Cajamarca: Paraíso de la informalidad

 

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Hugo REYNA GOICOCHEA

hugo_reyna@hotmail.com

 

Partimos del hecho de constatar que nuestra ciudad capital, por su condición de sede político- administrativa regional, en la que además se concentran las principales actividades de los sectores sociales y económicos, es la que aglutina la mayor cantidad de población urbana departamental. El INEI estimaba a la población departamental para el 2012, en más de un millón quinientos mil habitantes, de los cuales aproximadamente un 70%, sigue siendo rural, no obstante el crecimiento acelerado de la ciudad de Cajamarca, cuya población urbana se estima en más de doscientos mil habitantes, la mayor en el departamento.

 

Ciudad cosmopolita

 

Es indudable que las expectativas económicas en torno a las actividades mineras, cuya explotación se dio a inicios de los años noventa, han constituido y siguen aún siendo un importante mecanismo de atracción de migrantes por lo que, asimismo, se han instalado muchas empresas de prestación de servicios en torno a ella; con la presencia lógicamente de una significativa población flotante que, de una u otra manera, presionan la  demanda de vivienda, empleo y la prestación de los servicios básicos, de por sí altamente deficitarios.

 

Como se sabe, la minería no es una actividad que absorba significativa mano de obra, por su especialización, más aún cuando sus sistemas de explotación son con uso de tecnología intensiva. Esta paradójica  situación, entre otros factores, viene definiendo que en la actualidad, se afronten serios problemas de convivencia que traen como consecuencia manifestaciones sociales de informalidad y quebrantamiento de las más elementales normas de convivencia.

 

Conductas informales

 

Los aportes de investigaciones sociológicas, antropológicas y de psicología social, fundamentalmente, nos refieren que la convivencia en las aglomeraciones urbanas, cada vez más crecientes por los movimientos migratorios, van a ir generando nuevas manifestaciones de conductas sociales agresivas que van a colisionar con el estatus quo tradicional. Los centros urbanos emergentes del siglo pasado, de convivencia tranquila y paz social,  dado la vorágine de la vida citadina, con altas concentraciones poblacionales y sus problemas estresantes, como falta de equipamiento urbano, congestionamiento vehicular, contaminación ambiental, comercio ambulatorio, déficit de viviendas, áreas verdes y de recreación; así como un creciente fenómeno de inseguridad ciudadana; en términos generales, vienen delineando una “cultura de informalidad”, en todos los aspectos de las esferas de la vida social, económica y también política, percibiéndose sus expresiones  ilegítimas, como prácticas normales y cotidianas.

 

Informalidad económica

 

Las actividades económicas de sobrevivencia, como el comercio ambulatorio, la producción de bienes y servicios de micro y pequeñas empresas, entre otros aspectos, a la sombra de la informalidad, vienen siendo los mecanismos de sobrevivencia, en un país donde las tasas de desempleo y subempleo, son significativas, paradójicamente, frente a los crecimientos macroeconómicos, cuyos beneficios no llegan a las grandes mayorías.

 

Asimismo, los problemas del transporte urbano, generados por una masificación de las denominadas combis y los mototaxis o motocar,  llamado “un mal necesario”, por la falta de políticas, planes y actividades alternativas, ha determinado una creciente espiral de accidentes de tránsito, congestionamiento y peligro latente, por las infracciones a las más elementales reglas del tránsito, en las estructuras urbanas de ciudades como Cajamarca, carente de una visión de desarrollo urbano planificado,  porque  nunca se  ha tenido una proyección de crecimiento y desarrollo, con una adecuada trama vial, sustentado en la disposición de un Plan de Desarrollo Urbano y Acondicionamiento Territorial. La explosión urbana ha definido un acelerado crecimiento urbano, de manera espontánea y sin control alguno, dada la incapacidad del gobierno local para afrontar  los procesos de cambio de uso del suelo y los problemas de la especulación y tráfico de terrenos; así como de la masificación de construcciones clandestinas.

 

Las promesas electorales también chocan con los intereses de grupo, haciendo estériles las propuestas de reordenamiento del tránsito y del transporte público, frente a las acciones de fuerza que desarrollan las empresas. Los mototaxistas han amenazado no acatar la disposición de restringir su paso por jirones del Centro Histórico de la ciudad, es decir todo un desafío a la autoridad formal, que la hace retroceder y donde tiende a prevalecer la desbordante informalidad.

