrenó sus obras “Rituales”, “Balada del Poeta” y “Miguel de Octubre”. Con estas obras logró el reconocimiento unánime a su cimentado estilo dramatúrgico, a nivel local y Nacional. La madurez de su pluma se manifestó con la obra “Los espacios se encuentran solos”. una propuesta experimental que fue presentada en la VII Muestra Nacional de Teatro universitario, realizada en Huánuco (1991). A partir de allí, se retiró de la dirección teatral y experimentó en el género de las Cantatas: “La danza del el viento” (1991) en homenaje a Manuel Ibáñez Rosazza. Y “Latidos en el Tiempo” (Homenaje al colegio Juan XXII. de Cajamarca). Posteriormente adaptó al teatro, la novela “Rondo” (1998), del padre Miguel Garnett.

 

En cuanto a sus lauros señalaremos que en 1991 obtuvo el reconocimiento de la Biblioteca Nacional, por la publicación de “La casita Teja Roja”. En 1998, obtuvo el premio nacional de poesía, “juegos Florales César Vallejo” con el poemario “Canto rodado desde la cima del trueno”. En 1994, obtuvo el premio regional de poesía “Estrella Arroyo de Guedez”. En el año 2000 obtuvo el premio de narrativa “Mariano Iberico Rodríguez”. También Ricardo Cabanillas ha incursionado en la composición musical. Obtuvo dos galardones “Clarín de Plata” con las composiciones “Un día de noviembre” y “Mi país”. Además ha experimentado en la producción de cortometrajes (cine-vídeo), uno de los cuales (“La espera tiene un nombre”) se hizo acreedor el reconocimiento especial en Loja (Ecuador) en el año 2000.

En el año 2000 obtuvo el grado de Maestro en Ciencias y en el año 2009, el grado de Doctor en Educación. Hoy en día, en mérito a sus lauros intelectuales y artísticos es un reconocido académico dentro y fuera de la región. Durante los últimos años ha participado en la conducción del Proyecto Educativo Regional de Cajamarca. En el año 2008, fue invitado a Venezuela a dictar un ciclo de conferencias académicas sobre “desarrollo de competencias para el desarrollo organizacional del siglo XXI”.

En diciembre de 2010 fue invitado a Ciudad de México D.F. a sustentar conjuntamente con  Iván León , un trabajo de investigación titulado “Claves para la construcción de una Pedagogía intercultural”.

Ricardo Cabanillas Aguilar, actualmente es docente de la sección de Maestría y Doctorado de la Escuela de Post Grado y  de la de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Cajamarca.

 

RICARDO CABANILLAS –MÉXICO 2010

 

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ANTOLOGÍA POÉTICA

 

            KUNTUR WASI

 

                                                       (En la noche pagana,  una luciérnaga

                                                         alumbra la memoria de los faunos

                                                         con una voz, una canción, una utopía).

                       

 

De pronto abrí mis ojos junto a tu piedra arcana,

a plenitud orlada por la Luna.

Silencio.

Los gentiles se levantan con sus ecos de arena.

Aleteo, murmullo, caricia, ventisca,

un Wayno brilla en el corazón de las chaquiras

y  las mágicas icllas anuncian

el paso del cóndor con sus cósmicas alas.

 

Oh, Kuntur Wasi,

Gran Vigía de San Pablo,

Centinela de los sueños geométricos y redondos.

 

Aquí, hace dos milenios,

la sombra de los Culles

hablaba con las piedras y relámpagos,

mientras los dioses escalaban tus montañas

con el Sol en la piel y la Luna a cuestas,

para despertar la lluvia y liberar el rayo,

tallando la vida,

el maíz, la utopía y el perfil del amor.

 

Oh, Kuntur Wasi,

Cóndor indómito, protector de los hombres                                                  

gemido de luz que abres mi pecho

a Chilete, San Pablo, Cuismango y Pilcay.

Guerrero del tiempo que los dioses legaron

a mi raza de bronce, a mi aliento profundo

un misterio rimado, un latido de viento.

 

Oh, Kuntur Wasi,

aquí se quedan rodados mis ojos

mi palabra azorada, mi sandalia de fiesta

cuando te contemplo

           y te guardo eterno, eterno...

 

RICARDO CABANILLAS

                                             


                     

                        EXHORTO A LA PALABRA AUSENTE

I

 

Al principio

lo acústico no era concebido

en la nebulosa mental del equilibrio.

No era liberado aún

el cromosoma lingüístico

de su matriz pensante.

Solos

andábamos como un árbol

aferrado en tamaña boca de la noche.

Solos

como trinos inmutables

de silencios en las ramas.

