Violencia e inseguridad ciudadana

 

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Consuelo LEZCANO RUIZ

 

Una ciudad con altos índices delincuenciales y crímenes

 

La ocurrencia de varios crímenes, de carácter selectivo, así como de la creciente ola  de robos y asaltos a establecimientos comerciales, empresas y ciudadanos, nos obliga a enjuiciar la problemática de la inseguridad ciudadana y el clima de violencia que vivimos actualmente todos los cajamarquinos. Nuestra vapuleada  urbe, capital departamental, ya no es más la apacible ciudad del Cumbe, “Patrimonio Histórico y Cultural de las Américas”,  de las décadas previas a los años noventa. Actualmente vivimos en una coyuntura de fuerte agitación social, totalmente  saturada por un excesivo parque automotor, carencia de vivienda, déficit de los principales servicios básicos, entre otros aspectos.

 

 

Para nadie es ya un secreto que día a día, se incrementan significativamente los actos vandálicos, los robos y asaltos a transeúntes, así como crímenes y asesinatos; que antes solo eran noticia en los medios de comunicación, solo para las ciudades de la costa.

 

Los crímenes de taxistas en las últimas semanas, así como muchos otros más por asaltos premeditados, muertes por codicias familiares y otros sórdidos móviles de los victimarios, no hacen sino poner en alerta que la violencia viene siendo ya una práctica continua, que viene sentando y consolidando su presencia en la ciudad capital. Nos muestra asimismo que, lamentablemente, la vida humana va perdiendo su intrínseco valor, porque simplemente, viene imperando la “ley de la jungla” en nuestra sociedad, en la que podría afirmarse actualmente como en el Lejano Oeste de las películas que: “la vida no vale nada”.  

 

 

La inseguridad ciudadana  

 

Estudiosos y especialistas en el tema de la inseguridad ciudadana, coinciden en manifestar que  la delincuencia e inseguridad son los principales problemas urbanos en las regiones, como consecuencia, entre otros factores  de la situación de pobreza, extrema pobreza y exclusión de significativos sectores poblacionales.

 

Por mencionar en ciudades como Piura, Chiclayo, Trujillo, Chimbote y Lima, con poblaciones urbanas significativas, se experimentan altos índices de criminalidad organizada y delincuencia común. La presencia de los denominados “marcas” que asaltan y matan a quienes retiran sumas de dinero de los bancos o cajeros automáticos, los secuestros al paso, los asaltos a mano armada y cobros de cupos a transportistas y comerciantes, son prácticas de carácter cotidiano. En este contexto nuestra ciudad aceleradamente va ingresando en esta espiral de la violencia.

 

La acción de las instituciones tutelares

 

Frente a esta delicadísima situación, los resultados de las acciones policiales son prácticamente ínfimos. Se argumentan las carencias de un número suficiente de efectivos policiales, las limitaciones de carácter logístico, falta de unidades para el patrullaje y pertrechos de los efectivos del orden lo cual no les permite una acción efectiva.

 

Al respecto, es importante indicar que la limitada acción policial es consecuencia de la escasa preparación de sus efectivos, hombres y mujeres, en las escuelas de provincias, en las que también se presentan problemas de corrupción y hasta casos de acoso sexual, como los publicitados recientemente en nuestro medio. Falta de preparación, carencia de identificación, desmoralización y magras remuneraciones, determinan la salida de jóvenes efectivos a las calles, faltos de motivación, que ven, no obstante, en esta institución un refugio por la falta de empleo o la inseguridad de acceder a las instituciones universitarias cuyos estudios son de mayores tiempos.

 

Los cuerpos del Serenazgo

 

En nuestro país frente a los problemas que adolece la Policía Nacional, tomaron la iniciativa los gobiernos locales a fin de apoyar las acciones de seguridad ciudadana constituyendo los denominados Cuerpos de Serenazgo, tomando como referencia, de los que existieron en la época de la colonia en los Cabildos; lógicamente con restricciones legales en sus intervenciones, reconocidas mayormente como preventivas. No en pocos casos, también se han generado fricciones entre sus efectivos y los de la Policía Nacional.

 

Lo real es que frente a estas reservas, han tenido que ser, las propias organizaciones de la población las que tomen la iniciativa de combatir la delincuencia común; como es el caso de las Rondas Campesinas y Rondas Urbanas, éstas últimas con intervenciones para capturar a delincuentes especialmente venidos de la costa, para cometer sus fechorías. Su labor, no obstante, en varios casos ha sido cuestionada por algunos excesos cometidos.  

 

Frente a esta problemática de la inseguridad ciudadana, es necesaria una acción conjunta de las autoridades competentes, al margen de protagonismos institucionales y personales, convocándose asimismo a las organizaciones de la población como son las rondas campesinas y urbanas, pero no solamente por cumplir a cuando haya un caso sonado.

 

Frente a este problema de inseguridad ciudadana, nos llama poderosamente la atención y exigimos su inmediata corrección, respecto que una camioneta y efectivos del Serenazgo, se hayan destinado a brindar seguridad particular a una zona residencial, de gente acomodada, en la Avenida Hoyos Rubio, donde se ubica la vivienda del señor alcalde. ¡Esta situación no puede continuar!, ya que el servicio lo solventamos todos los contribuyentes,  bajo amenaza de cobranza coactiva.  

 

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