CANTARES DE MUJER

 

Presentación    Cantares de Mujer

 

Los niños…esos locos bajitos

 

A menudo los hijos se nos parecen
Así nos dan la primera satisfacción
Esos que se menean con nuestros gestos
Echando mano a cuanto hay a su alrededor

Esos locos bajitos que se incorporan
Con los ojos abiertos de par en par
Sin respeto al horario ni a las costumbres
Y a los que por su bien, hay que domesticar

Niño
Deja ya de joder con la pelota
Niño, que eso no se dice
Que eso no se hace
Que eso no se toca

(Frag. Juan Manuel Serrat)

 

                Colgados en el capulí alcanzan la tierra, el mar, el cielo.  Las manos cargadas de alegrías, que van perdiendo con los años y las cicatrices de las “caídas hondas” jugando a la pelota de trapo que les hiciéramos de niños, cuando la Tablet  estaba lejos de los árboles y las mieses de los días sedientos de la casa.  Bajo el batán dormían las serpientes, aquellas que salían ululantes para castigar alguna desobediencia  -decía la mamá-  Dormían con los duendes  que habitaban  la higuera que jamás florecíó, pero que sigue viva aunque vieja y achacosa. Ya no le crecen ramas, ni higos, ni brotecitos blancos, pero allí está la bisabuela higuera, recordando los juegos de los niños trepados en sus brazos.  Los niños ahora colgados de la Tablet, los star words, los perros cibernéticos, los cantos de la niñera internet, siguen soñando con ideales mundos, la luna la  acercan  al toque  con un clik y al sol con otro, lo visten de colores.  Con nuevo clik crean esas fantasías  que se renuevan cada año.

 

            En el muro de las lamentaciones, siguen añorando ternuras por venir.  Canciones cantadas al oído por el hada mamá, aunque ahora se llame Shina u otro nombre super -espacial.  Siguen anidando en los brazos del cariño de papá y de mamá; trepando en los ramajes donde se anida el tiempo invertido en ellos, buscando la felicidad, que gotea de a poquitos y se va.  Los niños siguen cerrando los ojos ante la adversidad, como la que vivimos hoy, que los lastima y encierra en lo efímero de la vida.  Hay cuenta cuentos por la televisión, el celular, la compu, pero creo, los niños y niñas siguen añorando el cuento  que cuenta la abuela, sentada en el silencio o el recuerdo, aquellos cuentos de terribles brujas y dragones inmensos.  Pero, ningún cuento sabe más a cuento como el que contaba la mamá,  quedándose dormidos de miedo o de alegría incomparables.

 

 

            Esos locos bajitos, se nos parecen y tanto ellos como nosotros somos inmensamente felices  entre los brazos de esta  vida loca.

 

 

Cajamarca, 20 de agosto de 2020.

 

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