Solos

como atalaya de lunas

abolidas por la sombra.

Levemente

(0h, sí, levemente…)

la imagen insomne del sonido

dormía suspirando eternidad.

Ah, indomable eternidad,

la lengua atada a la pena

de la mudez de no decir nada.

Éramos

(¿cómo éramos, entonces, cómo éramos?)

árboles sin habla,

el rostro penetrante de lo inmóvil,

más que un viento enlutado

en nuestra hojas yertas,

más que espejos de verdes atavíos

llagados por la noche…

…Solamente,

así de pronto,

aletearon pájaros de luz.

Crujió la oscuridad

(oh, súbito espasmo de lo oculto)

abriendo sus ventanas

al espíritu axial de lo audible.

Y en el labio, así de pronto,

un gemido se hizo beso,

tornóse verbo,

mostróse aliento,

viva palabra

y poesía.

 

 

 

 IV

 

Porque la palabra

no nació para el silencio,

no para testificar su desencanto

en el huraño rincón del egoísmo;

y aún en el rudo infortunio

del beso extraviado en la sombra

es el rostro del espíritu

habitado por la luz.

 

Porque la palabra

no nació para el silencio.

Pues el trino de la lengua

estremece la rama más torpe e inútil,

la torna activa,

la muestra vida,

humanamente árbol,

sensiblemente bronce.

 

Porque la palabra

no nació para el silencio,

no para ser cómplice del miedo

contra el dicterio

que humedece el alma;

y es bálsamo también

para el oído penitente

cuya ansia se extingue

cribando la noche

voces luzalbas, yelmo y vida,

delfínica poesía,

ecos,

sonajas,

 tropel,

incendio.

   ¡Oh, palabra violeta!

 

 

IX

 

Sólo falta en el diccionario

una exacta palabra,

aquella sólo concebida

por los pájaros y los poetas

cuando cantan como si fueran

unitarios trinos del mañana.

Una palabra

para liberar al amor prisionero

en la rama de una noche umbrosa,

condicionado a la espera

de un labio que glose su código arcano.

Una palabra

para el hambre que rueda

privándonos del habla en las calles

y se sostiene a dura voz

bajo las aguas de los párpados calientes.

Roja su ira detenida en el estómago

y su niebla como un ansia

en los caminos que se escapan

hacia las altas montañas.

 

Oh, ignota palabra,

ósmosis de vida,

gota de rocío que incendia al océano,

quién pudiera saber tu oculto nombre

para convertir al mundo

en árbol de humana sombra…

 

 


 

DESDE ALGÚN LUGAR DELMUNDO

 

                                                           (Ay, Señora,

                                                           cantaré para usted un San Juanito

                                                           para que regrese pronto mi Juanito)

 

 

Agitando su ausencia de siglos en la Sala de Espera

llega con su acento caribeño, el último guerrero

que dejó su corazón en esta tierra.

 

Canta una voz en la frontera del otoño:

 

“Ay, Señora, por favor hágame usted un milagrito

para que regrese pronto mi Juanito”.

 

Qué relámpago perfecto brilla en su alma

cuando la tarde aprieta los recuerdos infantiles.

 

“Ay, Señora, por favor présteme usted su escobita

para barrer de mi alma esta penita”.

 

Diciembre, me ha devuelto al hermano,

por quien la luna, en las noches, una trova repetía:

 

“Ay, Señora, cuídalo por favor,

mi Juanito es sólo un soñador.

Ay, Señora, cuídalo por su bien

como cuidas al niño de Belén”.

 

Es cierto.

Ha vuelto después de infinitos calendarios,

exilios y lides aún sin nombre,

vencedor de las hambrunas,

sin caer aún desnudo bajo tierra.

 

Entonces,

canta otra vez la voz del otoño:

 

“Desde algún lugar del mundo

ha vuelto el ausente.

para apretarlo ahora entre mis manos

con toda su epopeya, con  toda su canción,

con toda su sombra repleta de luz”.

 

 


                       

MELODÍA DEL VERSO BREVE

 

 

                        Ha caído el verso

                        bajo la sombra herida.

                        Casi maduro,

                        tal vez acero.

 

                        ¿No es acero el viento

                        cuando flamea en la pluma?

                        ¿No es suspiro el eco

                        cuando desgarra a la luna?

 

                        Ha caído el labio

                        bajo el pretil del sueño.

                        Casi dormido

                        tal vez eterno.

 

      El corazón, un trueno

      recogido, llueve.

Una canción sin jinete

      en el alma leve.

 

      Ha caído la noche

con su pestaña de olvido.

      También cayó el silencio

      junto al último trino.

