Restaurante: El Velorio

 

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Por: Gamaniel Guillermo SILVA RODRÍGUEZ

 

En Cajabamba, en febrero del 2014, tuvimos la sorpresa y alegría de visitar con Isabelle, por primera vez, el restaurante: El Velorio. Es un sitio extraordinario, ubicado en el jirón Zavala de esta ciudad y digno de elogiarlo nuevamente, sobre todo, por lo sabroso de la comida que prepara doña Marina Vera. Ella, es la propietaria, es la cocinera y es la mesera. Lo particular es que, todavía cocina en su fogón con leña y emplea algunas ollas de arcilla lo que le da ese toque de sabor exquisito, como para seguir “chupándose los dedos”.

El ambiente del restaurante casi esta igual, los pisos de la entrada y la cocina los han encementado, al interior otras mesas rodeadas de plantas y flores, las que resaltan son la palta, el níspero, el cardenal, la menta, algunos maceteros que dan la impresión que estuviéramos en algún lugar familiar. A la hora del almuerzo no falta la música que nos acompaña, sobre todo música peruana, marineras, huaynos, valses, que ella misma busca desde su celular. Y si a usted le gusta bailar, encontrará una pareja que lo dejará “chiquito” porque zapatea como no tienes idea.

Con la plandemia, disculpen, pandemia los clientes del restaurante se alejaron. Ahora, vemos que empiezan a retornar, sobre todo los trabajadores del Hospital, de la Fiscalía, de la empresa de transportes Dias y otros. Nosotros, también lo hicimos, pidiéndole que nos prepare un cuy guisado, acompañado con sus ñuñas, tostadas en tiesto. El día y la hora exacta, cumplió como un reloj suizo. Pero, como ya no hacen chicha de jora, nos ofreció un vino de Cascas, que fácilmente compite con los vinos franceses o chilenos.

En el Velorio, es decir, en el restaurante, podemos degustar lo siguiente: shambar, cabrito, cuy frito/guisado, seco de ternera, chicharrones, arroz chaufa, gallina guisada, cebiche,… Usted propone y doña Marina dispone.  No le faltan sus refrescos de limón, maracuyá, naranja, chicha morada y a veces se cae con su Yerba Luisa o su Toronjil.

Nos parece importante sugerirle a la propietaria que, cuando ponga su pizarrita del menú en la puerta del Velorio, le de valor agregado a sus productos, es decir, su shambar, le pondríamos: shambar de angelitos, cabrito como un rito, seco de ternera y de oración, chicharrones con velas encendidas, arroz chaufa de capilla, gallina guisada con castillo de flores, cebiche con una luz en la oscuridad. Para la cancha, ñuña o mote, se podría llamar: cancha a lo Manolete, ñuña Pavito y mote Gallito. Para los refrescos, los dejamos reflexionar, con la regla del silencio.

Provecho que para mí no lo han hecho. Gracias por su gentileza y hospitalidad. ¡Que viva el velorio! ¡Que viva el velorio!  Disculpen,… ¡Que viva el velorio! El restaurante Velorio.

Guillermo Silva

30/09/2021

 

 

 

 

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