Para qué pagar los tributos municipales

 

 

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Consuelo LEZCANO RUIZ

 

Leo con sumo asombro un volante del Servicio de Administración Tributaria SAT de la Municipalidad Provincial de Cajamarca, dejado bajo la puerta, a través del cual nos hacen “recordar” el vencimiento de nuestras obligaciones tributarias a fin de mes, instando a nuestra conciencia ciudadana para cumplir puntualmente y en los plazos establecidos. Observo, leo y escucho: pancartas, avisos “publicitarios”, en las calles y medios de comunicación social, esto es, una masiva promoción y difusión al respecto.

 

Ante tales campañas sorprendentes, en mi condición de humilde ciudadana de este municipio, estoy en la obligación de reflexionar, con relación al destino de nuestros tributos, tan intensamente promocionados para recaudarse, con premura y subliminal exigencia. Será acaso que con estos recursos se cumplirán todas las expectativas de la prestación eficiente y eficaz de los servicios municipales, de las obras y proyectos que los ciudadanos cajamarquinos requerimos. Al respecto, me planteo algunas principales interrogantes, que seguramente también usted, amable lector, se habrá preguntado en algún momento.

 

Arbitrios de limpieza pública, parques y jardines

 

Recientemente problemas laborales de los trabajadores de limpieza pública, pusieron a la ciudad al borde del colapso. Cerros de basura y desperdicios estuvieron por varios días en las calles, poniendo en peligro la salud ambiental. Los problemas continúan actualmente, basura amontonada y desperdigada por doquier, una planta de tratamiento de residuos sólidos colapsada. Esto es, Cajamarca está convertida en un gigantesco basural, y de la cual los propios pobladores tenemos mucho de culpa, por las pésimas prácticas de arrojar los desperdicios en la vía pública a cualquier hora del día. Carecemos de una conciencia ambiental y no se hace nada por promoverla a pesar de contar con televisora municipal.   

 

Parques y jardines ¿dónde?. La ciudad muestra un alarmante déficit de parques y jardines, no contamos con áreas verdes para el disfrute ciudadano y los pocos espacios, son reducidos para la siembra de cemento, como las “irracionales” obras de apertura de calles realizadas con recursos públicos en FONAVI I. Por qué pagamos este tipo de arbitrios, si en realidad los servicios son pésimos y prácticamente no contamos con parques y jardines y los pocos existentes están en condiciones lamentables de conservación. Como se estila en una tira cómica, diremos: ¡Exigimos una explicación!.

 

Serenazgo y seguridad ciudadana

 

Estamos obligados al pago de este tributo, por disposición municipal –marco normativo legal- supuestamente para que se nos brinde el servicio de seguridad ciudadana. La inseguridad en la ciudad y alrededores es realmente alarmante en la actualidad. La espiral de violencia, asaltos, robos, muertes y criminalidad es cada día más creciente, frente a una limitada acción policial y la condescendencia frente a los actos delictivos por parte de jueces y fiscales. Gracias a Dios existen las rondas urbanas que algo hacen.

 

Pagar este arbitrio, me pregunto, para que la máxima autoridad municipal tenga servicio privado de seguridad con unidades del Serenazgo, en la puerta de su domicilio, durante las veinticuatro horas del día, mientras en los sectores urbanos marginales, campean los actos delictivos: ¿Esto será justo y legal?.

 

Y el pago de impuestos

Respecto al pago de impuestos como el predial, vehicular y otros, estaremos seguros que irán a financiar parte de los presupuestos para la ejecución de obras de infraestructura y el equipamiento urbano. Un simple vistazo por la ciudad, nos indica un lamentable estado de conservación de pistas y veredas, totalmente destrozadas; locales de mercados hacinados, carencia alarmante del servicio de agua potable y alcantarillado, infernal tráfico urbano, caos en el transporte público,  invasión de ambulantes por toda la ciudad. Todo ello nos está singularizando como una ciudad realmente desordenada e ingobernable.

Frente a esta situación, objetivamente comprobable por cada uno de nosotros, vale la pena preguntarse, si la publicidad del SAT, es realmente un llamado a la “conciencia tributaria” o simplemente en aras de engrosar y asegurar las arcas municipales, para seguir privilegiando los sueldos dorados de la burocracia edil,  recaudadora de tributos y también para destinarlos al gasto corriente. Vale la pena recordar que hace algunos meses se efectuaron denuncias y cuestionamientos respecto a la gestión de foráneos en el SAT Cajamarca, respecto a remuneraciones altamente diferenciadas y privilegiadas.

Debo dejar constancia, de manera precisa que las opiniones vertidas, de carácter personal, no tienen como intención desalentar el fiel cumplimiento del pago de nuestras obligaciones tributarias municipales -exigencias de carácter legal, con sanciones y cobranza coactiva- sino tratar de despejar las dudas e interrogantes sobre el destino de nuestros pagos que, de manera muy sacrificada, tratamos de cumplir los contribuyentes.

No se trata solo de publicitar, con bombos y platillos, en los medios de comunicación social,  las escasas obras que la municipalidad realiza, sino de que la población tenga una verdadera percepción, de que lo que pagamos sirve efectivamente para financiar los servicios, obras y proyectos que tanto necesitamos; situación que lamentablemente, en la práctica no se da, habiéndose generalizado mas bien, en lugar de una conciencia tributaria en la población, una desazón respecto al destino de los tributos que con tanto ahínco nos pide que cumplamos el ominoso SAT.

Es verdad, requerimos de la adopción de una cultura y conciencia tributaria, pero que ésta fluya espontánea y libremente, no coercitiva. Que los contribuyentes –ciudadanía y empresariado- estemos seguros que lo que pagamos va a revertirse en obras y proyectos y el mejoramiento de los servicios municipales básicos que demanda la comunidad; despejándose toda duda, respecto al mal uso o malversación de los recursos públicos, o los actos de corrupción, en obras de nunca acabar. Por mi parte, estaré presta a allanarme, no por convicción, sino por obligación al pago de mis tributos, en las fechas señaladas; ya que seguiré esperando termine, en algún momento, el maltrato municipal.

Publicado: Cajamarca, 16 de agosto de 2013

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