 

     La luna se fue cantando

      con sus luciérnagas breves.

      Se fue llevando al verso

     en su mortaja de nieve.

 

 

                                                           RICARDO CABANILLAS

 


 

            LAS TRENZAS DE LA LUNA

 

            Me enamoré

            de las trenzas de la  luna.

 

            Oh, la colina

            que  la esconde de mis ojos.

 

            Aquí,

            con mi poncho y mi antara

            enjuago el pan de mi nostalgia.

 

            Soledad.

            Silba la noche a las estrellas.

 

            Soledad.

            Hierro y silencio

            en boca de los grillos.

 

            Me enamoré -repito-,

            de las trenzas de la  luna.

 

            Y estoy danzando

            -¡con mis peces de plata...!-

            en  fúlgido romance con la luna.

 


                 EL ARBOL Y LA NIEBLA

 

 

                        Escribían

                        la saga infinita del viento,

                        sin miedo al búho      

                        ni a la lengua

                        del rocío mañanero.

 

                        Hilaban

                        nidos de almíbar

                        en madeja de lana,

                        una luna, una piedra,

                        un árbol, una sombra.

 

                        Amábanse

                       -fuego y trino-

                        en ramaje de espadas verdes

                        como dos lunas encontradas

                        en la sombra del trigal.

 

                        Iba ella

                        vestida de nácar

                        a jugar con el roble,

                        en cuyo músculo

                        un corazón flechado

                        disparaba al cielo los besos.

                       

                        Un día

                        se perdió la madeja de lana;

                        la niebla quedóse sin roble,

                        el roble se quedó sin espada

                        y la luna sin sombra

                        y la piedra si agua.

                       

                        Solo una paloma

                        aleteó en el trigal...

 

 

                                                                       RICARDO CABANILLAS

 

 


                        

            LA LUNA Y EL RONDERO

 

            La luna verde

            junto a la nube

            hizo un nido

y se durmió.

 

            Un roncerito

            con su antara

            ¡ay!, noche ciega

            la despertó.

 

            La luna blanca

            juega que juega

            con un rayito

            fugaz lo hirió.

 

            El roncerito

            busca que busca

            en el caminos

            ¡ay! se perdió.

 

            Muda la luna,

            lámpara sola,

            eco en la sombra,

            ¡ay!, estalló.

 

            La luna llena

            ¡ay!, suspiraba;

            pero el rondero

            ya no volvió.

           

 


 

CAMINO DE SAN PABLO

 

                         (Dedicado a la tierra donde brota el aguardiente 

                         Como una fontana de miel)

 

He vuelto

            a escalar con estos versos

el  lomo del Pilcay y San Bernardo.

                       

            Hasta la cima del Kuntur Wasi

            a  recoger los ecos de mi raza,

            con el rumor azul del viento galopando en la hierba,

            y el relámpago inmóvil consagrado en  la piedra.

                        

           Aquí, en San Pablo

            el saludo es la bandera que aún flamea en el espíritu.

            y el cogollo de la caña, 

            está escrito en cada labio de sus gentes.

 

             

            Trigales que alfombran  la comarca milenaria,

            Arvejales que ondean las pampas de Cardón,

            Capellanía, Jancos , La conga y San Gal.

                       

Aquí la vida es  más vida a la luz del horizonte

Aquí la luz es más luz en un cantar breve y profundo.

           

Aquí en San Pablo,   

            el viento espolonea nuestro pecho

            cuando las gentes escriben su historia,

            a vivo pulmón,  músculo y fuego,

            porque sus voces también son claros versos

            que se encienden con la luz de los luceros.

           

           

                                   RICARDO CABANILLAS

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ANTOLOGÍA DE POESÍA INFANTIL

  

“La Casita Teja Roja” (1991, 2009), manojo de poemas, destinados según el noble propósito del autor a los pequeños y grandes niños, constituye acaso una obra abierta, exenta de sortilegios lingüísticos, cuya lectura denota fina ternura y hondo calor humano –rasgos taxativos de las excelencias de la obra-. que tipifican el universo infantil andino.

 

Un nuevo hogar en “La casita teja roja” –subraya el Dr. Luzmán Salas-, encontró la poesía infantil. En nombre de la APLIJ, Filial Cajamarca, la saludamos y estaremos siempre visitándola.  Que sus puertas permanezcan abiertas a la creación de su autor y que su encanto siga cautivando la ilusión de los niños.

 

 

 

ARBOLITO

 

 


Arbolito
solitario,
guardas siempre
mi camino.


A tu sombra

se escribe

el trigal

de mi destino.


Cuántos besos
das al viento,
Cuánto aroma
a su voz.

