De Berlín a Obama

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Un portavoz oficial lanzó la bomba informativa: "Desde ahora mismo cualquiera puede pasar a Occidente"

Francisco G. Basterra

El País, 7 NOVIEMBRE 2014  

 

Ocurrió por sorpresa, repentinamente, casi por accidente. En una sociedad que sometía a sus ciudadanos a un control patológico, un portavoz oficial lanzó la bomba informativa: "Desde ahora mismo cualquiera puede pasar a Occidente". Los ciudadanos de Berlín Este se dirigieron a los puestos fronterizos abiertos cruzando al Oeste. Se cumplen 25 años del jueves 9 de noviembre de 1989. El Muro de Berlín caía pacíficamente a primera hora de la noche. 28 años y 91 días después de su construcción por orden de Jruschov.

La noticia conmocionó al mundo y provocaría enormes consecuencias hasta el punto de que la fecha, en opinión del historiador británico Hobsbawm, marcó el final del siglo breve, el XX, iniciado con la Revolución rusa de 1917.

Coincide el aniversario con la derrota electoral demócrata en Estados Unidos que sepulta la presidencia de Obama, que solo hace seis años alumbraba la esperanza de una nueva época internacional. De 1989 a 2014. El cuarto de siglo iniciado con la promesa de un mundo más libre, más próspero y más pacífico. ¿Dónde está hoy esa promesa?

En un principio pareció que caminábamos hacia una era nueva: fin de la Guerra Fría, de la Europa dividida, implosión de la Unión Soviética, reunificación de Alemania. Momento hegemónico de Estados Unidos. Pronto despertarían los demonios con la desintegración sangrienta de Yugoslavia. Fukuyama se atrevía a declarar el fin de la historia.

Acabó de emerger China, convertida ya en la primera economía del mundo en PIB medido en paridad de poder adquisitivo, según certifica el FMI. Solo meses antes de la caída del Muro, Deng, que no seguiría los pasos de Gorbachov, decidió aplastar la protesta de Tiananmen. Concluyó que el colapso de la URSS era atribuible al fracaso de hacer a sus ciudadanos más ricos. Legitimación del partido comunista al frente de un eficiente capitalismo de Estado.

La tormenta perfecta económica, provocada en EE UU, asoló más tarde al mundo. La Gran Recesión con la laminación de las clases medias, aumento de la desigualdad y fin del sueño americano: la siguiente generación ya no vivirá mejor que la nuestra. Los nacidos en 1989, los indignados que piden que se les devuelva el futuro, inician su vida profesional en la cola del paro. La generación perdida. La pérdida de influencia y credibilidad de EE UU quedó de manifiesto. Obama es el primer presidente que asume el declive y fin de la hegemonía de la superpotencia. Tener la Casa Blanca no es tener el poder.

Vuelve la historia y en Europa, marcha atrás. Putin muta el comunismo en nacionalismo en un intento de recuperar la esfera de influencia de la antigua URSS. Rusia no se ha integrado en la esfera occidental. Obama no ha reinventado el poder de EE UU. Vivimos una época menos ordenada y pacífica que la soñada tras la caída del Muro. Obama y su presidencia reflejan el desconcierto del derrumbe de un mundo viejo, el de la unipolaridad, y el incierto despegar de un orden internacional que no tiene dueño.

 

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