¿La fiesta brava en el Perú?

 

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Por: Guillermo Silva

Los fines de semana, antes de llegar a nuestro Club para practicar el tenis de mesa, hacemos un paréntesis en la biblioteca y gracias al internet podemos revisar algunos medios de comunicación de nuestro país, de Lima, de Trujillo y de nuestra región de Cajamarca. Esta vez, en Panorama Cajamarquino, encontramos en la edición del 24-25 febrero, un Informe, aunque más parece un Resumen, sin pies, ni cabeza. Un titulo ambiguo: La Revolución Velasquista y la fiesta brava en el Perú.

El autor del Informe, Mario Rojas, empieza su “resumen” con los comentarios  de José Céspedes. Él considera que, este “analista de literatura taurina”, está equivocado y que no hubo reforma agraria, sino confiscación de tierras. Hace una comparación con los complejos azucareros de la costa peruana y que producen menos cuando estaban con los antiguos propietarios.

El lidiador, Mario Rojas, esta triste y decepcionado porque las ganaderías de su época, “desaparecieron del mapa” y menciona: La Viña, Chuquizongo y la Huaca, Jaral del Monte, Huando, Las Salinas, Callese y Salamanca. Luego, el autor se lamenta de las ganaderías cajamarquinas como: Chetilla, Chala y La Pauca. Estas están en el mapa, solamente con muchos más propietarios, sin educación técnica, ni medios de hacerlas resurgir.

Al finalizar de leer su Informe, nos quedamos sin saber dónde está la cabeza y donde están los pies. Nos da la impresión que, Mario Rojas, ha trabajado en alguna de estas ganaderías, no ha sido propietario, pero se lamenta sin ser “un gran ganadero” como menciona en su Resumen. Nos parece que, deberían unirse todos los propietarios de reses de lidia, construyan sus cosos taurinos y hagan sus fiestas bravas con su elite taurina. Inviten a los de México o de España y compartan sus afinidades, sin el apoyo del Estado Peruano, porque la pobreza surgió con la llegada de los conquistadores, que solo nos han dejado malas costumbres. Creo que no me equivoco.

Nuestro país, el departamento de Cajamarca, necesitan industrializarse, superarse, desarrollarse, tener una buena calidad de vida en general, tanto los pobladores de las zonas urbanas y rurales. El empleo es vital. Acaso no vemos en la Plaza de Armas de Cajamarca y las calles adyacentes, personas pidiendo limosna, para poderse comprar pan y satisfacer su hambre. Las Plazas de Toros en todas la provincias de Cajamarca, son “elefantes blancos”, solo sirven 3 ó 4 días al año, para las fiestas patronales o en los carnavales. No sería más positivo convertirlas en coliseos deportivos.

Las fiestas bravas, que sean como las “barras bravas”, son aficionados que luchan al extremo por su equipo y no mendiguen para lucrarse o exijan a los gobiernos locales, porque su rol es otro, el servicio a la comunidad y si no lo hacen, es por temor a que los desembarquen si no cumplen con las “tradiciones” españolas, de las cuales no tenemos nada para estar orgullosos, más bien vergonzosos. Estamos en el siglo XXI. A la elite taurina que trate de convencernos por qué tenemos que asistir a las corridas, a esta brutal y sanguinaria diversión.

Guillermo Silva

25/02/2018

    

 

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