 

Arbolito
En mi cuaderno
Hoy pinté
Tu corazón

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)


 

DOÑA LUNA Y LA NUBE

 

Doña Luna se ha escondido

en la casa de una nube.

 

Buscando un hilito de oro

en la nube se ha perdido.

 

¿Podrás dejarla libre

oh, nube carcelera?

 

¿Podré con mi aliento

decirle que no muera?

 

No quiero jugar ahora

hasta ver la Luna nueva.

 

Luceritos de la noche,

roguemos juntos por ella…

 

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


  DOS PAJARITOS

 

 

Dos pajaritos

pintaron un nido

entre las ramas

de mi arbolito.

 

Son mis amigos

los pajaritos,

cuando estoy triste

cantan conmigo.

 

Rezan al cielo

por los niñitos,

duermen muy juntos

pico a piquito.

 

Por eso siempre

cada mañana

yo les invito

mi mermelada.

 

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


  

LOS CANTORES

  

Doña Tukita

en el naranjo,

con su guitarra

un triste

cantaba.

 

Y Don Tukito

en su pañuelo,

una penita

¡ay! suspiraba.

 

Qué nochecita

de cantorcitos,

entre luciérnagas

de verde fuego.

 

Qué parejita

¡ay! tan bonita:

ella un canto,

él una pena.

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


 

EL CHASQUERO

 

Se llevó un chasco

el rojo chasquero.

 

Volando en la fuente

sus alitas se perdieron.

 

Yo curé

su dolor pasajero

y le enseñé

a ser buen viajero.

 

Volando se fue

con sus alas de viento.

 

Mas quedóse para siempre

de mis ojos prisionero.

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


 

                    ABEJITA HILANDERA

 

 

Abejita hilandera,

la más linda solterita.

 

Cuidado que el agua moje

la miel de tus alas primas.

 

Y se rompa tu mandolina

y se hiera tun corazón

 

Y la tarde amarilla

¡ay! suspire sin tu flor.

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


 

MARIPOSA AMARILLA

 

 

Mariposa

amarilla,

abanico

de mi hogar.

 

Vuela siempre

en mi cielo

con tu amor

primaveral.

 

Mariposa

amarilla,

tu trompilla

es una flor.

 

En tus alas

hay mil vuelos

y en tu vuelo

un girasol.

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


 

PAJARITOS SOÑADORES

 

Pajaritos soñadores

que en mi alma hicieron nido,

ya no tengo vuestras alas

que rielaban mi camino.

 

Siempre miro el arbolito

que planté cuando era niño,

sólo el viento aletea

en la rama del membrillo.

 

Ah, la rama sin el nido

y el nido sin ceniza,

la ceniza sin aroma

en la tarde enmudecida.

 

Pajaritos soñadores

que pintaban mi destino,

se han marchado con mis sueños

a  las ramas del olvido.

 

RICARDO CABANILLAS

(De “La Casita teja Roja”)

 


FÁBULAS DEL ARCO IRIS

 

“Fábulas del Arco iris” (1993, 2009), es una sugestiva muestra de poemas infantiles que remite nuestra imaginación al fabuloso universo rural andino, con la misma magia y fina ternura que plasmara en su poemario inaugural “La casita Teja Roja” (1991).

 

 

                              RONDERITA

 

                          Ronderita

                          agüita de amor

                          cuida siempre

                          en tu corazón

 

                          Tu oveja

                          de  blanco vellón ,

                          tus pasitos

                          olor a fogón

 

                          Una estrella

                          por ti recogí

                          en mi alforja

                          color alhelí.

 

                          Ronderia

                          ojos de miel

                          ¡ay! que dura

                          la vida de hiel.

 

  RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


 

                          LA LUNA Y EL RONDERO

                         

                          La luna verde

                          junto a la nube

                          hizo un nido

                          y se durmió.

 

                          Un ronderito

                          con su antara

                          ¡ay! , noche ciega

                          la despertó.

 

                          La luna blanca

                          juega que juega

                          con un rayito

                          fugaz lo hirió

 

                          El ronderito

                          busca que busca

                          en el camino

                          ¡Ay!, se perdió.

 

                          Muda la luna ,

                          lámpara sola ,

                          eco en la sombra ,

                          ¡Ay! estalló.

 

                          La luna llena 

                          ¡ay! suspiraba

                          pero el rondero

                          ya no volvió.

                         

  RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


DOÑA NIEBLA

 

Doña Niebla en la quebrada

perdió su alforja de lana.

 

Hace dos lunas la busca

a tropezones, en la hoyada.

 

Ofrece de recompensa

un copo de espuma helada.

