JUGANDO AL AJEDREZ CON EL COVID 

 

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Fransiles Gallardo

 

Contesto el teléfono, conmovidos y asustados me dicen que familias enteras de gente muy querida, está contagiada.

Desde el alféizar de mi ventana miro el atardecer y la tristeza me invade.

En el WhatsApp, me comunican el fallecimiento de amigos muy queridos que hace dos, tres días o hace una semana fueron sepultados, casi clandestinamente.

Morirse sin el abrazo, la mirada o la simple compañía del adiós, escarba mi corazón y la angustia aprisiona mi garganta.

En el Facebook los lazos negros me informan de la partida de entrañables amigos, de compañeros de estudios o de trabajadores que compartieron intensos momentos de vida. De familias de las familias que estando en UCI o sin ella, se marcharon sin saber talvez, como se contagiaron.

Una lágrima se escapa debajo de mis lentes. Un vaso de aguardiente resbala por mi garganta y abre surcos como el agua, en un desértico arenal.

Ni como ayudarlos, a quienes, con la esperanza de los desesperanzados, nos cuentan sus tragedias y sus tristezas.

Me siento como la primera vez que jugué ajedrez con mi computadora. Movía una pieza y en décimas de segundo tenía la respuesta. Como intentar siquiera, enfrentar una partida ante un millón de alternativas.

Así estoy con el covid.

Como la vez que reté a una partida de ajedrez al campeón de ajedrez de la Facultad de Ingeniería de mi universidad. En la quinta jugada me dijo, que en seis jugadas me daba jaque mate. Y así fue.

Así estoy frente al covid.

Como la vez que llevé a mis hijos Xavier y Joseph de 10 años a la Plaza Francia para enfrentarlos con los callejeros del ajedrez y con ironía les ganaron. Y yo sin poder hacer nada por mis hijos.

Así estoy con el covid.

Acorralado, jugando con las negras. Con defensa siciliana, hice enroque. Impotente veo como el covid se lleva mis peones, uno a uno.

La angustia me invade.

Estoy como en Gambito de Dama, mirando al techo. Imaginando en mi cerebro la jugada salvadora, que impida que se lleve a mis guerreros caballos y mis alfiles.

O como en la película Buscando a Fisher, con ganas de lanzar todas las piezas al piso y concentrarme en la jugada 12 para el jaque.

Ofrecerle mi mano al covid y el decoroso empate, asumiendo todos los activos y pasivos. Pero no me lo concederá.

Aquí estoy con mi reyna y mis dos torres, imaginando las jugadas salvadoras que frenen el asedio interno y externo de los caballos asesinos, los alfiles letales y las torres homicidas, que me rodean, me acechan, me amenazan.

Estoy como muchos. Como gato que le pisan la cola y panza para arriba muerde y rasguña. Defendiéndose sin saber contra quien pelea. Que enemigo está al frente.

Así estoy con el covid.

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