LIMA, CIUDAD DE LOS REYES Y SU VERTIGINOSO CRECIMIENTO AUTOMOTOR

 

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Escribe: Fransiles Gallardo

 

 

Estoy en un atolladero. Son las siete de la noche y la interminable cola de autos en la Vía expresa y la intersección con Javier Prado ha sobrepasado la avenida Canadá  y no hay señales de que avance. En embudo está sobre el puente.

Estoy ya más de veinte minutos en el taxi “en lugar de atolladero, fuera embotellamiento” me digo y mi reunión en el Colegio de Ingenieros con nuestro decano Carlos Herrera Descalzi, tendrá que posponerse.

Lo llamo por teléfono y le explico la situación. Entre irónico y comprensivo me dice: “escogiste la peor ruta y el peor horario”.

¿Ir por la avenida Arequipa y en micro habría sido mejor?.

El taxista observa mi desesperación a través del espejo retrovisor, comenta: ”el tránsito está terrible y se pondrá peor”.

Cambia de dial y un periodista de Radio Programas del Perú nos informa que el mercado automotriz está de plácemes; puesto que entre el 2011 y el 2012 han vendido más de 300 mil vehículos y que en este 2013 se venderán más de 200 mil.

“Pobres callecitas”, me alarmo.

El periodista complementa su información diciendo que, hasta el 2012 se han registrado 2 millones de unidades vendidas y que para el 2020, “aquicito nomás”, habrán alcanzado la cifra de 4 millones 500 mil unidades vendidas.

Me aterro.

Justifica el periodista diciendo que, “el auge de la compra vehicular se debe al aumento del poder adquisitivo de la población y a la consolidación económica de la clase media peruana…”.

¿No que la clase media peruana había desaparecido?. Probablemente sea la tercera o cuarta generación de migrantes provincianos que disfrutan del esfuerzo, trabajo y sacrificio de los anónimos gamarrinos, oliveños, luriganchinos y salvadoreños.

Me parece excelente que nuestro país crezca y se estabilice y que algunos sectores disfruten de este bien estar.

Pero ¿Si estamos tan bien; porque empeoramos cada vez más?.

Me explico:

El parque automotor crece y crece espiralmente; pero ¿Alguien ha pensado en las sufridas y sufrientes callecitas, jirones y avenidas de todas las ciudades de nuestro país?.

¿Se han ampliado?. No. ¿Siguen igual?. Si. ¿Son las mismas?. Si.

Las calles de nuestros pueblos son estrechas por naturaleza, por utilidad, conveniencia y tradición.

Los provincianos diseñaron sus calles para el tránsito de sus arrieros, acémilas y auquénidos, no para vehículos.

Además nuestras casas, como los quereres; no quieren alejarse mucho;  quieren estar siempre cerca, casi rozando sus tejados, compartiendo nostalgias y chismes.

Las municipalidades han ampliado las calles en longitud, pero no en ancho.

Habrían de derruir medias ciudades y medios pueblos. Demoler los jardines, árboles, flores y sus bermas centrales de las pocas calles y avenidas, que aún las tienen.

Probablemente las calles seguirán siendo las mismas por historia, tradición y resistencia.

Nuestros especialistas en marketing vehicular y la Cámara de Comercio respectiva saben que esta sobre dosis vehicular, trae consigo gravísimos problemas colaterales a las ciudades y sus habitantes.

Sospecho que sí. Son los mejores talentos en mercadotecnia del país.

Las pérdidas horas hombre en el trabajo. Podrás tener el mejor carro del año, de la marca más prestigiada y con el mejor conductor.

Pero ¿por dónde transitarás?. Por los sobre los techos, tal vez.

La contaminación atmosférica: Son 2 millones de vehículos, de ellos más 650 mil sin revisiones técnicas. Han subido alguna vez a “una lancha o una cámara de gas”. A eso me refiero.

La contaminación auditiva; mejor llamémosla cultura auditiva.

Han escuchado alguna vez; a eso de las seis de la tarde esa variada sinfonía de cláxons, frenadas, chirrido de llantas, gritos de llenadores y mentadas de madre de los choferes, cuando un carro cierra a otro?. Sí. Espectacular.

Vejez vehicular, algunos con más de 30 años de cancerada longevidad: sin vidrios, asientos destartalados, fierros oxidados y tres filas de pasajeros parados, costales, canastas y cajas de fruta.

Si ruedas es, porque Dios es grande y dicen que es bien peruano.

El jirón donde vivo hace más de 30 años en Lima era “súper tranqui”, como dice mi hijo Joseph. Los muchachos jugaban fulbito, manejaban bicicleta y patines.

Pasaba un  carro cada vez que un obispo bostezaba.

Sólo tres vecinos tenían carro: mi cuñado Roberto, el odontólogo de al frente y un dueño de una radio, al costado.

Hoy, es casi intransitable.

Para cortar camino, los taxistas lo han convertido en vía de evitamiento “porque las calles son del pueblo” y si no entran los tráileres de las empresas de helados y de fideos de nuestro alrededor; es porque las esquinas no permiten que 22 ruedas giren libremente.

Gracias Arquitecto urbanizador.

Pero la belleza no era tanta. En las noches sirve de parqueo para 28 autos y camionetas, contados uno a uno y por mí mismo; amén de un bus amarillo de 60 pasajeros para transporte de personal.

Extendiendo el panorama: Donde caracho, van a parquear 4 millones y medio de vehículos el año 2020.

La pregunta del millón: Como va a resolverse este grandísimo problema.

¿Los entes responsables coordinan los crecimientos?. No.

Cada quien camina por su lado?. Sí.

Vamos a dejar los problemas para los que vienen?. Sí.

El ingeniero Manuel Prado Ugarteche, Presidente Constitucional de la República, dijo una vez: “En el Perú las cosas se solucionan solas o no se solucionan nunca”.

 

 

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