 

Cajamarca ciudad insegura y violenta

 

El problema de la informalidad constituye uno de los principales factores que coadyuva al surgimiento de otras manifestaciones negativas como la violencia, prostitución, delincuencia común, crimen organizado y zozobra social, a la cual ya no es ajena nuestra, otrora tranquila, ciudad de Cajamarca y que lastimosamente las autoridades competentes para afrontarla, también con criterios informales de incumplimiento funcional, lo eluden olímpicamente. Ante esta ausencia de la autoridad formal, son las organizaciones sociales como las rondas campesinas y urbanas, las que se han visto obligadas a actuar, en algunos casos con eficacia, pero en otros, con excesos sumamente criticables.

 

Los sonados casos de crímenes y asesinatos de taxistas en las últimas semanas, no son sino ya figuras cotidianas del acontecer social, ante un restringido accionar de la Policía Nacional y del Cuerpo de Serenazgo, éste último con acciones muy promocionadas de sus intervenciones, específicamente en los medios de comunicación incondicionales a la actual gestión municipal.

 

En este contexto, por ejemplo en  Lima, se ha denunciado privilegios de seguridad que la policía brinda a la casa del director de la Policía Nacional del Perú (PNP), mediante el uso de un patrullero permanente y 18 policías, en tanto en sectores marginales hay déficit de efectivos para combatir los actos delincuenciales.

 

En Cajamarca, también se ha denunciado la disposición de una camioneta y serenos que brindan seguridad permanente en la zona residencial donde vive el alcalde, en la avenida Hoyos Rubio,  acción que desnaturaliza a este servicio que sufragan todos los contribuyentes, en tanto los actos delincuenciales crecen significativamente en el sector urbano marginal. En ambos casos, este privilegio con recursos públicos, se asume como algo natural por quienes toman las decisiones, en afán de adulación, en el ejercicio del poder burocrático y la informalidad institucional, que ya a nadie sorprende; justificándose con argumentos  de custodia de zonas estratégicas o cuya presencia son simples coincidencias.

 

¿Qué hacer?

 

El análisis de esta problemática, conlleva siempre a lo mismo: el debate de temas como la pobreza de nuestra educación,  los insuficientes recursos económicos del Estado, las inconductas informales de quienes manejan las entidades estatales, con serios vicios de coimas y corrupción. La inobservancia de los aspectos formales y las elementales reglas éticas y morales de quienes nos gobiernan,  así como la poca práctica en el marco de valores de grandes sectores de la población en las esferas económicas y sociales,  que en su conjunto vienen delineando una “cultura de la informalidad” o lo que se llamó en algún momento, “la cultura combi” que todo infracciona.

 

El “mea culpa”, indiscutiblemente, nos involucra a todos. Cada uno de nosotros tiene parte de responsabilidad, ya que nos hemos dejado llevar por una vida fácil, cómoda e indiferente; carente de sensibilidad y solidaridad. También abarca a los medios de comunicación y sus comunicadores, que en muchos casos, hacen del periodismo un lucrativo negocio, de simple y permanente chantaje a autoridades y funcionarios públicos con “rabos de paja”. Este complejo fenómeno social, involucra asimismo a la práctica empresarial basada en la oprobiosa voracidad del capital, sin respeto a los derechos laborales, al medio ambiente y la sostenibilidad de los recursos naturales.

 

Se avecinan, para el próximo año, procesos electorales municipales y regionales, también en espacios de informalidad: “miente, promete y gana”. Total en el poder las cosas son diferentes. Han comenzado ya a aparecer los “salvadores mesiánicos” con soluciones para todo. Frente a esta crítica realidad en la que vivimos, llenas de promesas y demagogias, es necesario despercudirnos de tanta desidia y participemos activamente en la crítica y aportes sobre nuestra problemática local, regional y nacional; caso contrario corremos el riesgo de la inanición física y espiritual, así como de una  potencial parálisis cerebral y social, por así decirlo, como repito, en el marco de una informalidad galopante

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