Se  viene el tiempo nuevo…

Por Socorro Isabel Barrantes Zurita*

 Cajamarca, 31 de diciembre del 2009

           Camina el tiempo con su abrigo de luces o de sombras.  Es un tipo apurado, bien o mal vestido,  según donde se halle.  Apedrea las horas o las esculpe suavemente.   Ráfaga en las grandes ciudades;  viento fresco,  en  la zonas medias;  helado, en las altas;  calcinante, en la selva, en la zona ecuatorial, en el Africa o la India.   Trae ilusiones, devaneos, amores, desamores,  buenas y malas noticias; vida y muerte.   El tiempo me ha robado la tersura de la piel.  Ha rayado mi rostro.  Se llevó de un tajo a cinco de mis amores y me dejó huecos en el alma.  El tiempo vuela en su jinete de agosto, viento fiero, segundo perfecto.  El tiempo  está llevándose mi risa, mis sueños. Lo encontré parado con la gorra cubriéndose los ojos,  metiéndose en los bolsillos los segundos apurados y marcando la hora en un tic tac sin fin.  Es cínico, pero buen mozo, se acicala de esperanzas y, sin embargo, es desaliñado por naturaleza, pues  parte en veloz carrera, no tiene tiempo de arreglarse los minutos, menos los cuarto de horas.  A veces, me parece, que es un saco sin fondo donde se vierten   minutos y segundos sin parar.

         El tiempo me hurga el día y la noche.  Me levanta entre sueños, me roe las entrañas, me seduce,  me fascina, me hace pecar y luego redime mis besos adúlteros, mis caricias ajenas.  Se ríe a carcajadas de mis caídas en la sociedad de las voces  y los gritos, en la sociedad insólita del individualismo y la miseria.

         El tiempo embate la existencia,  en tempestad, en rayo, la hace añicos,  deshecha, mierda y se la traga en un solo bocado sacando chispas, luces taciturnas, endiabladas,  que arrasan la calma, la temperatura media, para hacerla fogonazo, metralla en medio del pecho encendido en la defensa de la Patria.  Los niños hecho  trizas, desperdigas sus ansias  y sus cuerpecitos por una patria libre.  El hijo en brazos de una madre semi -muerta y hambrienta.

         El tiempo asoma su hocico embarrado en la riqueza de unos cuantos.  No es el mismo de los campesinos libres de envidias y egoísmos. Es el tiempo del bolsilleo y el robo al juramento por Dios y por la Patria.    El tiempo tiene una banda de ministro de estado que dura  cinco años, y el turno sigue.  Los minutos y  segundos  se van a mejor vida.  El tiempo se paraliza, se asombra, pero sigue sin parar con ese reloj de arena que se vierte en un desierto desesperanzado ,  llorando  su minuto y segundo extraviado.

         Para  entonces  vuelve en año nuevo, rindiéndose   ante el fuego y el striptease del incendio.  Exterminar el pasado a fuego rápido, quemar el almanaque, las sombras vaporosas que impiden ver la luz.  Quemar el ansia en pecho abierto, como jardín de flores,  recién parido de semillas y lluvia persistente.

         Comienza el tiempo nuevo a partir de los  harapos quemados del  año viejo.   Aparece  su  nueva piel,  lustrosa  de amor,  en el abanico de sus manos recién inventadas de paz y de misterio.

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*Profesora y poetisa peruana, nació en Cajamarca, todos sus estudios los realiza en su tierra natal en la Institución Educativa "Santa Teresita", trabajó como Profesora rural en Huacapampa comprensión de la provincia de Celendín y en Ventanillas de Otuzco de la jurisdicción de Cajamarca, es miembro activo de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca (APECAJ) y laboró por muchos años conduciendo los destinos de la Asociación Mujer Familia donde luchó indesmayablemente por la defensa de los derechos de las mujeres.

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