 

Servido en hoja de higuera

con nieve de cremolada.

 

Suspirando en aquel árbol

está la niebla solita.

 

Sólo una luciérnaga alumbra

su velo de señorita.

 

RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


DUENDECITOS

 

Duendecitos de la noche

no me vayan asustar;

con mi alforja ronderita

cruzaré el camino real.

 

Ya pasé los higuerones,

ya crucé frías hoyadas;

las luciérnagas se peinan

con la luna en la quebrada.

 

¡Buenas noches, duendecitos,

gentecitas tan sencillas!

¿Qué bonitas campanitas

y linternas amarillas!

 

Duendecitos de la noche,

ya me tengo que marchar.

Hoy les dejo este quesito

y un ramito de azahar.

 

  RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


 

AY, RONDERITO

 

Ay, Ronderito

ven a la ronda

pues esta noche

van a robar

tus cuatro reales,

tu corderita,

cuatro abigeos

de este lugar.

 

El Canshaluc,

el Ayapuma,

el Pacha  zorro

dicen, son tres.

¿Quién será cuatro?

Ay, ronderito,

¿un duende rojo

de mal querer?

 

Ay, Ronderito

pide a la luna

su farolito

para rondar,

contra el Maligno,

contra los duendes

que tu querencia

quieren llevar.

 

Ay, Ronderito

quema tus miedos,

rasga la noche,

peina el sol.

Pues cuando crezcas

ay, rondarás

el caminito

blanco de Dios…

 

  RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


  

PASAN LOS MUSICOS

 

En la noche de San Juan

se oye un bombo socarrón,

son los músicos que pasan

a encender un corazón.

 

Canta un grillo en la torre

consolando al Sacristán;

la morena virgen llora

refugiada en su altar.

 

Con la luna van pasando

los redobles junto a mí,

tienen algo de tristeza

sus kepís de alhelí.

 

Presuroso voy tras ellos,

no los puedo alcanzar;

esperando está la virgen

quien la pueda consolar.

 

Cuando llegan a la ermita

con sus bronces se agigantan,

la tristeza se convierte

en rocío de las flautas.

 

Campanitas llueve el cielo,

farolitos y guirnaldas,

cuando canta mi Señora

con los músicos que pasan.

 

ya se marchan a otro pueblo

en comparsa de luceros,

soy pequeño todavía

y no puedo ir con ellos.

 

Van perdiéndose en la luna

por el gran camino real,

van llenando la tristeza

en su cuna de metal…

 

  RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


  

VIVAN LOS PAYASOS

 

Rondinela que aletea;

muchos niños en la plaza

esperando a los payasos

y gitanos en comparsa.

 

Van llegando los payasos

con sus risas y fanfarrias;

saltimbanquis de colores,

arlequines sin espadas.

 

“Camotín” es el mayor;

“Rocotito”, cabriolea;

y una triste niña dice:

-¡Acabad con las tristezas!

 

¡Ah, cuán pobre es mi pueblito

con sus ayes silenciados

por el hambre y la miseria!

Sólo hay niños apenados.

 

Los payasos ya no ríen

con sus bombos y guitarras,

los payasos sólo lloran

con sus almas destrozadas.

 

Pero un niño se levanta,

haraposo y desgarbado,

y con voz de viento grita:

-¡Vivan, vivan los payasos!

 

Los payasos se agigantan

con su sangre de gitanos;

todos juegan, todos ríen:

-¡Vivan, vivan los payasos!

 

En la tarde de un otoño

los payasos han pasado

por el pueblo de mi tierra

y mi alma se han llevado…

 

RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

 


                     FAROLITOS

           

(Dedicado a Manuel Ibáñez Rosazza)

 

 

Con la lumbre del dolor,

¡farolitos!,

se rayaron mis cuadernos

¡farilitos!.

 

¡Ay!, si esas noches,

en comparsa, mi corazón

se vistió con vuestra luz.

 

Yo tejí

una estrella de cinco puntas

que peleó contra la ira

de los piratas pavos reales.

 

Vieran cómo se batió, cantando

con su espada de papel y caña

en la fiesta de mi pueblo.

 

Vieran que en la última batalla

se han quebrado para siempre

sus voces y sus alas.

 

 

Y desde entonces ya no tengo, ni siquiera

el cirio encendido en mi memoria

parpadeante.

 

Y ya tampoco tengo

ni la flor ni la risa

de mi rojo farol de caña.

 

¡Ay!, las noches en los cielos

encienden sus faroles de plata.

Farolitos,

farolitos…

 

RICARDO CABANILLAS

(De: “Fábulas del Arco Iris”)

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