¿BRUJOS Y CHAMANES?

 

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Prof. Jacinto Luis CERNA CABRERA

Director del Consejo Académico

Academia Regional del Idioma Quechua Cajamarca

 

En una entrevista telefónica que le hicieron a Mario Bunge le preguntaron: Usted dice que la política es un lugar para brujos y chamanes. ¿Por qué cree que es así?

 

No solamente la política. Brujos y chamanes los hay en todas partes: en el comercio, en la universidad. Pero, desde luego, prosperan más en el Tercer Mundo que en el Primero.

 

Eso contestó el filósofo que reside por más de 40 años en Montreal, Quebec, Canadá. Por ahora solo nos interesa el fenómeno de la universidad.

La Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Cajamarca se encuentra atravesando por un momento que podría inferirse como manipulado por brujos y chamanes. Se pretende hacer creer a un buen sector de profesores, alumnos y aun autoridades, sin el menor escrúpulo que exige la dignidad de la persona humana, que el español o castellano que se habla en la región y el país es un idioma extranjero, tanto como el inglés, francés, alemán, portugués, chino, japonés, u otra lengua que suene extraña a los oídos de un hispanohablante, ya sea este europeo, africano, asiático o americano. Presumiblemente se estará arguyendo que el español es una lengua originaria de Europa y no de nuestra región, tal como las lenguas originarias de América del Norte del Centro y del Sur. Si en el supuesto de que nos hubiésemos quedado en el tiempo y estuviéramos viviendo en los momentos en que Pizarro y sus hordas invasoras impusieran a sangre y fuego el español en el Perú, es decir, en pleno siglo XVI, entonces sí podríamos decir que se trata de una lengua extranjera. ¿Por qué? Precisamente, porque fue totalmente extraña a los oídos de los hombres, mujeres y niños originarios de América. Estamos, empero, en pleno siglo XXI, donde el español ya no suena extraño a los más de veintinueve millones de peruanos. A pesar de que a esta lengua nuestra se la estudia en la especialidad con el fin de preservarla y alcanzar su buen uso, ya no hay por qué aprenderla como segunda lengua, porque ya no es más lengua dos, sino lengua uno para la gran mayoría de cajamarquinos y peruanos, porque la venimos aprendiendo, de generación en generación, desde los pechos de nuestra madre. Eso es lo que hay que entender ahora y siempre.

 

El Pequeño Académico Diccionario Español Etimológico de Félix Diez Mateo en la entrada extranjero, a  explica: que es, o viene de otro país. L. extraneus, extraño. Y el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, dice en su entrada  extraño, h. 1140. Del lat. EXTRANĔUS ‘exterior’, ‘ajeno’, ‘extranjero’, deriva de EXTRA ‘fuera’. Deriv. Extrañeza, 1570. Extrañar, 1091; extrañamiento, 1732. Extranjero, 1396, del fr. ant. Estrangier íd., deriv de estrange ‘extraño’, del mismo origen; extranjería, 1611; de extrajis. Y continúa. Todo lo que un diccionario etimológico nos puede explicar es histórico y lo etimológico no es jamás un pilar fuerte de la ortografía, ortoepía, ortología, ortofonía, y de todo lo aparentemente correcto. Hoy se habla con mayor eficiencia y eficacia de valor de uso, de lo adecuado. El valor de uso también ha echado por tierra a la etimología de buena parte del léxico español y, por ende, ha hecho variar vertiginosamente la ortografía española. No nos debe llamar la atención en lo mínimo la manera moderna de escribir vocablos como: abogado (ad vocare), propio (proprio), Plutarco (Plutarcho), médula (medula), cónclave (coclave), parásito (parasito), orgía (orgia), armonía (harmonía), alelí (alhelí), etc. Para los que vivieron en los tiempos más remotos de la llegada del español al Perú sí se habló, indudablemente, de una lengua extranjera respecto de la lengua originaria que se hablaba en nuestro territorio. Aquella lengua venida de la Península Ibérica, indubitablemente, sonaba extraña. Por su parte, allá en la patria de Pizarro, los españoles llamaron –con justa razón– lenguas bárbaras a las extranjeras. De allí precisamente devino el término barbarismo, pues, el idioma sonaba bárbaro a los oídos de los hablantes castellanos. No podían entenderlo. Así, de la misma manera, sonó para los americanos el español recién llegado a América. Cuando digo “sonó” estoy hablando de un tiempo perfecto simple, que expresa una acción totalmente concluida. Quiero decir que ahora ya no suena así.    

 

Ceñidos estrictamente al significado primigenio de aquel vocablo, tenemos que admitir que barbarismo es toda palabra extranjera. Por ejemplo: okey, yes, bye, please, sorry, miss, brother y man, por decir: ¡qué bien!, sí, adiós, por favor, disculpe, señorita, hermano y hombre, a sabiendas que en nuestro idioma tenemos sus equivalentes. Consecuentemente, las expresiones inglesas suenan bárbaras o extranjeras a los oídos de un hispanohablante de la lengua estándar. Muchas personas no saben ni siquiera sus significados en español, pero las pronuncian. En estas circunstancias se torna necesario el aprendizaje de una lengua extranjera como el inglés, aunque no se use como medio de comunicación en nuestra patria.

