CAJAMARCA: ¿CALLEJÓN SIN SALIDA?*

 

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Tulio Felipe SEGURA ROJAS.

Como cajamarquinos, nos preocupa sobremanera lo que está ocurriendo en y con nuestra Región. Según cifras proporcionadas por el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática), en el año 2013 el crecimiento económico en el Perú fue de 5,8%, en tanto que en la Región Cajamarca fue negativo (-0,6%). El Instituto Peruano de Economía (IPE), señala que, en el año 2014, la Región Cajamarca ha ocupado el primer lugar en Pobreza Extrema (19,2%); el segundo lugar correspondió a Huancavelica y Amazonas con el 14,1% (además de las señaladas, sólo tres Regiones más ostentaron porcentajes de dos cifras: Ayacucho con 12,3%, Huánuco con 11,2% y Pasco con 10,2%); las Regiones con menos pobreza extrema fueron Tumbes con 0,8%, Tacna con 0,5%, Lima con 0,2% e Ica con 0,0%; el promedio peruano, en el mismo año, fue de 4,3%. Estas cifras son más que elocuentes y, por lo tanto, preocupantes; ya que, sin crecimiento económico, que tiene relación directa con la inversión de capitales, no hay desarrollo (Entiéndase por desarrollo el proceso de consecución permanente de condiciones de vida mejores, más equitativas, sustentables y sostenibles para los habitantes de determinado ámbito geográfico).

Entonces, nuestra Región se encuentra acorralada en un callejón que, al parecer, no tiene salida. Por un lado, un determinado grupo que, en el afán de lograr sus objetivos políticos, mal utilizando la oriflama de la defensa del agua y de la vida –sin argumentación científica ni técnica alguna-, ha sumido a Cajamarca en un proceso de recesión que, con el transcurrir del tiempo, se agudiza cada vez más; somos testigos de la quiebra de muchas empresas que brindan servicio a la minería, del cierre de negocios locales relacionados con la actividad turística, grandes cantidades de personas que se están quedando sin trabajo y, sus respectivas familias, sin el sostén correspondiente; es evidente que este grupo sólo persigue la siembra del caos para conseguir su “ganancia de pescadores”. Por otro lado, la clamorosa ineptitud de nuestras autoridades que han sido incapaces de proponer, mucho menos ejecutar, un plan de desarrollo integral para la Región (lógicamente, no esperamos que nuestras autoridades se sienten en sus escritorios a formular ellos mismos un plan de desarrollo; para ello existen profesionales expertos, lo que se requiere es “decisión política” para establecer líneas de referencia y requerir el concurso de dichos expertos); se limitan a la ejecución de obras aisladas que, entre ellas, no guardan relación alguna ya que no obedecen a ningún plan racionalmente preconcebido, “obras” que, en su mayor parte, resultan intrascendentes para la generación de desarrollo; es decir, los recursos provenientes del Canon Minero con los que, en cantidades excepcionalmente altas (como nunca antes), ha contado Cajamarca en años anteriores, han sido mal invertidos, echando por la borda una excelente oportunidad para iniciar un proceso de “despegue” en otros sectores productivos diferentes a la minería, recurso agotable por cierto, que garantice un mejor futuro sostenible y sustentable para nuestra Región y para el país. Por otro lado, la corrupción se ha institucionalizado a todo nivel; autoridades y funcionarios enjuiciados y encarcelados o no habidos; a tal extremo hemos llegado que se ha generalizado, en calidad de aceptable, la frase “roba pero hace obra”. También, para el Gobierno Central, por razones que desconocemos hasta ahora (solamente se vierten meras especulaciones sobre el particular), parecería que Cajamarca no tiene importancia alguna. Así mismo, es menester resaltar el clásico y conocido “conformismo” de nuestro pueblo que, indudablemente, contribuye a agudizar el problema; en nuestras conversaciones diarias, hemos podido escuchar expresiones como: “yo no estoy ni a favor ni en contra” (¿De qué?, ¿Del desarrollo de Cajamarca?), “a mí el problema no me afecta” (seguramente algunos vivimos aislados en nuestra propia burbuja de prosperidad que no requiere de nada ni de nadie); es decir, estamos anquilosados por nuestra propia indiferencia; en otras conocidas Regiones, el pueblo es verdaderamente “soberano” y sus autoridades están a la altura respectiva para responder a las expectativas del soberano. Nuestras Instituciones y organizaciones se encuentran guardando un clamoroso mutismo (el sonido del silencio); unas pocas se han pronunciado y, algunas de éstas, en forma muy poco acertada. Finalmente, la gran empresa que, como lo haría cualquier otra, defiende sus intereses haciendo uso de su poder económico; no ha sabido insertarse debidamente como parte activa de la comunidad regional, generando desconfianza que, ahora, es muy difícil (casi imposible) de superar.

Entonces, cabe preguntarse ¿Cuál es la posible salida a este callejón que parece no tenerla?. Indudablemente, la salida existe; pero, para identificarla y hacer uso de ella, es necesario que todos los actores (empresas mineras, gobierno central, gobierno regional, gobiernos locales, sociedad civil con legítima representación, Instituciones, empresarios, congresistas, partidos políticos, profesionales expertos en desarrollo, etc.) nos involucremos en la resolución del problema, renunciando a intereses personales y de grupo, pensando en la consecución del desarrollo de nuestra Región que, a la larga, nos va a beneficiar a todos y, sobre todo, a las futuras generaciones. Debemos empezar por sentarnos en una verdadera mesa de diálogo (“hablando se entiende la gente”, decían nuestros ancestros) y “poner las cartas sobre la mesa”, sin hipocresías que sólo buscan dilación para “ganar tiempo” a favor de intereses ajenos al desarrollo; para consensuar líneas y políticas de desarrollo con las que, todos, gobernantes y gobernados, nos identifiquemos y, de esta manera, trabajemos para caminar hacia el logro del objetivo común: desarrollo sostenible y sustentable como ha ocurrido, por ejemplo, en el vecino país del sur (caso único en el planeta, a decir de Andrés Openheimer; ¿No podríamos ser el segundo caso?; ¿Por qué no?; ¿Es, acaso, una utopía producto de nuestras elucubraciones?). ¡Reflexionemos todos!; no perdamos más tiempo porque mañana ya es tarde. La responsabilidad es de todos.

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* Extraído del Libro de Oro virtual de la Promoción 1965 "Dr. Aníbal Zambrano Tejada".

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