NO SIEMPRE LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE NI LOS MUERTOS DESCANSAN  EN PAZ

 

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Por Consuelo Lezcano Ruiz.

Lo dicho  fue corroborado  cuando la noche del sábado 21 del presente mes, luego de una torrencial lluvia, un añoso árbol de frondosa copa verdioscura  vencido por el tiempo y ante la desidia y nula  previsión de quienes administran el Campo Santo de nuestra ciudad, se desprendió de sus ensopadas raíces y  fue a caer sobre los mausoleos ubicados a pocos metros de la puerta de ingreso al citado lugar.

La estrepitosa caída no sólo  interrumpió la calma del vecindario sino también la apacible  paz de los muertos y la tranquilidad de los inocentes pajarillos que  salieron disparados  abandonando sus abrigadores nidales.

¿Por qué desidia y nula previsión?, simple y llanamente porque ante tantas advertencias que vienen propalándose en los medios de comunicación, no se han tomado la molestia de podar estos viejos árboles y menos todavía, construir y/o  prolongar el drenaje de lluvias en las áreas que circundan las pocos  espacios verdes del cementerio general, para  evitar que las raíces de los árboles se vean afecten con  la excesiva humedad.

Las consecuencias hubiesen sido mucho más graves si el añoso árbol caía en horas del día sobre  el pasadizo central o, en  la parte exterior del cementerio donde el variopinto  y desordenado mercado ambulatorio, más  el parqueo de vehículos de toda laya impiden el libre tránsito de los peatones.

Otro de los tantos  problemas que persisten  en el citado lugar y que  merece una urgente atención  es el de  la capilla,  cuyo muro posterior se encuentra notoriamente resquebrajado, obligando a los sacerdotes a celebrar la Santa Eucaristía en el pasadizo externo.      

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