 

Lo mismo ocurrió con otras manifestaciones culturales originarias que, lamentablemente, fueron sustituidas por las “extranjeras” de aquellos siglos. Las formas de vivir en las ciudades, abandonando el campo; las formas de vestir al estilo español y preferentemente andaluz se hicieron nuestras; las formas de alimentarnos con productos traídos del extranjero y aclimatados en nuestra tierra; las formas de cantar y bailar, a la usanza española, abandonando nuestras manifestaciones artísticas musicales antiguas; la forma de educarnos a través de cartillas, libros y mosaicos auténticamente europeos, totalmente extranjeros y, lo más patético, ajenos a nuestra realidad. Todas estas manifestaciones espirituales y materiales, acabadas de llegar, merecieron ser calificadas como extranjeras; chocaron terriblemente con la forma de ser y actuar de las poblaciones nativas e indígenas; pero ahora ya no. Ahora ya son nuestras. Las conocemos desde niños, las entendemos, las apreciamos, las preservamos y las ponemos en ejercicio sin ningún prejuicio. Han pasado a formar parte de nuestro inventario patrimonial. Ya no las podemos trocar tan fácilmente, porque las sentimos como nuestras. Aunque muchas veces aún evoquemos con profunda nostalgia nuestro pasado tawantinsuyano. Por ello han surgido instituciones que se dedican a rescatar, preservar y difundir nuestro idioma y nuestra cultura originarios, precisamente, porque encierran una sabiduría y riqueza espiritual y material invalorables. De esta tarea también está buscando ocuparse afanosamente nuestra propia Universidad Nacional. Por eso ha creado el Departamento Académico de Idiomas Extranjeros y Nativos –DAIEN–.

 

Por todo ello, podemos afirmar que la cultura, entendida como un conjunto de manifestaciones espirituales y materiales pertenecientes a toda la humanidad, se encuentra en un proceso de irrefrenables transformaciones. Lo mismo ha ocurrido secularmente con el idioma español; pero la escuela y la propia sociedad hispanizante han logrado que se imponga el idioma español por sobre cualquier otra lengua originaria como lengua materna, oficial y ampliamente mayoritaria en casi toda la población peruana, incluso en la gran mayoría de quechuahablantes bilingües coordinados, subordinados e incipientes, excepto en los hablantes de la gran mayoría de lenguas originarias de la Amazonía, en donde existen altos porcentajes de monolingües en lenguas nativas.

 

Finalmente, respecto de la intención que actualmente tienen los profesores del Departamento de Lenguaje y Literatura, adscrito a la Facultad de Educación de la UNC, de pretender considerar al español como “lengua extranjera”, tenemos que decir que no pasan de ser simples argucias, totalmente carentes de sustento científico; solo deja entrever un acto de mala fe de parte de sus “propulsores”. A las autoridades universitarias –la señora Decana de la Facultad de Educación y el propio señor Rector de la UNC– solo les queda, en caso de que no pudieran resolver el problema por el método de sentido común, el imperativo de consultar a expertos de la talla del Dr. Marco Martos, Presidente de la Real Academia Española en el Perú; al Dr. Rodolfo Cerrón-Palomino, miembro de la RAE en el Perú, al Dr. Luis Enrique López, connotado lingüista investigador residente en Guatemala; al Dr. Gustavo Solís Fonseca, catedrático de Lingüística de la UNMSM; al Dr. Rodrígo Montoya, destacado antropólogo y estudioso de las lenguas originarias del Perú; al Dr. Félix Quesada Castillo, a la Dra. Virginia Zavala, al Lic. Rogelio Chávez Guarniz, y otros. Se debe tomar una decisión imparcial y objetiva después de haber recogido las opiniones académicas de los indicados profesionales expertos. La comunidad universitaria debe prepararse para recibir una cruel lección en lo tocante a estos temas de semiótica lingüística. Reflexionemos seriamente y asumamos que los únicos perjudicados en este “conflicto” son los estudiantes y los padres de familia. Hagámoslo por ellos. La Universidad, lejos de dedicarse a fabricar “conflictos” tan pueriles donde no lo hay, debe dirigir su energía hacia el desarrollo del conocimiento, la investigación científica y la proyección efectiva a la comunidad, que hace mucha falta y que no se ve hasta la fecha. Es conmovedor continuar con una Primera Casa Superior de Estudios sin identidad, totalmente de espaldas al pueblo, a la realidad, con profesores que continúan impartiendo cansinas lecciones mecánicas o de memoria, exactamente a la manera medieval. Nuestra Alma Máter cajamarquina, hoy más que nunca, debe estar muy preocupada por buscar la solución a ese cúmulo de problemas acuciantes que cada día se acrecientan en la región y el Perú. Vale.

Cajamarca, 5 de noviembre de 2012

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